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    LIKE CRAZY | DRAKE DOREMUS, 2011

    Crítica de Como locos, Like Crazy
    I MISS YOU...
    Como locos (Like Crazy, Drake Doremus, 2011)

         Hubo un tiempo no muy lejano en que cine independiente era sinónimo de buen cine, propuestas arriesgadas y poca ambición comercial. Desde Sexo, mentiras y cintas de video (1989) de Steven Soderbergh, probablemente el título más emblemático de esta corriente, muchas han sido las satisfacciones que nos han llegado desde festivales como el de Sundance, creado para dar un mayor empuje a este tipo de ofertas. Pero también es cierto que el dinero todo lo corrompe y cada vez nos llegan más producciones que intentan vendernos la moto de estilo indie, pero acaban cayendo en los convencionalismos del cine más comercial.

         Precedida de una sensacional acogida en Sundance 2011, donde se hizo con el Gran Premio del Jurado a la mejor película y el Premio Especial del Jurado, Like Crazy (2011) viene a dignificar una vez más el cada vez más previsible cine independiente americano. El director californiano Drake Doremus alcanza la madurez creativa con ésta, su cuarta película, un drama romántico protagonizado por una pareja de jóvenes, sin caer por ello en la ñoñería propia de productos más convencionales como Crepúsculo o las adaptaciones de las novelas de Nicholas Sparks. Sin duda, todo lo que presenciamos en esta visión amarga sobre el primer amor, resulta tristemente real y cada línea de diálogo, cada mirada o cada actitud de sus personajes, encuentran una rápida identificación en cualquier espectador que haya estado enamorado alguna vez. La historia nos presenta a Anna, una joven inglesa que estudia en la Universidad de Los Ángeles y que se enamora locamente de Jacob, un chico norteamericano. Todo es idílico en esta primera parte de la película, donde se describe a la perfección la excitación del primer amor, aquel que deja más huella en tantas personas. Pero como no todo puede ser azúcar, pronto surge el gran inconveniente que hará tambalear los cimientos de este amor: Anna tiene que volver a Londres porque no le renuevan el visado para permanecer en Estados Unidos. Como la pasión todo lo puede, los protagonistas deciden continuar la relación en la distancia, pero las cosas no serán tan sencillas como esperaban y deberán superar multitud de circunstancias para mantener esa llama viva. 

    Jennifer Lawrence en Like Crazy
    TERCERA EN CUESTIÓN | Jennifer Lawrence en un fotograma de 'Like Crazy', de Drake Doremus

         El magnífico guión de Ben York Jones y el propio Drake Doremus sabe dosificar con gran habilidad los momentos más dramáticos para que la función resulte totalmente equilibrada. Like Crazy es una obra optimista en su primer tercio, casi una comedia romántica al uso (aunque con estética indie), para luego tornarse en un amargo melodrama, donde asistimos al deterioro de una relación. La distancia geográfica representa un problema que lleva a los dos personajes a tomar la drástica decisión de casarse para que ella pueda lograr su visado que la lleve de vuelta a Norteamérica, pero aparecerán otros daños colaterales como el desgaste de la pareja y la aparición de terceras personas en la vida de ambos. Hay que alabar fervientemente el gran acierto de casting a la hora de elegir a la pareja protagonista. Anton Yelchin, el protagonista del remake de Noche de miedo (2011) y, sobre todo, Felicity Jones, ganadora de los Premios a mejor actriz revelación en los Gotham y los National Board of Review, consiguen una química que traspasa la pantalla a base de encanto y naturalidad. Sus interpretaciones son la base sobre las que se cimenta este filme. No olvido destacar como tercera en discordia a la cada día más pujante Jennifer Lawrence, la chica del momento gracias a la exitosa saga de Los Juegos del Hambre y su nominación al Oscar por El lado bueno de las cosas. Su papel es bastante secundario, pero la actriz logra dejar constancia de su talento en los escasos minutos donde aparece.

         Si en 2010, Derek Cianfrance ya había descrito con maestría los estragos del paso del tiempo en una relación de pareja en aquella otra joya, carne de Sundance, que fue Blue Valentine, con Ryan Gosling y Michelle Williams, Like Crazy podría considerarse su versión más juvenil. Tal vez no llegue a las cotas de descarnada desnudez de aquella, pero lo cierto es que la cinta de Doremus tampoco se queda en la superficie a la hora de escarbar en los estragos del desamor. Algo que queda perfectamente representado en la fenomenal escena final en la ducha, donde no se necesitan palabras para comprender que algo se ha quedado en el camino. Las fugaces imágenes de pasados tiempos felices se contraponen con la actitud más bien distante de los reconciliados amantes. Sin duda, a esas alturas de la película ya habían sucedido demasiadas cosas como para que ese amor juvenil que todo lo puede, sea siquiera la sombra de lo que fue. Cuando algo se rompe, por mucho que lo queramos reconstruir pegando los trocitos, nunca volverá a ser igual. Y ahí queda la historia de Anna y Jacob, grande en su pequeñez, agridulce como la vida misma y una cita ineludible para los amantes del mejor cine independiente americano.

    José Antonio Martín.
    crítico de cine y redactor de Sesión doble.

    Estados Unidos. 2011. Título original: Like Crazy. Director: Drake Doremus. Guión: Drake Doremus, Ben York Jones. Productora: Paramount Vantage. Presupuesto: 250.000 dólares. Recaudación: 3.542.353 dólares. Localización: Los Ángeles. Fotografía: John Guleserian. Música: Dustin O´Halloran. Montaje: Jonathan Alberts. Intérpretes: Anton Yelchin, Felicity Jones, Jennifer Lawrence, Charlie Bewley, Alex Kingston, Chris Messina, Oliver Muirhead, Finola Hughes.

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