Introduce tu búsqueda

  • In sanguis veritas.
    The neon demon, de Nicolas Winding Refn.

    ¿Cuántos poetas se necesitan para elogiar a una ciudad?
    Paterson, de Jim Jarmusch.

    El castigo de Hedoné.
    La doncella, de Park Chan-wook.

    Especial Oscar Race 2017.

    Epicedio appassionato.
    Solo el fin del mundo, de Xavier Dolan.

    Crítica | The Riot Club

    The Riot Club

    Quien a hierro mata, a hierro muere

    crítica de The Riot Club | dirigida por Lone Scherfig, 2014

    Por mucho que haya intentado retrasarlo en la mayor medida posible, finalmente la burguesía terminó por rendirse al progreso. Mientras que antiguamente ese estrato era un ente dogmático, exento de cualquier justificación de su hacienda o su función, y cuyo único deber diario era el cultivo del cuerpo (tareas marciales) y la mente; el burgués de hoy se ha vuelto más acomodaticio en ese aspecto, y, a su vez, más esclavo de su trabajo —que ya no es simplemente ser burgués—. En su presentación en sociedad ya no presume de su amplio conocimiento de las artes y las letras, sino que recurre a la contundencia de las cifras, dejando de lado la falsa modestia patrimonial de antaño y centrando sus demostraciones de poder en el verde dinero. Esa evolución —de las artes a las finanzas y de lo sutil a lo explícito—, es apreciable en The Riot Club tanto de forma visual, con una introducción que muestra un flashback de la creación de la prestigiosa logia, como de forma conceptual, con un planteamiento muy directo y estructurado en exceso. Muchos son los ejemplos cinematográficos que buscan arremeter contra la controvertida moral burguesa, en concreto, dos nombres suenan como principales referentes a la hora de analizar ese juego de apariencias, donde todo está permitido siempre y cuando nadie vea más allá del extremismo diplomático y los modales ingleses que, el Oxford más conservador, exige a sus adinerados ciudadanos. Ellos son Luis Buñuel y Michael Haneke, dos directores cuyas premisas narrativas dejaron en paños menores a una sociedad elitista ridiculizada por su fariseísmo, arrogancia e impunidad moral y legal.

    Precisamente Buñuel, en su lucha contra esta moral burguesa se valió, al igual que lo hace Lone Scherfig, del Marqués de Sade —inestimable aliado de los surrealistas de le época— para derribar la hipócrita fachada que la clase alta se esforzaba en mostrar. Así, mientras el genial Fernando Rey trataba de mantener oculto Ese oscuro objeto del deseo (1977), ayudado por un ingenioso y delirante guion y una astuta intertextualidad —no tan astuta en el presente caso— de Los ciento veinte días de Sodoma (1785), los jóvenes esculturales que protagonizan esta cinta parecen del todo incapaces de trasmitir ninguna perspicacia, por lo que dejan sus acciones limitadas al “postureo” narcisista y las soeces gamberradas de mal gusto. La puesta en escena, por momentos muy cercana a la teatralidad propia de la obra que adapta: Posh, de Laura Wade, quien también escribe el presente guion, se convierte en un dispositivo ideado para desmitificar el encanto burgués, oculto tras esa fachada formal de modales exquisitos, de manera similar a la que Haneke utilizó en Funny Games (1997) —salvando las distancias—. La trama parte del proceso de selección de dos nuevos aspirantes al club y las exigentes pruebas de acceso a las que son sometidos. Posteriormente, se mostrarán los extravagantes entretenimientos que este exclusivo grupo encuentra, mientras celebra la ceremonia de ingreso con un banquete donde el alcohol y la testosterona convertirán la modesta sala de un restaurante en una olla a presión. Es cierto que la película mantiene un gran nivel de tensión durante todo el metraje, pero eso es todo lo que encontraremos. Pretende ser una crítica social, pero abandona la sutileza en detrimento de una explicitud que podría encontrarse en cualquier pancarta de manifestantes anti-capitalistas.

    The Riot Club

    La música, muy bien seleccionada como también ocurrió en su película An Education (2009), llega a alcanzar demasiado protagonismo en diferentes escenas, como por ejemplo en la mencionada secuencia de la celebración, donde la elocuencia que se esperaba del diálogo brilla por su ausencia. En su lugar encontramos una recurrente y tópica utilización de alguna cita fácil que, acompañada por los acordes de un ritmo muy elegante y acelerado, dará paso a la impresión de estar en una larga “promo” de Dolce&Gabbana, una sensación tan contradictoria como la propia ideología de los protagonistas, fieles representantes del materialismo que, por su infinita abundancia, terminan por exteriorizar un fuerte rechazo y desprecio hacia todo lo material. Cabe subrayar la aparición de otras patologías sociales como la misoginia, la mujer es tratada como un objeto dentro y fuera del club de la revuelta. Se crea una percepción completamente distorsionada de la realidad a consecuencia de este elevado poder económico, que les hace ver al resto de personas inferiores hasta el punto de olvidar que también son seres humanos, despreciando cada una de sus acciones y hasta su simple presencia. En el caso del rechazo y la exclusión por motivos de género será todavía más evidente, conformando un tema que se escapa del ámbito de lo políticamente correcto, pero que está presente como un secreto a voces que los adultos —la mala educación debido a la permisividad y abundancia como origen de todos los problemas— aceptan sin represalias como insignificantes travesuras propias de la edad. Se actúa con suma crueldad hacia los que son diferentes, y sus deplorables actos no tendrán las consecuencias esperadas, ya que la justicia no es igual para todos. Esas consecuencias legales de las que hablábamos al principio serán similares a las mostradas por Lenny Abrahamson en What Richard Did (2012). Mientras que las morales no pasarán de una leve preocupación por manchar su expediente académico.

    The Riot Club

    Todo suena demasiado reiterativo y pretencioso. Las exigencias de los niños ricos por conseguir todo cuanto desean, la filosofía hedonista y el desapego sentimental son temas demasiado trillados para abordarlos nuevamente de manera tan sobria. El cinismo y el humor que hicieron tan grandes las películas de la etapa mexicana de Buñuel han quedado reducidos a una malograda trascendencia formal cuyas similitudes se acercarían más a la chabacanería de obras como The Bling Ring (Sofia Coppola, 2013), con un frívolo guion que termina por pecar de lo que critica. Al igual que los protagonistas se aburren en una sociedad llena de “pobres”, y exigen una mercantilista selección natural que termine desplazando por completo a las especies más débiles, el espectador se enfrentará a un argumento tedioso y falto de retórica, al que dejará de prestar atención mientras recuerda sonriente los extraordinarios diálogos de El discreto encanto de la burguesía, donde esa crítica —también con connotaciones machistas, por supuesto— no sólo estaba hecha con buen gusto, sino también con un inimitable sentido del humor corrosivo: “No hay mejor tranquilizante que un Martini seco. Lo leí en una revista para mujeres.” | ★★ |

    Alberto Sáez Villarino
    redacción Dublín (Irlanda)


    Reino Unido. 2014. Título original: The Riot Club. Director: Lone Scherfig. Guion: Laura Wade (Obra: Laura Wade). Duración: 106 minutos. Productora: Blueprint Pictures. Fotografía: Sebastian Blenkov. Montaje: Jake Roberts. Música: Kasper Winding. Intérpretes: Sam Claflin, Max Irons, Douglas Booth, Holliday Grainger, Natalie Dormer, Jessica Brown Findlay, Tom Hollander, Sam Reid, Olly Alexander, Tony Way, Ben Schnetzer, Matthew Beard, Xavier Atkins, Freddie Fox, Amanda Fairbank-Hynes. Presentación oficial: Festival Internacional de Toronto 2014.


    Póster: The Riot Club
    Feelmakers

    5 comentarios:

    1. ¿¿En serio es taaaaan buena?? ¿¿ O os habeis vendido al hype??

      ResponderEliminar
    2. Será este rollo de que hay que apoyar el cine español...

      ResponderEliminar
    3. No estoy de acuerdo en varios aspectos de esta crítica. Para empezar, y creo que es algo bastante importante, la presentación de los personajes no me parece correcta, ya que continuamente aparecen personajes nuevos que no paran de dar giros a la historia, para dejar finalmente un final que siento que busca que el espectador vuelva a verla para intentar entender algo ya con toda la información. Creo que ese es el problema. Han intentado mantener tanto el suspense y la intriga en el espectador, que al final solo se consigue confundirlo. Otro de los aspectos que no me ha gustado fue el montaje, demasiado rápido y falta de una atmósfera ambiental.
      Por otro lado, estoy de acuerdo en la gran interpretación de los actores Raúl y Javier, la fotografía también es muy buena y los planos cenitales muy acertados.

      ResponderEliminar
    4. Hay tres cosas que no son creibles (i) en la fonda hay una cruz en la que se puede ver las fotos de Hitler (entre otros, tambien Franco). Ni siquiera durante el franquismo se vio (salvo en los primeros años antes de la intervención de USA en el 42) simbologia nazi. Es muy inverosimil que en el año 80, en una habitación de huespedes endosasen a los clientes una foto de Hitler (ii) en el año 80 ya se habian celebrado elecciones municipales en Andalucia que habia ganado la izquierda. Es altamente improbable que en las escuelas (se supone ademas) que publicas hubiese un retrato de Franco además al lado del Rey!. Absurdo, esto no se veia ni en colegios pijos de pago y menos 5 años despues de la muerte de Franco (iii) los pantalones azules de Marina (de pata exageradamente ancha) no creo que sean de 1980; me parece que serían de principios de los 70.

      No obstante la pelicula esta bíen. 7/10

      ResponderEliminar
    5. Un guión con más agujeros que el fracking de Castellón, unos personajes más planos que el culo del Fari, diálogos que servirían de befa en una guardería, una cinematografía cutre (salvo esas tomas aéreas que no son más que adornos sin incidencia en la trama)... Sí, la producción patria al asalto de los mercados internacionales, para despertarse después con la mano metida en el orinal.

      ResponderEliminar

    "Sueñen. Vean cine."

    Críticas

    Classics

    • Retrospectiva de Jacques Becker

      Por José Luis Forte / «A golpe de escoplo y martillo un hombre perfora el suelo de hormigón de una celda. Cada impacto hace saltar esquirlas y polvo de cemento en una tarea que se nos antoja imposible. Hay poco tiempo, el ruido es infernal, los guardias de la prisión pueden pasar en cualquier momento y solo la casualidad de que haya obras en el edificio permite que los golpes no llamen la atención. Como un péndulo que marca los segundos con una perfección milimétrica, como gotas de agua que fueran cayendo de un grifo inagotable, la secuencia del trabajo se desarrolla maquinalmente, pero es un hombre quien incansable mantiene el hipnótico ritmo».
    • El cine de Hou Hsiao-Hsien, un espacio para habitar. Apuntes sobre The Assassin

      Por Miguel Muñoz Garnica. «Estamos en el sur de Taiwán, a principios de los años cincuenta. Un pueblecito rural de calles sin pavimentar y casas humildes donde las duchas con agua caliente se dan calentando un barreño de agua sobre una hoguera. Un grupo de niños, descalzos y vestidos de blanco, juega con peonzas en la plaza del pueblo».
    • Las 10 mejores películas de Akira Kurosawa

      Por José Luis Forte. «De nuevo el juego está en marcha, como diría nuestro adorado Sherlock Holmes: destacar las diez mejores obras de un director de cine. En esta ocasión es el gran Akira Kurosawa el elegido, quizá el autor japonés más popular y con más merecido prestigio de la lejana isla. Y otra vez nos encontramos con la habitual problemática: dejar fuera películas que deberían incluirse en la lista».

    Premios

    Festivales

    [12][Trailers][slider3top]