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    Sylvain Chomet
    Sylvain Chomet
    || Críticas | ★★★☆☆ ½
    La extraordinaria vida
    de Marcel Pagnol
    Sylvain Chomet
    Un hombre exitoso, pero un hombre como cualquier otro


    Ignacio Navarro Mejía
    Madrid |

    ficha técnica:
    Francia, Bélgica y Luxemburgo, 2025. Título original: Marcel et Monsieur Pagnol. Presentación: Festival de Cannes 2025. Dirección: Sylvain Chomet. Guion: Sylvain Chomet. Producción: What The Prod / Picture Box / Bidibul Productions / Walking The Dog / Beside Productions / Magellan Films / Align. Fotografía: Elric Lefeuvre. Montaje: Samuel Denou, Mario Houles y Julie Salon. Música: Stefano Bollani. Vestuario: David Belugou. Reparto (voces): Laurent Lafitte, Géraldine Pailhas, Thierry Garcia, Anaïs Petit, Vincent Fernandel, Véronique Philipponnat, Elsa Pérusin. Duración: 90 minutos.

    Pocos quizá recuerdan el nombre de Marcel Pagnol en el mundo de la cinefilia, pero tuvo bastante éxito en la industria del cine francés de los años 30 a 50, con títulos como Topaze, La mujer del panadero o Manon des sources, que incluso alcanzaron proyección internacional (la segunda citada, con premios en Estados Unidos, por ejemplo). Antes que cineasta, Pagnol fue poeta y luego dramaturgo (con Marius, Fanny o César, entre otras obras, que también fueron adaptadas a la gran pantalla), y terminó por convertirse en novelista (logrando igualmente reconocimiento, gracias al recuento memorístico que empezó con La gloria de mi padre y El castillo de mi madre), por lo que era un narrador nato y multifacético, dedicado a contar historias a través de sus varias manifestaciones artísticas. Tanto su relativo olvido como, paradójicamente, su amplio alcance, justifican de sobra reivindicar su legado y evocar esa rica vida artística para el público actual, que es lo que ha hecho el director Sylvain Chomet para su nueva y largamente esperada incursión tras la cámara. Conocido por dos anteriores y celebradas películas de animación, Bienvenidos a Belleville y El ilusionista, este tercer largometraje suyo sigue inscrito en similares códigos visuales, aunque narrativamente se aleja de los anteriores precisamente por su vocación omnicomprensiva de la vida de un hombre, resumiéndola al más puro estilo del biopic.

    La extraordinaria vida de Marcel Pagnol, presentada el año pasado en el Festival de Cannes, desde su propio título deja clara esa intención de narrar la biografía de Pagnol casi como un panegírico, lo cual no es demasiado original, pues exige destacar (por no decir elogiar) la mayoría de sus hitos profesionales, dejando poco espacio para el drama personal (la relación con su padre, la temprana muerte de su madre y luego de su hija, sus sucesivas parejas…). La originalidad se pretende, en cierta medida, con un recurso que sirve de guía del biopic, anticipado por el título original en francés, al yuxtaponer el reconocido señor Pagnol con su yo infantil: cuando un ya veterano Pagnol se halla ante un impasse creativo, el recuerdo de su infancia, su propio espectro de niño es el que estimula su memoria, acompañándole en sus sucesivos recuerdos, y a la vez vuelve a impulsarlo como narrador. Pero lo cierto es que este recurso no es nada novedoso y es meramente instrumental, pues a partir de ahí la estructura del biopic es la típica del subgénero, sin que la presencia ocasional y fantasmal del niño Marcel, a quien se unen otros familiares suyos que van falleciendo, añada nada realmente a esa estructura narrativa. El recurso es pertinente, eso sí, por su efecto lírico y melancólico, dejando patente lo rápido que transcurre cualquier vida, por extraordinaria que sea, pues el paso de la niñez a la vejez es fugaz, y esta impresión queda reforzada cuando ambas etapas de la vida se asocian directamente.

    En este marco, la nueva cinta animada de Chomet recorre todas las etapas vitales de Pagnol y presta especial atención a su producción en el teatro y en el cine, recreando algunas de sus obras. Aquí hay un detalle que tampoco es original, y es que observamos extractos de algunas películas, en una pantalla de cine o en un monitor, con los personajes de carne y hueso, que se contraponen al dibujo general. No es, como decimos, un detalle llamativo como tal, pero que confirma esa voluntad de rendir tributo a un personaje real, aunque la mayor parte del metraje sea de ficción, por mucho que esté inspirada en la biografía, alentada creativamente por la animación. Esta es todo lo lograda que cabe esperar de Chomet y su equipo, con un trazo como decíamos similar al de sus dos anteriores trabajos, y se caracteriza también por cierto estatismo, aprovechando la naturaleza de la animación para reducir el movimiento de los personajes, que en la mayoría de las escenas aparecen anclados en una u otra localización. Esto se deriva asimismo de la práctica ausencia de transiciones, pues el corte entre una y otra secuencia (por lo general corte a secas, aunque también hay algún fundido) hila acciones principales, la mayoría ya iniciadas, sin que veamos cómo el protagonista u otro personaje se desplaza o evoluciona entre dichas secuencias. Esto permite aligerar el montaje, encadenar elipsis, incluir más acciones y contar todo lo que se pueda en un tiempo limitado, siguiendo de nuevo las exigencias del biopic. En este sentido, tal decisión de puesta en escena y edición es afortunada, pues de hecho el metraje roza la hora y media, más reducido que en otros biopics al uso, por lo que sintetiza bien dicha biografía. Sin embargo, hay otro detalle quizá menor, pero revelador de que estética y narrativamente nos hallamos ante una película que ha perdido algo de personalidad si se compara con las dos anteriores de Chomet. Y es que varias escenas arrancan, con sus primeros planos, con leves acercamientos o alejamientos centrales de cámara, movimientos muy usados en el cine moderno, pero que aquí apenas aportan nada, y de hecho contrastan con el estatismo de la imagen que comentábamos. Quizá esta relativa pérdida de personalidad es la consecuencia necesaria, el peaje que debe pagarse, por inscribirse en este subgénero, pues es una suerte de carencia que puede comprobarse en muchos de sus ejemplos a lo largo de la historia del cine. ♦


    por Ignacio Navarro
    marzo 06, 2026

    Crítica | La extraordinaria vida de Marcel Pagnol

    por Ignacio Navarro | marzo 06, 2026
    Attila Marcel, de Sylvain Chomet

    Homeopatía contra el olvido

    crítica de Attila Marcel | Sylvain Chomet, 2013

    Attila Marcel constituye la primera película de acción real de Sylvain Chomet, tras sus dos alabados y premiados largometrajes de animación titulados Bienvenidos a Belleville y El ilusionista. En esta ocasión, el imaginativo cineasta galo recurre a la comedia musical de ficción y nos enamora a través de una absoluta perfección estética, haciendo uso de ilimitados recursos visuales y un abanico de espectacularidad cromática para contarnos una historia sobre la memoria, la palabra y la identidad. El protagonista de este onírico cuento cinematográfico se llama Paul (Guillaume Gouix), testigo a la tierna edad de dos años del traumático acontecimiento de la muerte de sus padres, suceso que lo privó para siempre de las facultades de hablar y recordar con precisión. Su vida rutinaria de hombre de 33 años se focaliza en tocar el piano de su salón para clases de vals y convivir con sus tías, dos ancianas pretenciosas y aristócratas cuya mayor ilusión es ver como se convierte en un laureado y virtuoso pianista. El primer punto de giro de su historia es su encuentro con la señora Proust (Anne Le Ny), una mujer alocada, revolucionaria y budista que tiene un su poder la receta de un mágico té de hierbas, que junto a la música, es capaz de rescatar los remotos recuerdos de su portador. Así, el mudo pero expresivo Paul, que transmite sus sensaciones a cámara mediante su amplio espectro de gestos y la mirada de sorpresa, terror o tristeza de sus ojos sobrenaturales, emprende ese viaje espiritual hacia los confines de su memoria, en el intento por revisionar su infancia y descubrir que le sucedió realmente a sus padres. En el transcurso de una vida tan monótona y plagada de incertidumbre como la suya, conocer la idiosincrasia de Madame Proust y sus novedosas técnicas que mezclan melodía y plantas para desafiar al olvido, suponen un giro de 180 grados para Paul, y filosóficamente hablando, comportan un replanteamiento radical de su existencia.

    por Anónimo
    junio 26, 2014

    Crítica | Attila Marcel, de Sylvain Chomet

    por Anónimo | junio 26, 2014

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