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  • Cine Alemán Siglo XXI
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    Channel 4
    Channel 4
    Cucumber

    Un estudio del Instituto del Sexo de Suiza dividió los estados de la erección masculina en cuatro. La primera fase, la flacidez, se llamó Tofu. El comienzo de la erección recibió el nombre de Banana (sin pelar). Le sigue la Banana (ya pelada), y por último Pepino, la erección máxima. El popular guionista británico Russell T Davies –responsable de la Queer as folk original (1999-2000) y resucitador de las franquicias Doctor Who (2005-), en la que trabajó hasta 2010; y Torchwood (2006-2011)–, encontró el estudio tan curioso como divertido, y tuvo la brillante idea de crear una trilogía de series que deberían su nombre a los alimentos metafóricos y que tratarían la sexualidad en la actualidad, poniendo especial foco en el colectivo LGTB y sin muchos tapujos a la hora de representar el sexo. El resultado, que por supuesto compró la atrevida Channel 4, es una narrativa que funciona con independencia pero que se disfruta mejor cómo se ha emitido: junta. El experimento terminó hace unos días, y merece la pena ser destacado y analizado, más concretamente en el mismo macrotexto, respetando el espíritu juguetón de Davies. Esto es Cucumber – Banana – Tofu.

    por Anónimo
    marzo 22, 2015

    Crítica en serie | Cucumber / Banana / Tofu

    por Anónimo | marzo 22, 2015
    Derek (2012-2014)

    Bondad en un mundo cínico

    crítica a Derek (2012-2014).

    Channel 4, Netflix / 2 temporadas y un especial: 14 capítulos | Reino Unido, 2012, 2013, 2014. Director: Ricky Gervais. Guionista: Ricky Gervais. Reparto: Ricky Gervais, Kerry Godliman, David Earl, Tim Barlow, Arthur Nightingale, Margaret Towner, Ninette Finch, Sheila Collings, Barry Martin, Prem Modgil, Blanche Williams, Brett Goldstein, Holli Dempsey, Karl Pilkington, Kay Noone, Laura June Hudson, Tony Rohr. Fotografía: Martin Hawkins. Música: Ludovico Einaudi.

    Derek no es una buena serie. Es blanda, sentimentaloide, muy funcional en la escritura y tan obvia en sus intenciones que uno piensa que el gran Ricky Gervais está proponiendo la más sofisticada de las bromas. Pero no. Oírle hablar de la serie, su proyecto del que está más orgulloso, supone darse cuenta de que Derek es lo que ves, y lo que ves no es nada perdurable. Ahora, dentro de la serie hay un elemento tan interesante, casi trangresor, que justifica el visionado de sus escasos 14 episodios: el personaje de Derek y lo que despierta en cada miembro de la audiencia. Tras cultivar una maravillosa carrera retratando con acierto personajes descreídos que son capaces de humillarse ante el infinito por un minuto de gloria pública, y crear una imagen de superdotado cómico cuyos dardos están cargados de veneno, Gervais ha decidido dejar que su lado más sentimental, aquel que estaba presente en sus criaturas televisivas y cinematográficas, sea el que tome el control casi absoluto a la hora de poner en pie una nueva serie, la primera sin la compañía de Stephen Merchant, que a su vez ha desembarcado sin éxito en HBO con Hello ladies (2013-2014). Así nace Derek, un personaje que es todo bondad, que no tiene una pizca de mala leche en su cuerpo, y que es el trabajo de mayor entrega del Gervais actor, por el que ha sido nominado a un Emmy y a un Globo de Oro que podría ganar en unas semanas. Lástima que el Gervais guionista parezca haber puesto esta vez el piloto automático, desde el primer episodio de prueba, que el hombre-orquesta hizo y difundió en 2012 para ver si la gente respondía bien a su nuevo concepto, hasta el habitual especial de despedida de mayor duración con el que cierra sus series, nunca más allá de dos temporadas, y que se emitió hace unos días.

    A Derek le chiflan los animales, los vídeos de gatitos en Youtube, la música, la gente mayor, hacer lucha libre, preguntar cosas y ser amigo de alguien. Cada día es una aventura, y tiene la mejor de las disposiciones ante todo. Tiene tics y camina encorvado, pero no sufre necesariamente un retraso mental. Piensa con la rapidez de cualquiera y tiene una curiosidad incansable. Es toda una inspiración. El ánimo del personaje es lo que ha movido, siempre hacia delante, una comedia con alma que buscaba la lágrima, a veces hasta impúdicamente. En su cruzada por transmitir la verdad de un personaje más grande que la vida, aunque nunca imposible, el creador ha emplazado la acción de la serie en una residencia de ancianos, reflejando la relación del protagonista con los miembros, con el personal –en especial con Hannah, su amor platónico y puro– y con el personaje más extremo de la serie y el encargado de poner las notas de humor, aunque a veces sea puro desbarre: Kev, alcohólico, de higiene cuestionable y obseso sexual. En la primera temporada, el colaborador habitual de Gervais, Karl Pilkington, interpretó al conserje manitas de la residencia, Dougie, pero parece ser que el hombre se ponía muy nervioso actuando y pidíó a su amigo que escribiese su salida de la trama. El sustituto fue Geoff, personaje que como pasará en varias ocasiones en la serie, acabará rendido ante los encantos del protagonista. El inglés nos viene a decir que su personaje, con su desbordante humanidad y cero pose, es capaz de contagiar su ánimo al resto del mundo. Es ese pulso constante donde la serie encuentra sus momentos más interesantes, aunque se tiene todo el rato la duda de si lo que está haciendo el director/guionista/protagonista es un ejercicio mayúsculo de egocentrismo o un reto tanto para sí mismo como para el espectador.

    por Anónimo
    enero 14, 2015

    Crítica en serie | Derek (2012-2014). Análisis final

    por Anónimo | enero 14, 2015
    Black Mirror: White Christmas

    Las trampas de la mente

    crítica a Black Mirror: White Christmas (2014-).

    Especial de Navidad | Channel 4 | Reino Unido, 2014. Director: Carl Tibbetts. Guión: Charlie Brooker. Reparto: Jon Hamm, Rafe Spall, Oona Chaplin, Janet Montgomery, Rasmus Hardiker, Natalia Tena, Dan Li, Gráinne Keenan. Fotografía: George Steel. Música: Jon Opstad.

    La noticia de que Charlie Brooker había decidido escribir, por primera vez desde su estreno en 2011, un especial de Navidad para Black mirror se supo el pasado verano, y fue sin duda una de las mayores alegrías del momento. Casi dos años después de la segunda temporada, la antología de terror tecnológico por excelencia regresa a nuestras pantallas con el relato más largo hasta la fecha y aquel de narrativas más condensadas. Hasta cuatro historias tienen lugar de forma interconectada a lo largo de estos estupendos 74 minutos de metraje, y es mérito del guionista que cada una de las tramas fluya con independencia y sin trompicones de ritmo. Si las seis historias contadas hasta la fecha en Black mirror acreditaban a Brooker como un maestro del relato portátil, White Christmas lo lanza a otra dimensión. Tiene menos de media hora para contar cada una de estas parábolas sobre los avances tecnológicos, y lo logra sacar adelante con nota. Todo es entendible sin ser obvio, y los múltiples giros de guión están muy bien dosificados. El mejor ejemplo de esto se da en la primera de las historias, la relación entre Harry y Jennifer en una fiesta de empresa y una lección de narraciones cruzadas y capacidad de desasosegar con un cambio sutil de tono.

    Con la dirección de Carl Tibbetts, responsable del mejor capítulo de la serie hasta el momento, White bear (2.2), el creador empieza su narración lanzando al espectador a lo desconocido. Un hombre se despierta en una cabaña sitiada por la nieve y sus haces de luz blanco y se dirige hacia la cocina, donde otro hombre cocina un almuerzo navideño. Sus gestos, palabras y actitudes nos informan de que están atrapados en el lugar desde hace un lustro, y que el primero no habla mucho con el segundo. Son Potter y Matt (espléndidos Rafe Spall y Jon Hamm), y por la insistencia del segundo, vamos a saber cómo acabaron en esa especie de sitio de castigo. Y lo que sigue es lo que ha hecho de Black mirror una de las series más especiales de los últimos años: la descripción de un futuro cercano donde la tecnología está integrada en la sociedad hasta límites malsanos. En este caso, todos los protagonistas tienen puestas de manera permanente unas lentillas Zed, que permite no solo alterar la vista sino bloquear a la gente en la vida real. Este bloqueo, crucial en la historia, impide a la gente a la que se le impone hablar y escuchar a la persona que lo ha impuesto, además de verlos como una silueta indeterminada. También está presente la perversión de la función de las lentillas con una conexión externa que permite compartir la visión, que es a lo que se dedica Matt, o también la posibilidad de hacer una copia de uno mismo en forma de inteligencia artificial, ya sea para ayudar a controlar tu vida o con fines más oscuros. La descripción de estos procedimientos y lo realistas que parecen son el fuerte de la serie, cuyos responsables han sido siempre capaces de crear una atmósfera inquietante y limpia. Como la narración está capitaneada por el personaje de Hamm, que curiosamente declaró su admiración por la serie en una mesa redonda para The Hollywood Reporter hace unos meses, gran parte de la peripecia tiene un tono de sorna, porque Matt es un personaje cínico que está de vuelta de todo.

    por Anónimo
    diciembre 21, 2014

    Crítica en serie | Black Mirror: White Christmas

    por Anónimo | diciembre 21, 2014
    Los informáticos (Final)

    REINICIAR POR ÚLTIMA VEZ

    crítica de Los informáticos (2006-2013) | The IT Crowd - Final

    Channel 4 / Reino Unido, 2013. Guión y dirección: Graham Lineham. Reparto: Chris O´Dowd, Richard Ayoade, Katherine Parkinson, Matt Berry, Noel Fielding, Rachel Parris, Cristian Solimeno, Gareth Morinan, Matt King, Ashley McGuire.

    Con un gran título como es Se acerca Internet (The Internet is Coming, o El último bite (The Last Byte), como también se ha llamado), el pasado 27 de septiembre concluyó Los informáticos (2006-2013). Tras 24 capítulos repartidos en 4 temporadas y emitidos entre 2006 y 2010, este desenlace de 48 minutos se ha hecho esperar. Una de las mejores cosas que tiene la televisión británica es que dan la oportunidad a los creadores de cerrar sus series –al menos sus comedias– con un capítulo especial de duración extra. Y éste ha tardado en rodarse 3 años. Según el creador Graham Linehan, que dirigió y escribió las 25 entregas, el guión estaba escrito pero no hubo manera de concretar sus fechas con las de los protagonistas (Katherine Parkinson ha sido madre, Richard Ayoade ha dirigido ya 2 películas, Chris O´Dowd está cada vez más presente en EEUU) hasta principios de este 2013. Pero la espera ha merecido la pena. El punto de partida sigue siendo el mismo: una ineficaz empleada es degradada en su empresa a presidir el Servicio de Informática, donde comparte espacio con dos peculiares técnicos.

    Los actores vuelven a meterse en la piel de los personajes sin aparente esfuerzo. Roy, Moss y Jen han vuelto para meterse por última vez en imaginativos problemas. La voz cómica de Linehan funciona a plena potencia y sigue el camino del resto de la serie. Es decir, hacer comedia de todo. Elementos cotidianos de los que exagera la intrínseca ridiculez que tienen o que retuerce para buscar el chiste, amén de ocasionales detalles surrealistas. No hay miedo al ridículo o a resultar irritante –adjetivos que pueden usarse para calificar la serie si no se entra en su juego–, sino una apuesta por divertir de diversas formas. Un juego de seducción al servir café, un tutorial sobre juegos de mesa o la confusión entre “artista” y “autista” pueden provocar muchas risas en las manos acertadas.

    por Anónimo
    octubre 14, 2013

    Crítica en Serie | Los informáticos (Final)

    por Anónimo | octubre 14, 2013

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