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    Berlinale 2015 | Día 8. Críticas: Vergine giurata, 13 minutos & Are you here

    Alba Rohrwacher

    Redoble de tambores.

    Crónica de la octava jornada de la 65ª edición de la Berlinale.

    El festival va llegando a su término. Algunos resoplan de alivio y otros esperan con ánimo algo de brillantez. Coletazos de genio y restos de buen cine; pero, sobre todo, momentos que se queden grabados en la memoria, no importa que sean pocos pero sí intensos. Bien por la negra y cínica solemnidad de Pablo Larraín en El Club o la sutil elegancia de Haigh ya ha valido la pena el programa, aunque se ha echado en falta más riesgo y calidad. Pocas cintas auténticamente memorables y un nivel decadente, que este año ha destacado por la preferencia hacia culturas ajenas y miradas emocionalmente muy contenidas. La Competición ha pecado de ser algo dispersa en su afán por de recopilar los máximos representantes posibles; y eso ha dado lugar a un nivel muy inestable, con Panorama como vía de escape y Forum siempre fiel a sus experimentos. Tanto cine (bueno o menos bueno) y tan poco tiempo. Al final sólo queda resignarse y recordar los buenos momentos, los vividos en la cálida oscuridad del Palast. Mientras, más trasiego, nuevos encontronazos y nuevas muescas para la memoria. En ella, precisamente, van pasando las diapositivas de esta 65ª entrega que hacen más agradable la impaciencia de conocer el resultado de un certamen, cuando menos, muy particular.

    «I didn't want Albania to be portrayed simply negatively or Italy positively in this film... Lila and Hana sing of their love for their homeland at the end of the film... I fell in love with this country». Laura Bispuri en la rueda de prensa de la Berlinale.

    Vergine giurata

    VERGINE GIURATA

    Laura Bispuri, Italia, 2015 | COMPETICIÓN

    El 2014 ha sido sin duda el año de Alba Rohrwacher. Primero su hermana Alice la dirigió en una de las ganadoras de la edición de Cannes del año pasado, El país de las maravillas (Le meraviglie), y, posteriormente, Venecia la recibió con los brazos abiertos regalándole la Copa Volpi a la Mejor Actriz por su rol en la excelente Hungry Hearts. Galardón al que no sería raro que se le uniera el fallado en esta Berlinale, pues su trabajo en Vergine Giurata es tan hipnótico como asombroso; toda una exhibición de eclecticismo heredera de la Hilary Swank de Boys Don’t Cry. Una joven que vive en una estricta comunidad en la que aquellas mujeres que no se casan, deben mantenerse vírgenes y convertirse en hombres. Vestir como ellos, cortarse el cabello, ocultar los pechos y adoptar un nombre masculino, sepultando su identidad bajo capas andróginas que acaban alienando sus personalidades.

    Laura Bispuri debuta en Berlín con un largometraje bastante sólido que más que investigar en la psicología de su personaje lo que hace es utilizarlo como representación de una comunidad y unas tradiciones atemporales (un poco a la manera de Ixcanul, también presentada en la Competición) que, a su vez, sirven de reflejo de cómo la sociedad cambia y condiciona a sus integrantes a su imagen y semejanza sólo para ocultar aquello que no desea verse, aunque conlleve sacrificar la felicidad de otros. Vergine giurata es un filme reposado, de narración monocorde y cuya cámara nunca pierde de vista a Rohrwacher, alternando el progresivo descubrimiento de sí misma con algunos pasajes de su adolescencia que marcaron sus decisiones en el futuro. Una estructura no demasiado novedosa pero sí muy bien llevada. Que sabe cuándo llegar a su clímax, aunque este sea de una sutilidad y quietud desbordantes. Un comienzo para Laura Bispuri más que interesante y que promete al espectador una mirada valiente y elegante. Y otro paso adelante para Alba Rohrwacher en su camino a convertirse en una de las actrices de referencia del nuevo cine italiano. 70|100.

    13 minutos

    13 MINUTOS

    Elser: Er hätte die Welt verändert / Oliver Hirschbiegel, Alemania, 2015 | FUERA DE COMPETICIÓN

    Oliver Hirschbiegel no lleva una buena racha con sus últimos trabajos desde que la industria americana lo adoptara como posible director potencial en Invasión (2007), fallido proyecto que acabó dirigido a cuatro manos, todavía debatibles, entre el alemán y el discípulo de los Wachowski, James McTeigue, con resultados bastante mediocres. Cinco minutos de gloria (2009) intentó salvar los muebles, pero Diana (2013) acabó por hundirlo. Sus últimos 10 años de carrera han sido tan erráticos que uno entiende su correcto regreso a terreno conocido y seguro, el de la Segunda Guerra Mundial, para abordar la figura del hombre que intentó asesinar a Hitler con una bomba de relojería construida por él mismo. Con esta 13 minutes la redención está asegurada y parece que, por fin, Hirschbiegel vuelve a sentirse a gusto con lo que cuenta, aunque también temeroso, apostando por un libreto no demasiado arriesgado ni provocador, lejos de la genialidad que encerró El hundimiento (2004), para contar un relato de espías de estructura bastante clásica que alternan el pasado de Elser en su pueblo natal y su principal interés amoroso, con el duro interrogatorio que le llevaron a cabo. Todo con un ritmo muy ágil, sin resentirse en ningún momento y manteniendo el interés a cada minuto; aunque al final sea a costa de una ‘soap opera’ de tintes trágicos no demasiado insólita en su planteamiento. Aun con todo, es una obra a tener en cuenta que puede funcionar bien en taquilla. Una convencionalidad que el público medio agradecerá y que puede ser la espolta que reavive una filmografía de un cineasta con mucho potencial pero que todavía necesita calibrar el foco. 58|100.

    Are you here

    ARE YOU HERE

    Matthew Weiner, Estados Unidos, 2015 | BERLINALE SPECIAL

    Pocos creíamos que Matthew Weiner, el creador de uno de los grandes personajes de la última televisión americana, el Don Draper de Mad Men, fuese capaz de dirigir un filme tan poco ingenioso, aburrido y tan plagado de clichés como Are you here. Con la pretendida intención de ser divertido o de crear roles que aprovechen la comicidad de sus actores, utiliza los mismos recursos y temáticas de siempre en el género: personaje que disfruta del éxito en televisión y sitúa su ego por encima de los demás; el bala perdida que retomará su camino regresando a la casa paterna; y la secundaria, en este caso Amy Poehler, que es la voz de la conciencia y el cinismo, intentando como le es posible, sacar provecho de unas frases tan poco adecuadas para la comedia. El desarrollo es el clásico de toda sátira de Hollywood, eso sí con más caspa imposible: la superación personal, y para colmo mal contada. Owen Wilson resulta cargante con un personaje tan definido como un muro de hormigón; Zach Galifianakis hace otro ‘más de lo mismo’, un nuevo resacón que ofrece pocas oportunidades de sobresalir por encima de esta mediocre media. Ambos son las cabezas visibles de una serie de relaciones mal enlazadas y peormente definidas, donde cada giro es un despropósito. Todo sucede de manera demasiado fácil y ni hay evolución ni gracia, ni siquiera algún gag memorable que salve los platos rotos. Todo se hunde a la velocidad de una sonrisa forzada, frustrada por la lástima de ver a comediantes tan desaprovechados. Poco más se puede añadir más que desearle a Matthew Weiner algo más de su tino en su próxima producción. Pese al enorme traspiés, tiene todo el crédito. Es el mismo que ha revolucionado la televisión con un show que ha marcado tendencias. En caso de duda, la pequeña pantalla siempre le acogerá con los brazos abiertos. Zapatero a sus zapatos. 10|100.


    Gonzalo Hernández Espinosa
    Enviado especial al 65ª edición del Festival de Berlín


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