LA RIDÍCULA CRISIS DE LOS TREINTA
crítica de The Lifeguard | Liz W. García, 2013
Hay muchos sociólogos, psicólogos y algún que otro especialista de lo que se tercie que afirman que en occidente hay una tendencia común a la prolongación de la juventud. También es sobradamente conocida la tragicómica crisis de los cuarenta, de la que ya existen sus versiones o ecos en las décadas siguientes abundantemente tratadas por la literatura y por el séptimo arte. Con la base de esos precedentes, Liz W. García retoma las catarsis existencialistas para hablarnos de la crisis de los 30. Otra más. Cualquiera diría que acercarse a la frontera entre decenios es peligroso. Al menos eso parecen decir los síntomas reflejados en The Lifeguard (2012), que evidencian la necesidad de dos treintañeros y una adolescente de 29 años y 10 meses de volver a los vicios de juventud: fumar hierba, estar tirados en el descampado de turno, retomar los ligues de verano, rescatar una estética de sudaderas y vaqueros que ya no les pertenece en un verano que ¿cambiará sus vidas? Leigh es una periodista, a las puertas de los treinta, que decide abandonar su trabajo y su vida en la ciudad para regresar a su lugar de origen –recurso manido en el cine independiente americano para abordar las crisis vitales–. No se siente cosmopolita. Su vida no es plena. La gran urbe está muerta por dentro y eso la está envenenando. Volverá a la naturaleza, a lo primigenio, al nido materno. El objetivo no es otro que reencontrar retales de felicidad de tiempos que tenían sentido. Buscará reinventarse volviendo al pasado. Con el beneplácito de su padre y pese a las reticencias de su madre decide volver a empezar. Recuperará su trabajo de la secundaria como socorrista de piscina. Alterará, como solo las hormonas saben hacerlo, las monótonas vidas de sus compañeros de infancia. Y juntos, instigados por ella, dejarán de lado sus responsabilidades y harán el camino inverso a la madurez. Por supuesto surgirá el drama y nacerá el amor prohibido: entre la dimensión desatendida y la que busca el abandono, entre las ansias de discernimiento y la pérdida de razón.