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    SEFF 2014 (III) | Críticas: Saint Laurent, The Kindergarten Teacher, Something Must Break & Art

    Saint Laurent

    De niños prodigio y cine LGTB

    Crónica de la tercera jornada en el XI Festival de Cine Europeo de Sevilla.

    La tercera jornada del festival comenzó con una curiosa visión de la sociedad israelí en The kingergarten teacher, nueva película de Nadav Lapid. Curiosa porque huye de cualquier referencia a conflictos armados (si acaso se apuntan las diferencias entre sefardíes y asquenazís) y se centra en conflictos entre realidad e ilusión, creatividad y el ser práctico en el mundo actual. El niño prodigio que protagoniza el filme escribe poesías complejas con 5 años, un hecho sacado de la vida del director –escritor de cientos de poemas entre los 4 y 6 años– que no solo da la fuente de susodichos poemas sino que se cuestiona los límites de la implicación ajena en la educación. Según ha contado Lapid en la rueda la prensa, su protagonista es “una yihadista con la realidad”, y la intención era fomentar un debate, no tanto dar respuestas, de ahí el ambiguo final.

    Con veinte minutos de retraso, algo normal por la magnitud del evento, empezó la esperada proyección de Saint Laurent, biopic del esteta Bertrand Bonello sobre la década de explosión social del diseñador, donde se cimentó el imperio y el joven tuvo intensos amores y escarceos con drogas y alcohol. Con una duración de 150 minutos y algunas partes de hipnótica belleza, amén de unos intérpretes hermosísimos, la película viola las convenciones de su subgénero en el último tercio, concatenación de lo contado hasta el momento que confunde y fascina a partes iguales. Saint Laurent es la primera de varias cintas con personajes LGTB de las que ofrecerá la jornada. Le secundó la sensible Lilting con acompañamiento del cortometraje rumano Art, abajo reseñado. Pueden leer aquí la opinión de Emilio Luna sobre Lilting en su paso por el Festival de Karlovy Vary.

    La tercera propuesta del día siguiendo esta temática fue la sueca Something must break, presente en la sección Las Nuevas Olas y donde Ester Martin Bergsmark cuenta la instantánea atracción entre un chico andrógino y un joven de extraña naturaleza. La cinta lo apuesta todo al interés que despierte esta historia, animada con sexo casi explícito y un acabado formal supeditado al ánimo de el/la protagonista, en pleno proceso de plantearse su existencia. La vitalidad de una relación feliz, el ánimo del buen sexo y las formas más actuales de afecto son expuestas con crudeza por el director, que ha venido a Sevilla a presentar su película, aunque su limitado inglés le haya impedido responder en profundidad las cuestiones del público.

    The Kindergarten Teacher

    The Kindergarten Teacher

    Haganenet.
    Dirigida por Nadav Lapid.
    Reparto: Sarit Larry, Avi Shnaidman, Lior Raz, Gilad ben David, Ester Rada, Guy Oren.
    Israel, Francia, 2014.
    Sección Oficial.

    En su segundo largometraje tras la política The policeman (2011), Nadav Lapid hace un proceso de introspección e indaga sobre su vida y la realidad de Tel Aviv. The kindergarten teacher aborda muchos temas sin que parezca que lo hace, todo un punto a su favor. La quijotesca y en última instancia demencial empresa de su protagonista por asegurar la supervivencia de la creatividad hace que nos planteemos todo tipo de preguntas, sobre el sistema educativo, la normalidad en la sociedad y las expectativas realistas del mundo actual. Cuando Nira descubre que el pequeño Yoav tiene arranques de inspiración de los que salen hermosos poemas, la mujer hará personal su misión de alentar al niño, pero pensando más en los resultados que en el crío en sí.

    En nuestro mundo, la supervivencia de la poesía es complicada, lo cual añade más valor a la propuesta de Lapid, que durante todo el metraje juega con la ambigüedad de las intenciones de Nira –ayudado aquí por el aura de misterio que le imprime Sarit Larry– y lo mucho o poco que Yoav es consciente de su talento y lo que esto supone. Es una cinta que pilla desprevenido, que parece ir por un camino para después no hacerlo, que despierta dudas sobre lo correcto o incorrecto de muchas de las conductas de los personajes y que juega con el espectador, a veces hasta directamente (esas miradas a cámara). Se ríe de la pedantería que rodea las expresiones culturales pero reivindica su importancia, construyendo un cóctel resuelto por la toma de acción de su infantil protagonista. 80/100.

    Saint-Laurent, de Bertrand Bonello

    Saint Laurent

    Dirigida por Bertrand Bonello.
    Reparto: Gaspard Ulliel, Jérémie Renier, Léa Seydoux, Louis Garrel, Aymeline Valade, Helmut Berger.
    Francia, 2014.
    Sección Oficial.

    Sin duda, una de las películas más esperadas del Festival, Saint Laurent llega envuelta en la polémica porque Pierre Bergé, viudo del diseñador, aprobó su metraje. No existe la mala publicidad, pensarán los productores, y eso explica el llenazo del pase de prensa de un biopic a la vez convencional y no convencional. Bertrand Bonello y su co-guionista Thomas Bidegain concretan el repaso a la vida del modisto en una década, aunque la última parte del largometraje, un apoteósico desfile clave en su trayectoria profesional, combina tiempos, sueños, pantallas partidas y una música perfecta. Es convencional porque el retrato de las adicciones y su factura a nivel personal ya lo hemos visto en múltiples ocasiones, pero el director pone distancia y lo observa todo con un interés antropológico. Como curioso ante las acciones de su etéreo personaje central.

    Un repaso cinematográfico a la vida de tamaña personalidad del mundo de la moda debe ser como Saint Laurent: estilosa, festiva, nunca relamida pero sin asomo de contención. A la irreprochable encarnación de Gaspard Ulliel y Helmut Berger se une un reparto francés de grandes nombres que componen el mosaico de esos tumultuosos años en su vida. Con bienvenida voluntad de estilo, ningún pudor, juegos formales y pasajes deliberadamente confusos, Bonello arma una preciosa película que no desentraña el misterio de la inspiración de un artista. Ni falta que hace. Basta con que transmita al espectador lo suficiente para comprender la creación de YSL, una personalidad pública que superó al artista, con esa sonrisa que nos envía a los créditos como elocuente prueba de que esa es la intención. 85/100.

    Art

    Art

    Dirigida por Adrian Sitaru.
    Reparto: Emanuel Pârvu, Andrei Rus, Ioana Abur, Iulia Crișan.
    Rumania, 2014.
    Las Nuevas Olas.

    En su conciso metraje, este cortometraje rumano plantea una pregunta importante cuya respuesta no llega, porque se deja al criterio del espectador. ¿La historia? Una madre lleva a su hija a una prueba de cine, para después tener dudas al saber que la chica hará el papel de una prostituta. La intención del director de la película es denunciar los abusos de menores, y aunque asegura a la atribulada madre que su hija no se verá expuesta ante la cámara, las dudas sobre el qué dirán la asaltan. Adrian Sitaru se pregunta con punzante humor sobre los límites entre pornografía y arte, entre abusos socialmente mejor o peor vistos y sobre la importancia de un cine de denuncia que financia el Estado. Lo inesperado de Art es su socarrón e inenarrable final, enigmático para querer dejar huella y rebajar el tono serio de casi 20 minutos de charla realista. 65/100.

    Something must break

    Something must break

    Nånting måste gå sönder.
    Dirigida por Ester Martin Bergsmark.
    Reparto: Saga Becker, Iggy Malmborg, Shima Niavarani, Mattias Âhlén.
    Suecia, 2014.
    Las Nuevas Olas.

    Something must break, adaptación del libro sueco Du är rötterna som sover vid mina fötter och håller jorden på plats (“Eres las raíces que duermen bajo mis pies y mantienen en órbita la Tierra”), supone el debut en el terreno de la ficción de Ester Martin Bergsmark tras dos películas documentales. Bergsmark y el autor del libro Eli Levén escriben el guión, que centra su mirada en Sebastian/Ellie, protagonista andrógino que va a vivir una intensa historia de amor con el atribulado Andreas, tras el rescate de éste de una agresión homófoba. La película se inscribe en la vertiente del cine que documenta la intensidad de la juventud, donde se ama, se folla y se siente todo a flor de piel. Lo más refrescante de todo el asunto es el clima de normalización de conductas sexuales y amorosas no convencionales para muchos, expuestas sin moralinas ni etiquetas. Eso sí, la parte más introspectiva del protagonista se resuelve con una pedante voz en off que no tiene nada de novedosa, y que subraya innecesariamente una oscuridad inherente en Sebastian/Ellie que sus actitudes ya apuntan.

    Lo que le importa a Bergsmark es el proceso de transformación anímica de su fascinante protagonista –interpretado/a con arrojo por el debutante Saga Becker, plenamente identificado/a con su personaje–, una presencia arrolladora que solo quiere una gran historia de amor que le saque de la mediocridad del mundo. A través de su fijación con lo mundano (lo sucio y orgánico es de suma importancia en la cinta), su enigmática personalidad se va desenrollando hasta alcanzar un cambio radical de humor. Una selección musical acertada, donde hasta las letras de las canciones dialogan con la acción, apuntala un envoltorio técnico que es mejor cuando se atiene más al realismo, y no en sus excursiones estéticas (esos ralentís de pura provocación). Si uno no está harto de historias adolescentes o de confusiones con la sexualidad, podrá disfrutar plenamente de Something must break, nueva muesca en el imaginario de cine LGTB que demuestra la buena forma de la temática. 70/100.

    Adrián González Viña
    redacción Sevilla


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