Los románticos nunca mueren
crítica de En tierra de Jane Austen | Austenland, de Jerusha Hess, 2013
Jerusha Hess comenzó labrándose un nombre dentro del cine independiente norteamericano como coguionista de las películas de su marido, Jared Hess. Ambos parieron una trilogía de comedias totalmente bizarras, con ecos lejanos del cine de Wes Anderson, que se ganaron el corazoncito de un público sediento de un humor original y a contracorriente. Napoleon Dynamite (2004), Super Nacho (2006) y Gentlemen Broncos fueron estos títulos que precedieron al debut de la escritora en la dirección, En tierra de Jane Austen, una comedia romántica británica que abandona completamente esa excentricidad tan característica en Hess para ofrecer un trabajo mucho más predecible y comercial que estuvo en el festival de Sundance de 2013. Poco o nada queda del frikismo de su obra anterior, ya que sigue paso a paso todos los parámetros del género a la manera del Roger Michell de Notting Hill (1999), algo que no tiene que ser necesariamente malo, pero que borra de un plumazo cualquier atisbo de personalidad en el acabado final.
Lo único que une a En tierra de Jane Austen a Napoleon Dynamite es que ambas historias tienen como principal personaje a un inadaptado de la sociedad. En esta ocasión, la heroína es Jane Hayes, una treintañera neoyorquina sin suerte en el amor. No es que la chica sea poco agraciada o tenga problemas para que los hombres se fijen en ella. El motivo es que Jane es una fanática de las novelas de Jane Austen en general y de su obra Orgullo y prejuicio en particular. A raíz de ello, está enamorada de su personaje principal masculino Fitzwilliam Darcy, más concretamente en su versión interpretada por Colin Firth en la adaptación para la BBC. La caballerosidad y los modales exquisitos de la época victoriana son prácticamente imposibles de encontrar hoy en día, por lo que ningún pretendiente resiste la comparación. La película se centra en el viaje (físico y emocional) de Jane a una especie de parque temático en Inglaterra para seguidoras de la escritora, en el cual se recrea con todo lujo de detalles el particular universo de sus obras. Un lujoso complejo turístico que traslada a sus inquilinas a la romántica época de principios del siglo XIX, en donde tendrán que vestirse y comportarse como los personajes de las novelas, renunciando a los elementos contemporáneos y teniendo la posibilidad de vivir romances ficticios junto a un grupo de actores masculinos que desempeñan perfectamente los papeles de galán. Como es de esperar, Jane comienza a sentirse atraída desde el primer momento del actor que interpreta a Darcy, algo que le traerá más de un quebradero de cabeza.