CUANDO DIVORCIARSE NO CONLLEVA DESENAMORARSE
Crítica de Celeste and Jesse Forever | Lee Toland Krieger, 2012
Hubo un tiempo, no muy lejano, en que las comedias románticas eran territorio restringido para que actrices carismáticas y monas (de belleza cercana, del tipo vecinita de al lado) protagonizaran los romances más previsibles y rosas, emparejadas con los galanes más atractivos del momento. Mujeres como Sandra Bullock o Meg Ryan forjaron sus carreras en este género, explotando sus dotes cómicas hasta la saciedad. Gracias a Dios, la fórmula de estos productos, donde se adivina desde el minuto uno que el amor acabará triunfando sobre cualquier adversidad, acabó cansando a un público necesitado de historias con mayor enjundia. Celeste and Jesse Forever no es la típica comedia romántica al uso. Se trata de una de las sorpresas más agradables del reciente cine indie americano, candidata al premio a mejor primer guión en los Independent Spirit de 2012 (obra de la propia protagonista, Rashida Jones, en colaboración con Will McCormack) y toda una alternativa inteligente y amarga a esas películas dulzonas que hoy tienen a Katherine Heigl como máximo exponente.