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  • In sanguis veritas.
    The neon demon, de Nicolas Winding Refn.

    ¿Cuántos poetas se necesitan para elogiar a una ciudad?
    Paterson, de Jim Jarmusch.

    El castigo de Hedoné.
    La doncella, de Park Chan-wook.

    Especial Oscar Race 2017.

    Epicedio appassionato.
    Solo el fin del mundo, de Xavier Dolan.

    San Sebastián 2014 | Primera jornada. Críticas: 'La isla mínima', ‘The Equalizer (El protector)’, ‘No todo es vigilia’ y ‘Mommy’

    Denzel Washington, Premio Donostia

    Alberto Rodríguez va a por la Concha

    Crónica de la primera jornada de la 62ª edición del Festival de San Sebastián 2014

    700 kilómetros, 12 horas de autobús y un café. Las tres primeras claves del primer capítulo de la 62ª edición de Donostia Zinemaldia. Aquí nos esperaba un ambiente inmejorable, con calles anegadas de visitantes —la mayoría extranjeros— que buscan copar las playas donostiarras y los lugares de copas cercanos a los aledaños del Kursaal. El alboroto es tal que cuesta concentrarse a la hora de redactar estas líneas. Algarabía que, más que molestia, funciona como un poderoso imán que invita a cerrar la tapa del portátil y saltar a la primera de las muchas terrazas que anidan en San Juan Kalea. Una manzana más al noreste, vigila un luminoso Kursaal. El deber nos llama.

    Cumpliendo a rajatabla el manual del perfecto acreditado, ha llegado el momento más deseado. El olor a butaca, la mirada al primer fundido a negro. El comienzo, ligero, ligerísimo. Película de videoclub de las de antaño con un Washington con su enésima caracterización de héroe con pantuflas. Y no uno cualquiera. Es probable que Bruce Wayne se sintiera acomplejado ante tal despliegue de aptitudes. Más vergüenza aún habrá sentido su alumbrante tras ver el montaje final. Una oda al despropósito que, sin duda, le pasará factura en el futuro. Por suerte, llegó una desconocida producción hispano-colombiana que le dio un giro a las primeras notas. No todo es vigilia es un original álbum sobre la vejez articulado bajo una dirección muy llamativa. La tarde, por suerte, dejó dos grandes películas. La primera, Mommy, aparecía con todas las cartas sobre la mesa. Y no decepciona. Dolan es ya un grande. La segunda, La isla mínima, era una de las grandes premieres del certamen, y ha correspondido de forma sensacional a un público entregado a un director de una clarividencia fuera de toda duda. Un gran comienzo en San Sebastián. Veremos que nos ofrecen mañana Bille August, François Ozon y Gabe Ibáñez. Ahora, es momento de reflexionar sobre estas siete horas de buen cine.

    El protector

    The Equalizer (El protector)

    Dirigida por Antoine Fuqua.
    Reparto: Denzel Washington, Chloë Grace Moretz, Melissa Leo, Haley Bennett, Marton Csokas.
    Estados Unidos, 2014
    APERTURA | FUERA DE COMPETICIÓN

    A new star is born. «Who are you?» Preguntan de forma desesperada dos de los villanos de la función al eficaz protagonista de The Equalizer. Esa misma cuestión se harán todos los seguidores de Antoine Fuqua, otrora promesa del cine de acción estadounidense convertido en un artesano que, a base de encargos rebotados, está construyendo una filmografía de enjundia bastante dudosa. Lejos queda su colaboración con un pujante David Ayer en Días de entrenamiento (Training Day, 2001). Fuqua pone al servicio su talento visual en productos hipertrofiados pero carentes de una estructura narrativa relevante. Es el caso, alcanzando cotas insospechadas, de El protector (subtítulo español), remake de la serie televisiva de los ochenta El justiciero concebido, en un principio, para ser capitaneado por un Nicolas Winding Refn retirado en los albores de la preproducción. Hubiera sido un terreno cómodo para el cineasta danés, al menos en esencia, pero en manos de Fuqua todo queda en un desdibujado producto de serie B donde nada funciona y el regusto es de fritura de mal gusto. No se le puede negar el entretenimiento, como tampoco escudriñar su coherencia. El filme es todo un circo de tres pistas, donde la ultraviolencia y el humor infantil combinan de forma bastante canónica. Un intenso Denzel Washington repite su enésimo rol de héroe de pasado dudoso y presente ejemplar en busca de salvaguardar a una joven rusa (Chlöe Grace Moretz), maniatada por las mafias rusas de la Costa Este. Es la vertiente americana de los Vor v zakone –a los que Steven Knight tan bien describió en Promesas del este (Eastern Promises, 2007)—, encabezada por el Némesis de Robert McCall (Washington) y que interpreta un Marton Csokas pasado de rosca. Tras las presentaciones –donde encontramos a una perdida Chlöe Moretz—, comienza el espectáculo. Un todo vale donde la toma siguiente sobrepasa en efectismo a la anterior. Violencia por violencia, situaciones clichés y humor involuntario aderezado por la habitual carga moral de estas creaciones. El clímax, que ocupa gran parte del metraje, resulta la demostración palpable que poco queda del estilo con el que deslumbró Fuqua en sus comienzos. The Equalizer transpira hedor coaxial; del más rancio. Eso sí, alguna Midnight Madness o noche de copas puede rellenar con soltura. Puede que ésa sea la única pretensión. 35|100. | ★★★ |

    No todo es vigilia

    No todo es vigilia

    Dirigida por Hermes Paralluelo.
    Reparto: Felisa Lou, Antonio Paralluelo.
    España, Colombia, 2014
    NUEV@S DIRECTOR@S

    Las dos últimas gotas de la tinaja. Una agradable sorpresa abría la siempre interesante sección de Nuevos Directores. Hermes Paralluelo, director barcelonés que impresionó con su ópera prima rodada en Argentina, Yatasto (2011), vuelve con un filme sensible y dotado de un vigor técnico muy por encima de la media de cintas de claro perfil independiente. No todo es vigilia nos acerca a sus abuelos, Felisa Lou y Antonio Paralluelo, una entrañable pareja de ancianos aragoneses lastrados por los achaques y una vida que ya no espera. Todo expuesto con una dulzura y espontaneidad que provoca una extrapolación inmediata en el espectador. La película retrata en modo de falso documental su convivencia, esa vuelta a la ingenuidad tan propia del principio del camino vital. Dos niños octogenarios que miran atrás sin miedo al presente. Su vida es una carta sellada, estar juntos es ese aditivo, la guinda de un sendero de experiencias. «Nos casamos para dormir juntos», le replica Felisa a un ingresado Antonio. Soñar también es cosa de dos.

    Pese al tono y la modestia, No todo es vigilia deja detalles para el apunte sobre las prestaciones de su realizador. Sobre todo, en su segunda parte, donde Paralluelo demuestra un manejo de cámara y uso de la luz —los tránsitos nocturnos entre estancias— digno de mención. Una secuencia con el paisaje asolado por la nieve zaragozana, que pudiera haber filmado el mismo Béla Tarr, abre este segmento. Después —más comparaciones—, el enfoque íntimo que el cineasta catalán aplica a los lentos pasos de los protagonistas recuerda levemente a esos primeros y medios planos del último Ingmar Bergman. Estas divagaciones son palabras mayores, pero que otorgan algunas de las pautas de un largometraje que, en su conjunto, deja una sensación positiva y al que se le perdona el estiramiento extremo de la trama en sus dos únicos escenarios. La penúltima escena, con una conversación que tiene como leitmotiv una instantánea de su día de bodas, transmite la pureza de un artista sin corromper. Una rara avis en un escenario de estas dimensiones. 65|100. | |

    Mommy

    Mommy

    Dirigida por Xavier Dolan.
    Reparto: Anne Dorval, Antoine-Olivier Pilon, Suzanne Clément, Alexandre Goyette.
    Canadá, 2014
    PERLAS

    Una lección de madurez. Xavier Dolan llegaba al apartado de Perlas con la obra que ha consolidado su estatus de auteur de referencia. Tras varias intentonas de trascender en Cannes, el director canadiense dio el salto en la última edición –Premio del Jurado bajo el brazo— con Mommy, un caleidoscopio emocional sobre la relación de una madre independiente con un hijo problemático diagnosticado con numerosos déficits mentales y temperamentales. A la pareja, además, se une una tercera variable: una vecina, de vida gris, con severas (y momentáneas, aparentemente) alteraciones en el habla. Lo que parece una vuelta de tuerca al manual semántico de Dolan, se convierte en una fábula sobre el apego y la familia que exhala un sinfín de sensaciones. La primera, la más llamativa, es su apartado visual. Comenzando con un ratio de pantalla de 1:1 (el mismo que el de una fotografía tomada de forma vertical) que remarca el punto de vista maternal con largas concesiones a ese volátil vástago. En uno de los instantes álgidos del filme (con la maravillosa Wonderwall de Oasis como acompañante) el formato varía, ampliando el horizonte y subrayando la geografía anímica del adolescente. El segundo, atiende a su selección musical. Una playlist de temas representativos de los noventa y principios del nuevo milenio que funcionan como un termómetro afectivo de los dos roles principales. Hits de Dido, Lana del Rey, Celine Dion… logran crear momentos de alta intensidad y completar la mirada de sus personajes. Tercero, el apartado interpretativo. Anne Dorval, Antoine-Olivier Pilon y Suzanne Clément, se muestran cercanos y naturales en todo momento. Por una vez, Dolan deja a un lado tendencias autobiográficas para dotar a los caracteres de un espíritu único y ambivalencia nada forzada. Mommy expira reflexión. También ternura. Su final debe convertirse en uno de los símbolos de la nueva generación de realizadores. Con 26 años, Dolan ha llegado más lejos que la mayoría. 90|100. | ★★ |

    La isla mínima

    La isla mínima

    Dirigida por Alberto Rodríguez.
    Reparto: Raúl Arévalo, Javier Gutiérrez, Jesús Carroza, Nerea Barros, Antonio de la Torre.
    España, 2014
    COMPETICIÓN

    Junco y ceniza. La isla mínima venía precedida de una expectación que podía resultar perjudicial. Los pases privados a una lista acotada de medios habían dejado varios titulares eufóricos sobre el nuevo filme de Alberto Rodríguez. Una vez visionada, remarcar que aún queda mucho por decir... y muy bueno. Grupo 7 (2012), su anterior trabajo, demostró que estábamos ante un realizador destinado a marcar una época en el cine de género español. Una mirada distinta, más cercana a la élite norteamericana que a los clásicos del viejo continente. La isla mínima bebe de referentes de primer nivel pero con una serie de estilemas propios que la convierten en algo insólito en la industria patria. La comparativa más evidente nos acerca a uno de los hitos audiovisuales recientes: True Detective (2014-), la serie de Nic Pizzolatto para HBO. Ante todo, por ambientación, con una atmósfera desasosegante y turbia, donde el gris de Louisiana se transforma en el ocre verdoso de las marismas del Guadalquivir de los setenta. Un paraje angosto, claustrofóbico, donde la ignorancia es el principal axioma de la idiosincrasia de una población envuelta en podredumbre y temerosa del poder fáctico. También, por sus protagonistas: la versión andaluza (y expedientada) de Rust Cohle y Marty Hart, encarnados por unos brillantes Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez. Personajes con fondo, con alma. Inquebrantables pese a la evidente amargura. Ante sí, un caso de numerosas capas que, como el citado referente estilístico, no da todas las respuestas pero sí las que corresponden. En el proceso, numerosas secuencias para el recuerdo –la principal, una persecución nocturna que deja atónita a la platea en tres volantazos— cimentados bajo un virtuosismo técnico que recuerdan al mejor David Fincher. Sí, volvemos hablar de palabras mayores. Y es que La isla mínima es una cinta mayúscula, que lo tiene todo, y que debería trascender más allá de nuestras fronteras. Será difícil igualarla. Están ante la obligada triunfadora de la próxima entrega de los premios Goya. Antes de que llegue ese momento, es probable que su palmarés se estrene en tierras guipuzcoanas. Nada más abrirse la competición, aparece la primera gran favorita. 90|100. | ★★ |

    Emilio Luna
    Enviado especial a la 62ª edición del Festival de San Sebastián


    Rueda de prensa de The Equalizer



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