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    German Film Fest. 2025
    German Film Fest. 2025
    || Críticas | German Film Fest | ★★☆☆☆
    Adiós, Buenos Aires
    Germán Kral
    El pozo del relato


    Nacho Álvarez
    Madrid |

    ficha técnica:
    Alemania, Argentina, 2023. Título original: Chau Buenos Aires. Dirección: Germán Kral. Guion: Germán Kral, Stephan Puchner, Fernando Castets. Compañías productoras: Lailaps Pictures, Monogatari Films, ARTE, German Kral Filmproduktion, Salamanca Cine, Westdeutscher Rundfunk (WDR). Fotografía: Cristian Cottet, Daniel Ortega. Música: Gerd Baumann. Reparto: Diego Cremonesi, Marina Bellati, Carlos Portaluppi, Mario Alarcón, Regina Lamm. Distribución en España: Reverso Films. Duración: 93 min.

    Ha sido habitual, casi en cada temporada, ver cómo Cuéntame cómo pasó (Miguel Ángel Bernardeau, Eduardo Ladrón de Guevara, Patrick Buckley, Alberto Macías, 2001) se estructuraba en torno a aquellos hechos que, de forma más o menos asumida, conforman la Historia pública de España en el siglo XX y servían como núcleo orientador de la audiencia que seguía las peripecias de la familia Alcántara. Ya fuese el 23-F, el atentado de Hipercor o las revueltas estudiantiles de los años 70, la serie insignia de TVE ha mantenido siempre esa aproximación tibia, construida desde un extremocentrismo prudente que no ha hecho más que agrandar su cautela con los años. La excusa para este modus operandi siempre ha residido en subordinar el hecho histórico al arco dramático de sus personajes, partiendo de que el pasado es únicamente escenario y en ningún caso un relato problematizable desde las imágenes. Atendiendo ahora a Adiós, Buenos Aires (2023), el salto a la ficción de Germán Kral después de varios trabajos documentales ligados a la música, se puede observar cómo su narrativa y su puesta en escena se ven contagiadas de un acercamiento a la Historia argentina similar al de Cuéntame, en este caso, a los acontecimientos que culminaron en la Masacre de la Plaza de Mayo del 20 de diciembre de 2001.

    Kral encuentra así una sospechosa comodidad en la mirada en retrospectiva a la crisis de final de siglo que atravesaban los argentinos y que arrastraría el fin del gobierno de Fernando de la Rúa, rindiéndose a una tragicomedia acrítica que no busca más allá del desarrollo dramático de sus personajes. La película asiste a una especie de relato colectivo del quinteto de tango los “Vecinos de Pompeya”, centrando el foco en Julio, su bandoneonista, que está a punto de emigrar a Alemania debido a la recesión económica, pero inicia una relación fortuita con una taxista. A partir de esta premisa, desfilarán por la película una serie de temas y eventos como la corrupción gubernamental, la emigración o el “corralito” que, en lugar de explorarse más allá de su impacto narrativo y ser desmenuzados en su complejidad, funcionan como meros catalizadores de la acción y quedan reducidos a su condición de telón de fondo. El cineasta opta por aproximarse a estos hechos con la seguridad de la distancia temporal, lo que provoca una nula conexión con el presente más allá de la pura identificación sentimentalista con unos personajes afectados por un contexto socioeconómico que se evidencia una y otra vez a lo largo del metraje. Las imágenes de archivo que surgen en los primeros compases de la película irán reapareciendo en los telediarios y periódicos, acompañadas de titulares y diálogos minuciosamente escogidos y colocados en guion para repetir al espectador que, efectivamente, «el país está en la ruina».

    Tampoco el cineasta parece encontrar en el tango -al que ha dedicado previamente dos largometrajes, El último aplauso (2009) y Un tango más (2015)- una vía representativa para adentrarse en las cuestiones que subyacen a la película y que son inherentes al género musical, como la masculinidad hegemónica, el desengaño o la mirada sobre el barrio, en este caso la situación de Nueva Pompeya en Buenos Aires. Así pues, las canciones funcionan como una escolta edulcorada que elude cualquier comentario político más allá de una obvia lectura simbólica y que lleva a la película a un constante tono melancólico y nostálgico. En este sentido, es especialmente significativa la escena de la Masacre de la Plaza de Mayo del final de la película, concebida como un montaje alterno de piezas de archivo e imágenes pertenecientes a la ficción acompañadas del tango Cambalache (1934) de Enrique Santos Discépolo. El torrente de imágenes de archivo se interrumpe todo el rato con la incursión de la ficción, y su fuerza expresiva se ve condicionada por el acento musical, confirmando la voluntad de hacer prevalecer la narración por encima de la intersección histórica, al incorporar este cúmulo de fragmentos del pasado con el único motivo de hacer culminar el arco trágico de uno de los protagonistas. Así, el sobrecogedor plano de conjunto en el que se ve a los argentinos aglomerados frente a la Casa de gobierno -y que de forma automática se engarza con el debate actual sobre la situación política del país- corta súbitamente a un primerísimo primer plano del personaje ficcional. Con este gesto formal definitivo que apela a la empatía del espectador por la muerte diegética, Kral entrega finalmente Adiós, Buenos Aires a la mecánica neoliberal del relato por el relato, a esa estructura representativa que se empeña en negar las posibilidades del cine como refugio de la memoria y como herramienta colectiva de revisionismo histórico. ♦


    por Nacho Álvarez
    junio 28, 2025

    Crítica | Adiós, Buenos Aires

    por Nacho Álvarez | junio 28, 2025

    German Film Fest 2025

    Palmarés de su 27ª edición

    En su vigésimo séptima edición, celebrada del 11 al 15 de junio en los Cines Embajadores de Madrid, el German Film Fest ha coronado a Smell of Burnt Milk (Der Geruch von verbrannter Milch, 2024) como la película favorita del público. Esta ópera prima de Justine Bauer, galardonada previamente en el Festival de Múnich, ha conquistado a los espectadores con su singular combinación de humor seco, lirismo absurdo y una ternura nada condescendiente hacia el universo rural que retrata. Lejos del costumbrismo edulcorado, la cinta se instala en un registro poético y a la vez acerado para abordar la vida de tres generaciones de mujeres en una granja alemana en declive, enfrentadas a un presente incierto que se debate entre el apego a la tradición y la inercia del cambio. Bauer, en un gesto tan político como estético, rueda en fráncico oriental (dialecto bávaro) y se apoya en intérpretes no profesionales para trazar un retrato de lo rural que desafía clichés y subvierte jerarquías.

    La película se estructura como una sucesión de estampas veraniegas —mixtura entre excentrecidad y entrañabilidad— en las que la rutina agrícola deviene materia de un realismo mágico autóctono, donde conviven vacas, tomates y bikinis. Anna, embarazada, habla de castraciones con una naturalidad desarmante; Katinka, su hija de 17 años, se pasea en bañador por la sala de ordeño mientras sueña con encontrar un marido agricultor que le garantice un lugar en un mundo que aún funciona por transmisión masculina; y la abuela celebra la cosecha como un pequeño milagro frente al deterioro que se filtra por cada rendija. Bajo esta aparente ligereza, Bauer despliega un discurso profundo sobre la desaparición de una forma de vida y el lugar que ocupan las mujeres en ese proceso: no como víctimas melancólicas, sino como catalizadoras de una transformación necesaria. Es en esta tensión —entre lo que se conserva y lo que se deja atrás— donde la película encuentra su tono, entre lo absurdo y lo urgente, entre la carcajada incrédula y la emoción soterrada.

    Como ya apuntara su premiere mundial en Múnich, el premio del público en Madrid confirma la fuerza de Smell of Burnt Milk para conectar con miradas ajenas al contexto específico que retrata, y revela el alcance universal de su mirada. El film, definido con socarronería por sus productores como "un verano en granjas alemanas decadentes", se inscribe en una tradición de cine que se atreve a mirar lo rural no como un decorado exótico o pintoresco, sino como un campo de batalla simbólico donde se redefine el futuro. Su estreno en salas comerciales españolas, previsto para 2026, permitirá que un público más amplio descubra esta pequeña joya de rebeldía campesina, cuya delicadeza e inteligencia visual la convierten en uno de los debuts más estimulantes del cine europeo reciente. ♦

    por EAM
    junio 24, 2025

    German Film Fest 2025 | Palmarés

    por EAM | junio 24, 2025

    German Film Fest 2025

    Anotaciones sobre la programación de su 27ª edición

    Resulta emocionante apreciar cómo la línea de un festival se asienta y se fortalece edición tras edición. Es el caso del German Film Fest. Madrid (del 11 al 15 de junio), que cumple este mes veintiséis años de vida. Si la principal labor de un festival es descubrir –que no premiar— a sus públicos nuevas maneras de ver y leer el cine, el evento capitalino responde a esa premisa. La prueba la hallamos, por ejemplo, con su película inaugural, Red Stars Upon the Field (Rote Sterne Überm Feld, 2024). La ópera prima de Laura Laabs simboliza el riesgo programático que ha caracterizado al último lustro al German Film Fest. Un riesgo, además, unido a un compromiso político y estético, ya que el trabajo de Laabs, propone un recorrido por la compleja historia alemana del siglo XX y siglo XXI de manera tan inédita como emocionante. Una visión posmoderna de la nación germana que nos descubre la sensibilidad de una cineasta a la que tener muy en cuenta en el futuro.


    Si la 27ª edición del German Film Fest nos descubre a Laura Laabs, la 25ª hizo lo propio con Sarah Friedrich. La artista multidisciplinar sorprendió el pasado año con Zone (2024) y vuelve un año después a Madrid con The Night is Dark and Colder than Day (2025), un interesantísimo estudio documental sobre la infancia que parte de los miedos y terrores de un grupo de niños para tejer un imaginario de traumas que definen, posteriormente, el salto a la adultez. Unos registros que la cineasta capturó en su ciudad natal, Nordhausen, y que convierte al film en una experiencia colectiva sobre lo que significa crecer. Tanto Red Stars Upon the Field como The Night is Dark and Colder than Day tuvieron su premiere mundial en secciones paralelas del Festival de Róterdam, uno de los espacios fetiche del German Film Fest.


    Otras de las bonitas sorpresas que encontrará el público es Smell of Burnt Milk (Milch ins Feuer, 2024), traslación de las experiencias de su directora, Justine Bauer, que se crio en una granja de avestruces en Alemania. Un film que es su trabajo de fin de carrera y que llega a Madrid tras un bonito recorrido desde su presentación en el Festival de Múnich. Smell of Burnt Milk retrata la cotidianidad de un grupo de cosechadoras que viven alejadas de cualquier referencia masculina. Bauer firma un trabajo de ficción con esencia documentalista narrado con simpleza y honestidad. Una honestidad que comparte con la cinta de espectro comercial de esta edición, Rock’n Roll Ringo de Dominik Galizia. La mirada feísta que desprenden sus imágenes –que rememora a El monstruo de St. Pauli (Der Goldene Handschuh, Fatih Akin, 2019)— no vulnera su aura de crowdpleaser. En su interior hallamos la típica historia de redención: un trabajador de la construcción en el circo tiene la oportunidad de poner su vida en orden y reconquistar el amor de su hija. Simple y llanamente. Y funciona. Como también funciona un trabajo como Edge of Night, probablemente la película de mayor recorrido de entre las presentes en la sección oficial del German Film Fest. El filme de Türker Süer, un thriller testosterónico presentado en las últimas entregas de la Mostra de Venecia (Orizzonti Extra) y de SEMINCI (Punto de Encuentro), narra las 48 horas de traslado por parte de un oficial del ejército turco de un soldado que aparentemente ha cometido un delito. El matiz reside en que ambos son hermanos y no solo está en juego la libertad del segundo, también la estabilidad de una familia de férreos códigos morales.


    Como es habitual en el certamen madrileño, un documental y una matinal infantil completan la selección oficial. En esta edición dos documentales forman parte del máximo apartado: el ya citado film de Friedrich y Teaches of Peaches (2024), un soberbio largometraje dirigido por Philipp Fussenegger & Judy Landkammer, que nos traslada el nervio y la insurrección de la cantante canadiense Peaches. Estamos, sin lugar a dudas, ante uno de los grandes documentales del 2025. Mucho más modesta pero igual de reconfortante es la proyección juvenil de esta entrega. En plena era de la nostalgia, emerge una película como Tomorrow I’ll be Brave (Ab morgen bin ich mutig, 2025), de Bernd Sahling, respuesta alemana al Quién lo impide (2021), de Jonás Trueba. Una propuesta que dialoga con una de las joyas de la 27ª edición, The Night is Dark and Colder than Day, y que describe los miedos de un joven inadaptado cuando llega a su vida el mayor de todos ellos: el amor. Justamente amor por el cine alemán es lo que desprende una programación completada por una retrospectiva a Nicolette Krebitz, esponsorizada y programada por Goethe Institut Madrid. Krebitz es una actriz que dio el salto a la dirección con El corazón es un bosque oscuro (Das Herz ist ein dunkler Wald, 2007) y destacó con Wild (2016), presentada en la competición internacional de Sundance. Su último largometraje, A E I O U - A Quick Alphabet of Love (A E I O U - Das schnelle Alphabet der Liebe, 2022), con historia de Valeska Grisebach, compitió en la sección oficial de la Berlinale. Hablamos, por tanto, de algo más que una promesa, en el siempre rico panorama cinematográfico teutón. Por suerte, un año más, el German Film nos lo recuerda.


    ▼ Smell of Burnt Milk; The Night is Dark and Colder than Day.
    Teaches of Peaches; Edge of Night.

    por Emilio M. Luna
    junio 05, 2025

    German Film Fest 2025 | Anotaciones sobre su programación

    por Emilio M. Luna | junio 05, 2025

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