Introduce tu búsqueda

Mostra de Valencia
FICX Imatge Permanent
  • Cine Alemán Siglo XXI
    Mostrando entradas con la etiqueta Bill Ross IV. Mostrar todas las entradas
    Bill Ross IV
    Bill Ross IV
    || Críticas | 68 SEMINCI & Rizoma 2023 | ★★★★☆
    Gasoline Rainbow
    Bill Ross IV, Turner Ross
    Solo el fin del mundo


    Rubén Téllez Brotons
    Valladolid |

    ficha técnica:
    Estados Unidos, 2023. Título original: «Gasoline Rainbow». Dirección: Bill Ross IV, Turner Ross. Producción: Department of Motion Pictures. Reparto: Tony Abuerto, Micah Bunch, Nichole Dukes, Nathaly Garcia, Makai Garza. Duración: 108 minutos.

    Todo el mundo habrá escuchado alguna vez eso de que el ciclo vital de todo ser humano se podría condensar en las siguientes etapas: nacer, crecer, reproducirse y morir. El capitalismo y, en consecuencia, el consumismo, han alterado significativamente el funcionamiento de toda la sociedad y la forma de relacionarse de las personas. Que desde el mismo colegio se les enseña a los niños de forma sutil cómo funciona el sistema y se les convence de que su valor depende de sus calificaciones académicas es algo bastante evidente. Los chavales crecen pensando que no todos son iguales, que su valor depende del número que corona sus exámenes y que es legítimo reírse de aquellos que no hayan llegado al aprobado porque no se han esforzado lo suficiente y, por lo tanto, no les viene mal un pequeño correctivo. Así, los más pequeños terminan creyendo en conceptos como la meritocracia, —que se promueve ya desde las aulas, como si fuese una ciencia exacta— y asumen que puede llegar a lo más alto, que pueden bañarse en la playa del éxito, a base de sudar la gota gorda y esforzarse más que nadie. Y ese éxito lo determinan, cómo no, las posesiones materiales. Resuena entre las paredes de la memoria del que esto escribe el famoso monólogo en el que el Tyler Durden del Club de la lucha hace una descripción más o menos exacta de una generación X que tiene los mismos vicios que las que la sucedieron: «Toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos hace desear coches y ropas. Tenemos empleos que odiamos para comprar cosas que no necesitamos». Dicho de otra forma: eres lo que tienes y si no tienes nada es porque no te has esforzado. En la actualidad, el ciclo vital de una persona podría reducirse en las siguientes fases: nacer, crecer, producir y morir. En Gasoline Rainbow, Bill Ross IV, Turner Ross no sólo demuestran que hay formas de vida más allá del trabajo esclavo y la compra compulsiva, sino que encienden una hoguera de juventudes ahogadas que funciona perfectamente como contrapunto de todo lo que se considera como hegemónico.

    La cinta cuenta la historia de cinco jóvenes de Oregón que injustamente tienen tatuada en la frente la palabra fracaso y que, tras terminar el instituto, deciden coger una furgoneta y marcharse hacia la costa del Pacífico como forma de despedirse de una adolescencia cosida con hilos de dolor y angustia y de olvidarse durante unos días de que la universidad y el trabajo les acechan. La película avanza por la pantalla como un pájaro que se escapa de la jaula en la que estaba preso y emprende un vuelo libre de pudores, estigmas y miedos hacia un horizonte inalcanzable que no es tanto un fin como una excusa para emprender el viaje. Los protagonistas viven en un pequeño pueblo inundado de habladurías, cotilleos indiscretos, racismo, clasismo y soberbios juicios moralistas en el que sienten que no encajan y en el que las astillas de culpa que tienen clavadas van hundiéndose cada vez más. Algunos vienen de familias desestructuradas y desde muy pequeños se tuvieron que hacer cargo de sus hermanos, otros llevan años sin ver a sus padres después de que fuesen deportados del país y los demás, ya sea por sus gustos, por su color de piel, por sus dificultades académicas o simplemente por su forma de ser, han sufrido la soledad del que se sabe diferente, pero que lejos de vivirlo como algo positivo, lo sufre como si de un mal se tratase. Desde que eran niños, el sistema les intentó homogeneizar para que se adaptasen a la cadena productiva, para que no fuesen ese elemento disruptivo capaz de abrirle los ojos a los demás, para que no hubiese en sus gestos, en su mirada, esa chispa de excepcionalidad que todo el mundo tiene, para que creyesen que son máquinas sustituibles cuya única finalidad era producir y/o consumir.

    Su rechazo de lo hegemónico fue castigado con el ostracismo y el señalamiento, con los pétalos rotos de la incomprensión y la densidad estática del silencio. Así, su forma de rebelarse contra el sistema es marchándose hacia, en sus propias palabras, «el fin del mundo» para, sencillamente, vivir; para convencerse de que su valor no depende de sus notas, del dinero que tengan ni de lo que la gente piense de ellos; para viajar con desconocidos hasta lugares de una belleza inimaginable; para subirse a un tren que no tiene parada final; para bailar, cantar, montar en patinete, beber, salir de fiesta y disfrutar de ese milagro llamado existencia; para grabarse en la piel el recuerdo de un beso y escribir en la espalda de la noche la promesa de un reencuentro; para liberarse de todo el peso que les oprime y poder ser ellos mismos; para caminar sobre las cenizas de un sol consumido por la avaricia ajena sin preocuparse por nada. Gasoline Rainbow se mueve entre el Aullido de Ginsberg y el Imagine de Lennon; entre la rabia desesperada y la esperanza suave y tranquila; entre el desgarro abierto en locura y la certeza de que todo va a mejorar. Los directores aciertan así a componer el retrato de una juventud herida de madurez gracias, en gran medida, al totémico trabajo de sus cinco protagonistas —Tony Abuerto, Micah Bunch, Nichole Dukes, Nathaly Garcia, Makai Garza—, que se desnudan emocionalmente frente a la cámara con una naturalidad y un desparpajo admirables. ♦


    por Rubén Téllez Brotons
    enero 27, 2025

    Crítica | Gasoline Rainbow | MUBI

    por Rubén Téllez Brotons | enero 27, 2025

    Se non è vero

    Crítica ★★★★☆ de «Bloody Nose, Empty Pockets», de Bill Ross IV, Turner Ross.

    Estados Unidos, 2020. Título original: Bloody Nose, Empty Pockets. Dirección y Guion: Bill Ross IV, Turner Ross. Compañía productora: Department of Motion Pictures. Productores: Michael Gottwald, Bill Ross IV, Turner Ross, Chere Theriot. Fotografía: Bill Ross IV, Turner Ross. Música: Casey Wayne McAllister. Montaje: Bill Ross IV. Reparto: Michael Martin, Peter Elwell, Shay Walker. Presentación oficial: Festival de Sundance. Duración: 98 minutos.

    La barra del Roaring Twenties está abierta las 24 horas, aunque allí solo acuden ya les cuatro bebedores de siempre. Michael, por ende: un actor que, en un gesto de hedonismo koriniano, simplemente se dejó ir. De actor de teatro a profeta alcoholizado, Michael posee la conciencia absoluta de que podría, en efecto, tratar de cambiar su situación personal y, de hecho, sus ideas y modales evidencian una claridad insospechada. Sin embargo, todo materialismo –incluso aquel que le daría un techo y comida– queda lejos del poeta bien humorado. Convive con Pam, cuya revuelta fue, es y será hasta el día en que muera. Pura energía hippie (fracasos inclusive) que se encarna en un cuerpo generoso, en carnes y en abrazos, en risas de esas que llenan ambiente. Inmanencia y espontaneidad, pechos al aire. Bruce es más de quedarse las cosas para sí, más de musitar que de proferir. Veterano vencido por su condición de víctima perpetua, resignado a acarrear consigo el derrotismo de haber dado su juventud a una causa ajena y sin sentido, la suya es una tristeza honda. Shay les aguanta la copa y las penas desde detrás de la barra. Más joven, sobria, es la única que sueña con algún día abandonar el local y su repertorio de historias en bucle: las peroratas humanistas de Michael, los balbuceos simpáticos de Pam, los suspiros de Bruce… Etcétera.

    El Roaring Twenties vibra en perfecta armonía con la ciudad que lo aloja. Las Vegas es histriónica y trasnochada, vive socialmente enterrada en un desgaste ya ineludible pero aún brillante en su esplendor nocturno. Sea un sueño fracasado o el triunfo de la irreverencia, la urbe, como el bar y sus gentes, ya no le debe nada a nadie. Ni dinero (¿cómo pedírselo a Michael, por ejemplo, que apenas tiene donde caerse muerto?), ni urbanidad (que viva la transgresión, desde el flirteo gerontofílico hasta lo trans) ni, mucho menos, explicaciones. «Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas», reza una cartela antes de los créditos iniciales. ¿Para qué justificar que las imágenes que siguen son verdades con valor intrínseco? ¿No debería ser así para toda la no-ficción y, también, para el cine en general? Debería, efectivamente. Es tentador sacar a relucir aquel proyector primitivo de Max Skladanowsky, anterior a los Lumière y de nombre bioscopio: bio de «vida», scopei de «ver», así prometían los orígenes atisbar la vida a través de una lente. Pero no había otro camino para el cine que el artificio, la ilusión (frustrada) de realidad y el desengaño. La no-ficción se yergue, en todo caso, como eslabón natural en una historia de trucos y pequeñas mentiras blancas… De las que el Roaring Twenties, allende su naturalismo desgarrador, no escapa.

    En efecto, una sencilla criba antibulos demostraría, sin trabas, que el local no se encuentra en Las Vegas sino en Nueva Orleans, que no tiene previsión alguna de cerrar y que esa «última noche de fiesta» estuvo rodada, de hecho, durante dos madrugadas. Igualmente, ¿es menos mentira que el surtido de caracteres variopintos ante la barra fuera seleccionado por casting y que, entre elles, figuren actores profesionales? ¿Hubiera sido más lícito rehusar la ayuda de un guion que, en la cinta, vertebra fascinantes discusiones ebrio-humanistas alrededor de temas como la culpa generacional, la pertenencia y la responsabilidad social? Si la propuesta de los hermanos Ross, responsables de este pequeño truco, se hubiera comprometido a ser estrictamente real, lo más seguro es que tuviéramos una película radicalmente diferente…

    por Mariona Borrull Zapata
    junio 27, 2021

    Crítica | Bloody Nose, Empty Pockets

    por Mariona Borrull Zapata | junio 27, 2021
    Blue Heron
    PUBLICIDAD

    Estrenos

    Mostra de Valencia
    PUBLICIDAD

    Circuito

    Diputación
    PUBLICIDAD

    Plataformas

    Cap al cel
    Suscripción