MOTHER MEDUSA
Bellflower (Evan Glodell, 2011)
Hay películas que son difíciles de abordar. Filmes que por su continente, por su contenido, dejan sensaciones de compleja discriminación y que acaban encontrando el oasis prometido en un acotado—o no tanto — grupo de seguidores. Es algo que va en consonancia con cada época. Década tras década se rompen y reinventan los tiempos narrativos, marcando tendencia, generando expectación o indiferencia. De la elección de una u otra dependerá su lugar en los anales. El mismo paso de los años ha ido sumergiendo el concepto de clasicismo a la par que emergía el lado irracional en el cine. El subconsciente obtiene vida propia a ojos del celuloide y algunos autores como Stanley Kubrick, David Lynch o, de manera más reciente, Richard Kelly— ¿Recuerdan ‘Donnie Darko’ (2011)?— abanderan la disociación realidad-irrealidad a través de una lente. En la actualidad la producción independiente es el páramo que funciona como banco de pruebas para este tipo de creaciones que, normalmente, suelen pasar inadvertidas. Es el caso de ‘Bellflower’ (2011), ópera prima de Evan Glodell.