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    Crisis en seis escenas

    El hotel de los líos

    crítica ★★★★ de Crisis en seis escenas (Crisis in Six Scenes).

    Amazon Studios | Estados Unidos, 2016. 1 temporada/6 episodios. Creador: Woody Allen. Director: Woody Allen. Guion: Woody Allen. Fotografía: Eigil Bryld. Montaje: Alisa Lepselter. Reparto: Woody Allen, Miley Cyrus, Elaine May, John Magaro, Rachel Brosnahan, Joy Behar, Mary Boyer, Marylouise Burke, Margaret Goodman, Julie Halston, Sondra James, Margaret Ladd, Rebecca Schull, Mary Shultz, Barbara Singer.

    Woody Allen ha ficcionalizado su persona o, cuando menos, a iconografiado la imagen que nos quiere mostrar de ella. Sus personajes parecen responder a diferentes voces de su propia conciencia que se amontonan sobre sus hombros como espectros en miniatura y, a codazos, se arrebatan el turno de palabra mientras debaten sin orden ni concierto sobre la existencia humana. El extremista, el razonable, el inseguro, el triunfador, el hipócrita… todos parecen tener algo que decir, mientras el bueno de Woody les presta atención e intenta comprender las motivaciones e inquietudes de cada uno, sin éxito, claro está. Porque en estos tiempos que corren no existe la utópica unanimidad ideológica, ni tan siquiera en sectores de pensamiento afines donde todo tiende a sub-dividirse en unidades cada vez más pequeñas, buscando un punto discordante que nos haga diferir de lo establecido originalmente, y en caso de que tal punto no existiera, inventarlo, todo sea por el bien de la confusión. Estamos ante la pérdida de la fraternidad y el comienzo del individualismo idealista; nadie da un paso al frente por defender a un camarada, puesto que de los errores de nuestros colegas ya no surgen posibles soluciones, sino formas de representación completamente nuevas, contradictorias y desligadas por completo de ese error con el objetivo de ser los líderes de un partido, o una religión, sin votantes ni feligreses. Crisis en seis escenas nos da exactamente lo que su título promete aunque, a pesar de lo que la trayectoria y la reputación de su creador puedan sugerirnos, no se trata de una de sus recurrentes crisis sobre las relaciones humanas. No podemos afirmar que, en la serie de televisión creada por Allen, estas disputas pasionales vayan a brillar por su ausencia, todo lo contrario, seguirán siendo el contexto en el que se represente el mar de inseguridades genéricas y sexuales —valga la distinción léxica— como inevitables disyuntivas sentimentales en determinadas parejas; sin embargo, esta crisis cardinal se dibuja en esta ocasión sobre un entorno mucho más político que social. 

    El guion deja claras indicaciones de este posicionamiento en uno de los primeros diálogos sobre el tema de la revolución armada.

    —Todos estamos en contra de la guerra. Todos queremos un cambio social.
    —Sí, ¿y qué hacemos al respecto? En serio, siempre nos quejamos de la guerra, de la falta de igualdad racial… pero ¿qué hacemos realmente?
    —Bueno, ¿quieres que te conteste a esa pregunta? Desde luego no ponemos una bomba. Nos levantamos un domingo y vamos a un colegio electoral a depositar nuestro voto. ¡Nosotros votamos!
    Aunque es de destacar que este mensaje tan políticamente correcto, y tan bien argumentado como irrefutable punto axiomático, capaz de zanjar, sin lugar a réplicas, cualquier discusión extremista sobre los grupos terroristas de fuerte raigambre política, también tiene su parte contradictoria —y dolorosamente cómica—.
    —Pero si ni siquiera estás registrado. Llevas sin votar desde las últimas 6 elecciones.
    —Cierto, pero ¿qué sentido tiene? Si no importa quién esté al poder, va a seguir fastidiando a los negros, haciendo a los ricos más ricos y las guerras persistirán.

    El diálogo es interrumpido en ese momento por un timbre inoportuno que nos hará quedarnos con las ganas de saber cuál era el siguiente razonamiento de Sidney J. Munsinger, un escritor frustrado que, tragándose su orgullo y sus esperanzas de erigirse en el nuevo J.D. Salinger, busca que una cadena de televisión acepte su guion para una nueva serie. Como podemos ver, el planteamiento del genio neoyorquino sigue siendo tan autobiográfico como autoparódico. Estableciendo una clara conexión antitética entre Munsinger y Salinger, ambos escritores eremitas, el primero, por necesidad, por falta de talento y de oportunidades que frustran sus esfuerzos y sus ansias de llegar a ser un autor que cambie la literatura estadounidense, y el segundo por voluntad propia, por no desear la desorbitada fama que obtuvo con su única novela. Durante estas seis escenas, que corresponden a cada uno de los seis capítulos que componen esta primera y única temporada, Allen da buena cuenta de su talento como escritor de diálogos. Las escenas, o capítulos, quedan separadas como si fueran los actos de una obra teatral. Todo sigue una lógica lineal y casi sin saltos temporales. Cada final de escena será retomado con el principio de la siguiente, mientras los protagonistas dan claras muestras de un estilo interpretativo excesivamente dramático, como se puede comprobar, de manera un tanto heterodoxa, gracias a referencias y citas explícitas de este diálogo que se pronuncian con naturalidad y acentuados cambios de intensidad vocal. Se propone una estructuración en unidades narrativas específicas, como díadas, que reproducen situaciones de confrontación irónicas y disparatadas. Todos los personajes quedan obligados a definir sus acciones y sus pensamientos con incesantes explicaciones y excusas, donde las tentativas de aclaraciones suelen terminar en enredos más profundos que los de partida, ofreciendo un sinfín de secuencias cotidianas que se yuxtaponen a teorías filosóficas exacerbadas con el propósito de generar la risa y el desconcierto del espectador.

    por Alberto Sáez Villarino
    noviembre 07, 2016

    Crítica | Crisis en seis escenas

    por Alberto Sáez Villarino | noviembre 07, 2016

    Honesta exploración tragicómica del proceso de duelo

    crítica de la primera temporada de One Mississippi.

    Amazon / 1ª temporada: 6 capítulos | EE.UU, 2016. Creadoras: Tig Notaro & Diablo Cody. Directores: Nicole Holofcener, Ken Kwapis, Shira Piven. Guionistas: Tig Notaro, Diablo Cody, Kate Robin, Cara DiPaolo, Robbie Pickering, Stephanie Allynne, Melissa Blake. Reparto: Tig Notaro, Noah Harpster, John Rothman, Rya Kihlstedt, Stephanie Allynne, Casey Wilson, Madeline Bertani, Hector Andres Lopez, Beth Burvant, Jill Bartlett, Martha Madison, Adora Dei, Riley St. John, Max Page, Ritchie Montgomery, David Huntsberger. Fotografía: Rhet Bear, Paul Koestner. Música: Marcelo Zarvos.

    Hay una prueba que uno puede hacer para determinar si le va a gustar One Mississippi. Consiste en oír Live, el monólogo en audio que le dio a Tig Notaro el último empuje que necesitaba como cómica para colocarse en un lugar de reconocimiento a nivel nacional, tras años trabajando pasito a pasito para ello. En el espectáculo, Notaro habla de la complicadísima combinación de circunstancias que agitaron su vida en 2012, cuando su madre murió y además fue diagnosticada con un cáncer de mama que requirió una doble mastectomía y casi la mata a ella también. El increíble arrojo de la mujer al contar la experiencia y la ayuda de Louis C.K. (productor ejecutivo de la comedia que nos ocupa) para distribuir el especial terminaron de convertirlo en uno de los documentos del mundillo más comentados del momento. No sorprende por tanto que alguna cadena haya acabado por proponer a Notaro la idea de trasladar su experiencia a la narrativa seriada. Y de así surge esta propuesta descompensada pero muy estimulante, que navega entre la emoción en carne viva y el humor más naturalista para ofrecer un retrato en esencia sobre el proceso de duelo de una familia. Y lo consigue, pero no con la eficacia que le gustaría, porque se le pueden poner unos cuantos peros a la comedia. En primer lugar, seis episodios es muy poco tiempo para contar lo que las creadoras Tig Notaro y Diablo Cody y la showrunner Kate Robin quieren contar, un auténtico arco de evolución y crecimiento de la protagonista desde que aterriza en su ciudad natal para asistir a las últimas horas de vida de su madre hasta que decide que Los Ángeles no es su verdadero hogar y se muda permanentemente a Mississippi. En seis episodios de media hora se pueden contar muchas cosas, como bien han demostrado los británicos con las magníficas Catastrophe (2015-) o Extras (2005-2007), pero se tiene que tener un talento especial para ello, y aquí no está presente. Aquí lo que hay es una combinación que aunque resulta efectiva también es evidente, y que se vea el encaje de bolillos a la hora de presentar una historia es de las peores cosas que le pueden pasar a un guion. Las cosas suceden en One Mississippi porque así lo han escrito un grupo de personas, no porque nos creamos que lo mostrado aquí es vida.

    Pero lo curioso es que el tono de la serie, a caballo entre la oscuridad emocional de un proceso de duelo y lo hilarante que resulta el mundo que rodea a Tig, es el certero tono que tiene la vida y pretende emular la arbitrariedad de nuestra existencia, donde es cierto que muchas cosas suceden de manera inesperada y están fuera de nuestro control. Pero por mucho que dicho tono sea creíble, la traslación se queda corta. Esto se puede ver especialmente en las chirriantes escenas oníricas (con alguna excepción que de hecho es tan poderosa que justifica su presencia: el momento final en el cementerio), que fallan en la diana de la comedia y resultan incómodas. Al final los puntos álgidos de la serie son las escenas domésticas, donde Tig interactúa con su peculiar padrastro Bill (qué voz tiene John Rothman) y con su hermano Remy, y desentrañan con el tiempo el misterio que era la mujer fallecida, fascinante fantasma lleno de secretos y que una excelente Rya Kihlstedt encarna en flashbacks y momento oníricos para nuestro deleite, y cuya importancia radica en la exploración de la idea de que en realidad no conocemos a las personas. Porque cada uno es un mundo, y cuando faltan la construcción de dicho mundo se puede ver tanto el poso que dejan en los que se quedan por detrás como en los recuerdos que atesoramos sobre nuestra relación con ellos. Y de esto tan complejo habla One Mississippi, pero con una falta de recursos creativos que hacen que la brillante idea no reluzca lo suficiente. Las conversaciones que quieren fluir con naturalidad a veces caen en lo ortopédico, y tres horas de metraje total no son suficientes para tocar todos los clímax emocionales que los guionistas quieren sin que se antoje forzado, por lo que se deja al personaje de Remy en la situación más coja. Hay una clara indefinición en la comedia dramática, la búsqueda de esa adecuada forma de relatar lo que se quiere, y que hace que lo episódico (la vecina y el sillón) conviva con lo serializado (la subtrama del abuso sexual, las historias radiofónicas) en disonancia. Y aun con todo esto se salva y mucho de la quema, porque la honestidad de lo contado y la falta de afectación o golpes bajos para buscar la lágrima fácil es digna de todos los elogios. Con un material tan inflamable en las manos, muchos hubieran descarrilado, pero aquí se obra el milagro –quizá por parte de algo tan personal para la propia Notaro– y la sensación que deja de experimentar una catártica llantina es legítima. Si renueva, que esperemos que sí, hay desajustes que corregir, pero el material de base es tan poderoso que merece la pena seguir contando estas historias. | ★★★ |


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla


    por Anónimo
    septiembre 29, 2016

    Crítica en serie: One Mississippi (1ª temporada)

    por Anónimo | septiembre 29, 2016
    Mozart in the Jungle

    El temporal encanto de un perfume

    crítica de Mozart in the Jungle | Segunda temporada.

    Amazon / 2ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2015. Directores: Paul Weitz, Tricia Brock, Roman Coppola, Adam Brooks, Jason Schwartzman. Guionistas: Roman Coppola, Jason Schwartzman, Alex Timbers, Paul Weitz, Adam Brooks, Kate Gersten, Stuart Blumberg, David Iserson, Rachel Axler, Matt Shire. Reparto: Lola Kirke, Gael García Bernal, Saffron Burrows, Bernadette Peters, Malcolm McDowell, Hannah Dunne, Mark Blum, Debra Monk, Joel Bernstein, John Miller, Brennan Brown, Gretchen Mol, Sandro Isaack, Philip Jackson Smith, Ken Barnett, Aaron Moten, Jason Schwartzman, Jennifer Kim, Peter Vack. Fotografía: Tobias Datum. Música: Roger Neill.

    La burbuja se ha reventado, algo que visto en perspectiva podía pasar (aunque uno no deseaba que fuera tan pronto). La segunda temporada de Mozart in the Jungle es, digámoslo de entrada, inferior a la primera en casi cualquier aspecto. Solo resulta igual de buena en el magnífico trabajo de su elenco y la reivindicación de la música clásica, y si acaso destaca en especial es por el nuevo diseño de cabecera y títulos de créditos finales, que siguen la estela Fantasia (Varios directores, 1940), la extraordinaria rareza de Disney, en cuanto a la intrínseca unión de nota musicales y explosiones de color. En el resto de los elementos, los creadores Roman Coppola, Jason Schwartzman, Alex Timbers y Paul Weitz han entregado un trabajo irregular, que avanza en lo narrativo a trompicones y que tiene la equivocada idea de que ser sutil es lo mismo que ser mínimo. Por eso, existe una trama central de peso (la orquesta amenaza con hacer huelga porque quieren una mejora de las condiciones de trabajo, lo cual rechaza la junta directiva) y el resto es un juego de amoríos y vaivenes sentimentales que aunque tienen su encanto, no dejan de parecer alargados para rellenar minutos. Y es una pena, sobre todo cuando la serie y el maravilloso Gael García Bernal acaban de recibir sendos Globos de Oro en la categoría cómica, lo cual esperamos le garantice al proyecto una tercera temporada.

    En su apariencia más superficial, la serie parecería seguir el camino marcado por la primera y estupenda tanda, uno que combina un sentido del humor excéntrico con un reflejo certero de la sacrificada profesión del músico en pleno siglo XXI. La mezcla de un envoltorio exquisito y el interés de hacer una encantadora comedia romántica en un ambiente peculiar estaban presentes, pero el problema es que pasan los episodios y todo se queda en lo anecdótico, sin llegar casi nunca a lo trascendental. Los múltiples personajes entran y salen de las escenas sin parar, y comentan lo que les pasa y lo que piensan, pero todo parece más un mínimo para pasar a la siguiente escena que otra cosa. Es extraño, y lo peor es que parece hasta el trabajo de un grupo de guionistas perezosos, faltos de ideas. Lo cual es curioso porque en la temporada no paran de suceder cosas, pero es complicado que hagan mella cuando se pasa tan por encima de todo. El interés es resolver la cuestión de la huelga y dilucidar si Rodrigo y Hailey pueden o no estar juntos. Poco más, narrativamente hablando. Pero Mozart in the Jungle no se puede despreciar del todo, ya que hablamos de una serie en la que genios como Mozart, Beethoven o Tchaikovsky son mentados y reconocidos como tal. Una comedia que dedica tiempo de su metraje a uno de los grandes placeres de la vida: escuchar música. Y que hace que músicos y compositores actuales (Anton Coppola, Lang Lang, Emanuel Ax, Joshua Bell, Alan Gilbert, Andrew Andrew) desfilen ante sus cámaras, reivindicándose su talento y poniendo un rostro a lo intangible de su trabajo. Son intenciones tan loables que hacen imposible odiarla, pero que sí hacen una experiencia frustrante el hecho de que la calidad de la historia haya caído así. A falta de mayor fuerza estructural, cuando más brilla todo es cuando se cultivan los pequeños grandes momentos. La visita a la abuela de Rodrigo, Bradford escuchándose entrevistando a su padre de niño, la relación entre Gloria y Pavel y algunas perlas más puntúan el transcurrir de los episodios, que están hechos con tal primor que se pasan volando.

    Hailey ha experimentado la mayor evolución como personaje, entrando de nuevo en el mundo de la soltería (a través de una no muy trabaja salida de Alex de la serie, todo hay que decirlo) y con la determinación de experimentar un poco el mundo. Si Hailey es esa Blair Tindall cuyo libro sirve de inspiración a Mozart in the Jungle, se entiende que los responsables de la comedia dediquen buena parte del tiempo a hacer una crónica de su vida y los cambios experimentados al entrar en la Orquesta. Era nuestro punto de entrada a este curioso mundo, pero la mirada pronto se volvió coral, y la chica no necesitar estar en cada escena ni tener todas las respuestas. La audiencia es la que más sabe, y la que la está viendo crecer y cometer algunos errores. Beber un poco más de la cuenta pero mantener la cabeza fría cuando toca. Y sobre todo maravillarse ante todo lo asombroso que tiene que ofrecer el mundo aquí retratado, donde el talento y el trabajo duro tienen recompensa. Es una filosofía estupenda y es genial que se transmita, pero no debería ahogarse entre tanta crónica rosa y cotilleo. Quizá es que fuera inevitable que una serie que conjuraba algo tan peculiar como lo que conjura ésta acabara por derrumbarse, o al menos una de sus partes. Era un encanto que funciona como una fragancia, embriagadora de entrada pero proclive a no dejar huella cuando pasa el tiempo. Estrenada casi de tapadillo el pasado 30 de diciembre, cuando se había anunciado para enero de 2016, esta segunda tanda ha sido peor, y eso es innegable, pero no todo está perdido. A no ser que sus responsables decidan lo contrario o que Amazon no vea rentable una renovación, tendremos una tercera temporada y una nueva oportunidad para tratar de conjurar esa magia de nuevo. Es difícil de describir qué tenía de grandiosa esta historia en su comienzo, pero el hecho de que de vez en cuando podamos seguir viéndola en chispazos intermitentes aquí y allá prueba que el talento para hacerlo está ahí. | ★★★ |


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla


    por Anónimo
    febrero 02, 2016

    Crítica en serie | Mozart in the Jungle (T2)

    por Anónimo | febrero 02, 2016
    Transparent

    Amor, curiosidad, prozac y dudas

    crítica de Transparent | Segunda temporada.

    Amazon | Estados Unidos. Año de producción: 2015. Dirección: Jill Soloway, Andrea Arnold, Jim Frohna, Marielle Heller, Silas Howard, Stacie Passon. Guion: Jill Soloway, Bridget Bedard, Micah Fitzerman-Blue, Noah Harpster, Ethan Kuperberg, Ali Liebegott, Faith Soloway, Arabella Anderson, Our Lady J. Compañía productora: Amazon. Premios: 2015: 2014: 2 Globos de Oro: Mejor serie de TV - Comedia y Mejor actor (Tambor)/ 2014: Satellite Awards: Mejor Serie de TV - Comedia y Mejor actor (Tambor) / 2015 Emmy: Mejor actor (Tambor), dirección y actor invitado (Whitford) / 2015: Premios Gotham: Nominada a Serie de TV revelación / 2015: Globos de Oro: Nominada a Mejor serie de TV - Comedia y actor (Tambor) / 2015: Satellite Awards: Nominado a Mejor actor serie comedia (Tambor) / 2015: Directors Guild of America (DGA): Nominado a Mejor director serie comedia/ 2015: Critics Choice Awards: Mejor actor comedia (Tambor) / 2015: Sindicato de Actores (SGA): 2 nom. inc. Mejor reparto (Serie TV- Comedia) Productores: Jill Soloway, Victor Hsu, Aaron Miller, Joan Scheckel, Andrea Sperling, Rhys Ernst, Rick Rosenthal, Bridget Bedard, Zackary Drucker, Jennifer Corey, Emily Fenster, Micah Fitzerman-Blue, Esti Giordani, Catherine Haight, Noah Harpster, Blair Skinner. Fotografía: Jim Frohna, John Guleserian. Música: Dustin O'Halloran. Montaje: Catherine Haight, Hilda Rasula, Sunny Hodge. Dirección artística: Macie Vener. Vestuario: Marie Schley, Nancy Gould. Reparto: Jeffrey Tambor, Amy Landecker, Judith Light, Gaby Hoffmann, Jay Duplass, Alexandra Billings, Kathryn Hahn, Carrie Brownstein, Melora Hardin, Rob Huebel, Zackary Arthur, Kiersey Clemons, Emily Robinson, Bradley Whitford, Trace Lysette, Alyvia Alyn Lind, Cherry Jones, Alex MacNicoll, Brett Paesel, Clementine Creevy, Noah Harpster, Hari Nef, Mel Shimkovitz, Tig Notaro, Michaela Watkins, Jason Mantzoukas, Julia Butters, Ali Liebegott, Ethan Sandler. Duración: 10 capítulos, 30 min.

    Decía Anna Karenina que todas las familias felices parecen iguales, pero las infelices lo son cada una a su manera. Sustituyan infeliz por compleja y tendrán a los Pfefferman, la genuina familia judía de Los Ángeles que comenzamos a conocer a fondo en la primera temporada de Transparent. Esta explosiva combinación cómica y dramática de Amazon, ganadora en su lanzamiento de un Globo de Oro a la Mejor Comedia y al Mejor Actor –totalmente merecido por el colosal Jeffrey, Tambor, protagonista a pesar de lo coral del reparto–, acertó en su prisma innovador y su planteamiento naturalista, sacando a la luz del espectador televisivo la visibilización de la transexualidad, la homosexualidad en la tercera edad o los conflictos internos en torno a la monogamia o la fidelidad. Cuando terminó la primera entrega, cada subtrama nos dejó diversos frentes abiertos a cuyos avances estábamos deseando hincar el diente. Un año después, nos hemos encontrado con una propuesta narrativa más sólida y madura, en la que la faceta dramática supera con creces a la humorística –pese a que cada capítulo contiene múltiples destellos cómicos y diálogos hilarantes–, y la profundidad psicológica de los personajes se ha acrecentado. Maura ha apuntalado su identidad como mujer, y de aquel Morty profesor de universidad jubilado sólo quedan un puñado de rasgos físicos masculinos y los viejos miedos acerca de la visibilidad, el encontronazo y la aceptación de miembros de la familia como su anciana madre o su hostil hermana, con las que no tiene apenas relación. La recién divorciada Sarah –una Amy Landecker que se come el papel en esta segunda entrega–, ya lejos de la clandestinidad del armario está a punto de casarse con Tammy, aunque las dudas la acechan; Josh –un Jay Duplass con menor protagonismo en una temporada en la que el componente femenino y la perspectiva de género están mucho más acentuados– prosigue su relación con la rabino, a la que ha dejado recientemente embarazada, y la extravagante Ali –junto a su padre, el personaje más auténtico de Transparent, interpretado con absoluta genialidad por parte de Gaby Hoffman– prosigue sus estudios feministas de forma paralela a la exploración de su fluida y abierta sexualidad.

    La segunda tanda de episodios de Transparent confirma que hay pocas producciones en la actualidad que derrochen a la vez tanta ternura y autenticidad. Una autenticidad que emerge de sus imperfectos e impulsivos personajes, repletos de carencias emocionales, conflictos existenciales acerca de su pasado, presente y futuro, pánico social a la aceptación y frustraciones que deberán resolver a partir del ensayo y error, como todo ser humano. ¿Será Tammy la verdadera alternativa al fracaso matrimonial de Sarah? ¿Cómo será capaz de conducir Josh la compleja relación con su hijo adolescente, fruto de una experiencia sexual en la pubertad con su moralmente reprobable cuidadora? ¿De qué manera guiará Ali el rumbo de sus nuevas atracciones sexuales o su involuntario desdén hacia las relaciones monógamas, además de su incipiente preocupación por sus raíces judías? Y Maura, esa Maura que nos hace sonreír, llorar y emocionarnos a lo largo de toda la serie por su valentía, sufrimiento y carácter, ¿cómo decidirá el camino de su proceso de reasignación de género? ¿Cómo afrontará la pérdida de privilegios patriarcales o el enfrentamiento con el sector más conservador de su familia? También cabe destacar el papel de Judith Light nominada a un Globo de Oro como mejor actriz de reparto, que tras la muerte de su anterior pareja, encaminará su relación con Maura por un sendero menos convencional y no exento de baches. Las emociones contrapuestas, la gestión de los bajos instintos y la conexión sentimental que existe entre todos los protagonistas –esta temporada menos egoístas y con más empatía entre si que en la anterior entrega, como demuestran entrañables escenas como el memorándum de la infancia de los tres hermanos en la piscina o el entramado de confidencias entre Sarah y Ali– componen el curioso tapiz de una familia disfuncional que nos hace cuestionarnos a medida que avanzan sus episodios eso de: ¿pero qué familia no lo es? Bajo el auspicio de una gran banda sonora en la que podemos encontrar a artistas como las Indigo Girls o Alice Boman, los Pfefferman nos conmueven, divierten y encandilan a pesar de todo, pese a su idiotez y egoísmo, sus lastres y sus abruptos vaivenes emocionales. Todo ello gracias a los diálogos y los guiones de un equipo que lidera Jill Soloway, ya experta en complejas amalgamas familiares desde la oscura y excepcional A dos metros bajo tierra (2001-2005).

    por Anónimo
    enero 25, 2016

    Crítica en serie | Transparent (T2)

    por Anónimo | enero 25, 2016

    La fe como excusa

    crítica de Hand of God | Temporada 1.

    Amazon / 1ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2015. Creador: Ben Watkins. Directores: Marc Forster, Richard J. Lewis, Sarah Pia Anderson, Ernest R. Dickerson, Andrew Bernstein, Peter Medak, Mario Van Peebles, Stephen Williams, Brad Anderson. Guionistas: Ben Watkins, Daniel Tuch, Becky Hartman Edwards, Sam Forman, Deborah Schoeneman, Mark Hudis, Ben Cory Jones, Theresa Rebeck & Ali Garfinkel como argumentista. Reparto: Ron Perlman, Dana Delany, Andre Royo, Alona Tal, Garrett Dillahunt, Emayatzy Corinealdi, Julian Morris, Elizabeth McLaughlin, Cleavon McClendon, Johnny Ferro, Elaine Tan, Wes Chatman, Maximilano Hernández, Emilio Rivera, Jon Tenney, Erykah Badu, Hunter Parrish, Tommy Day Carey, Holly Marilyn Solem, Roya Semnanian, Louisa Abernathy, Julian Acosta, Anthony Starke, Kendre Berry, Eric J. Krueger, DJ Robinson, Sean Hartman, Holger Moncada Jr., Obba Babatundé. Fotografía: Rasmus Heise, Matthias Koenigswieser. Música: Marc Streitenfeld.

    Si se revisa la crítica del piloto de Hand of God, se puede notar la incredulidad –nunca mejor dicho– de este crítico ante una propuesta que aunque parecía atractiva auguraba un desarrollo más bien formulaico. Vista la temporada, sí que se pueden apreciar rasgos de manual de guion en el trabajo de la sala que lidera el creador Ben Watkins a la hora de desarollar las diferentes subtramas, pero finalmente ha ganado el talento y la conseguida calidad que tiene Hand of God, un proyecto que nace con ganas de incordiar y que plantea cosas de lo más interesantes. El poder, la fe, la culpa, las cargas de lo masculino, la paternidad o la corrupción son algunos de los temas que integra en su trama, que cuenta cómo un poderoso y corrupto juez tocado por un intenso trauma personal empieza a percibir signos que interpreta como la intervención de Dios en su vida. ¿Dios le habla o no? Sobre esa cuestión van a gravitar esta decena de episodios, cuya construcción se revela más firme de lo que parecía conforme pasa el tiempo, y que logra cimentar un atractivo último grupo de capítulos, hasta la culminación en un cliffhanger que no por previsible es menos efectivo.

    El camino hasta llegar a ese punto final está compuesto de la habitual mezcla de dudas y tenacidad que suelen tener las primeras creaciones de una persona. Tras trabajar durante años como actor, Ben Watkins empezó a escribir en Último aviso (2007-2013), y parece que ha decidido seguir en esa tendencia, algo que a veces sucede en el mundo de la televisión. Su apuesta por la narración semi-coral (la serie tiene ocho protagonistas fijos y unos pocos más como frecuencias presentes, y muchos tienen subtrama propia además del tronco argumental principal) y volver a los mismos puntos argumentales y afrontarlos desde varios ángulos es propio de un principiante, pero el talento interpretativo de los convocados hace que lo que es algo tópico pueda resultar vibrante, real. En especial destacan los trabajos de Dana Delany, Garrett Dillahunt y Emayatzy Corinealdi, espléndidos todos dando tortuosa vida y alma a unos personajes que, como mandan los cánones, están tocados por la desgracia. El juez Pernell Harris como epicentro de una historia que encuentra en su vulnerable estado emocional el ancla sobre la cual construir esta tragedia sobre la (im)posibilidad de las segundas oportunidades.

    por Anónimo
    enero 24, 2016

    Crítica en serie | Hand of God (T1)

    por Anónimo | enero 24, 2016
    Hand of God

    La locura de la fe

    crítica a Hand of God (2015-) | Episodio piloto.

    Amazon | EE.UU., 2015. Director: Marc Forster. Guión: Ben Watkins. Reparto: Ron Perlman, Dana Delany, Andre Royo, Alona Tal, Garrett Dillahunt, Julian Morris, Elizabeth McLaughlin, Emayatzy Corinealdi, Wes Chatman, Maximilano Hernández, Emilio Rivera, Julian Acosta, Cleavon McClendon, Elaine Tan, Johnny Ferro. Fotografía: Matthias Koenigswieser. Música: Marc Streitenfeld.

    Con algunas excepciones tanto en el mundo de las series —Salvando a Grace (2007-2010), policíaco de TNT altamente recomendable— como en cine —desde la impecable Juana de Arco (1928) de Carl Theodor Dreyer hasta el extraordinario Teniente corrupto (1992) de Abel Ferrara—, la cuestión de la fe y la espiritualidad se aborda de manera pobre y fallida, ya sea como un signo de posible locura, con el rechazo automático por parte del entorno de un personaje que encuentra en la religión una respuesta o consuelo, o como la repetición de una serie de consignas mil veces oídas que no tienen impacto alguno. Hand of God, drama de Amazon que obtuvo una temporada completa tras el paquete de pilotos estrenados el 28 de agosto de 2014, añade esa lectura desde su propia concepción. Un poderoso y corrupto juez tocado por un intenso trauma personal empieza a percibir signos que interpreta como la intervención de Dios en su vida. El creador Ben Watkins no pierde el tiempo en dar a la audiencia la explicación alternativa al alterado estado de ánimo de Pernell cuando el doctor ofrece su diagnóstico en el desenlace de este enérgico episodio piloto, pero también juega con el espectador al ofrecer un par de minutos después un cliffhanger no especialmente novedoso pero que siembra la duda en cuanto a la naturaleza real de esos designios. Pernell Harris como Salomón del siglo XXI (con un Benaía a su lado como afortunada presencia secundaria, un violento convicto que le hace el trabajo sucio) o como un padre en pleno colapso mental. En cualquier caso, la intriga sirve para poner en pie un buen rato de televisión.

    Y es que este arranque, de 66 minutos de duración y dirigido por el inquieto cineasta Marc Forster (capaz de llevar a buen puerto acción, drama o épica intimista), conjura un punto de partida fácil de seguir y con los elementos necesarios para enganchar y que el espectador quiera —al menos— un poco más. La idea de ver cómo un individuo poderoso se derrumba y el ambiente de lujo en que vive y sus alrededores personales reaccionan ante ello es atractiva, y más cuando entran en medio las brutales circunstancias que sacudieron la vida de los Harris siete meses antes, cuando un (o un grupo de) atacante(s) violó a la joven Jocelyn y obligaron a Pernell Junior –PJ– a mirar, lo cual parece conducir a un fallido intento de suicidio del chico una semana antes del arranque de la acción. Una de las cosas más interesantes que proponen los responsables de Hand of God es que la acción comienza in media res y todo lo relatado lo aprendemos conforme avance el metraje, pero nunca de forma forzada. La serie empieza con la potente imagen de nuestro protagonista desnudo en una fuente pública en plena mañana y hablando en lenguas muertas, y de ahí prosigue desvelando la información necesaria poco a poco y estableciendo las que seguramente serán las grandes subtramas de los nueve episodios restantes. Esta operación cae a veces en la obviedad y nos hace darnos cuenta de que estamos viendo un episodio piloto y que Watkins ha mirado algún que otro manual de guionista, pero se puede achacar al hecho de que ésta es su primera serie propia, habiendo trabajado anteriormente en Último aviso (2007-2013) durante toda su andadura. Lo importante es que el material de partida promete un drama interesante, capaz de ir a los extremos (los pinchazos al pie, el desnudo del policía) sin que parezca azaroso, apostando por una rigurosa viabilidad. Amazon amplía su oferta de contenido con una original exploración –al menos desde la premisa– de la cuestión de la religión, aunque el cinismo con que todo parece planeado no alberga muchas dudas sobre los caminos que puede seguir la historia en cuanto a la realidad o alucinación de la mentalidad de Pernell. Mientras tanto, queda comprobar cómo un gigante cae poco a poco, herido donde menos lo esperaba. Y a eso merece la pena darle una oportunidad. [75/100].


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla


    por Anónimo
    octubre 07, 2015

    TV Review | Hand of God (Amazon)

    por Anónimo | octubre 07, 2015
    Bosch

    Hacer justicia es agridulce

    crítica a Bosch (2015) | Primera temporada

    Amazon / 1ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2015. Creador: Eric Overmyer, basado en las novelas de Michael Connelly. Directores: Jim McKay, Kevin Dowling, Ernest Dickerson, Roxann Dawson, Alex Zakrzewski, Matt Earl Beesley, Thomas Carter. Guionistas: Eric Overmyer, Michael Connelly, Tom Smuts, Diane Frolov, Andrew Schneider, George Pelecanos, William N. Fordes, Jennifer Ames, Steve Turner, Joe Gonzalez, Terrill Lee Lankford. Reparto: Titus Welliver, Jamie Hector, Annie Wersching, Lance Reddick, Amy Aquino, Troy Evans, Scott Klace, Jason Gedrick, Deji LaRay, Mark Derwin, Rose Rollins, John Eddins, Gregory Scott Cummins, Steven Culp, Sarah Clarke, Madison Lintz, DaJuan Johnson, Adam O`Byrne, Alan Rosenberg, Mimi Rogers, Veronica Cartwright, Pat Skipper, Jenica Bergere, Shawn Hatosy, Jeff Griggs, Mary Page Keller, Robbie Jones, Scott Wilson. Fotografía: Patrick Cady, Paul Sommers, Eric Alan Edwards. Música: Jesse Voccia.

    Bosch ha llegado a Amazon con una gran responsabilidad, y la vez mucha suerte. El portal de contenido online continúa su camino en la producción de series originales, destacando las grandiosas Alpha house (2013-) o Mozart in the Jungle (2014-) y con dos Globos de Oro, incluido Mejor serie, por Transparent (2014-). Como todas sus apuestas de 2014, Bosch ha sido estrenada entera el mismo día, y fue la positiva respuesta de los usuarios en las primeras muescas la que determinó que la cadena diera luz verde a su primer drama. Creada por Eric Overmyer, que adapta varias novelas policiacas de Michael Connelly con Heronimo “Harry” Bosch de protagonista –concretamente se toman ideas y tramas de La rubia de hormigón (1994), Ciudad de huesos (2002) y Echo Park (2006)–, la serie estrenó su piloto en febrero del año pasado, y el recibimiento hizo que se ganara una temporada de nueve episodios más, además de volver a rodar partes del piloto para sustituir algunos intérpretes y reescribir y eliminar subtramas. Algo habitual en el sistema televisivo norteamericano pero que los espectadores no solemos ver. El sistema que usa Amazon, estrenar una decena de pilotos al año para que sea la audiencia quien decida, permite ver este tipo de cambios, algo en realidad negativo pero que no pueden evitar. Es un mal menor. Aunque también han empezado a dar luz verde a temporadas directamente, como la serie de Woody Allen. La carga de Bosch era ser el primero, aunque ya no el único, drama del portal online. Y vista la primera temporada, se merece otra más porque apunta cosas muy interesantes y no habituales en el subgénero. La presentación y resolución de las tramas generales queda algo deslucida emplazada dentro de la temporada como un todo, pero en medio hay una materia dramática de alta calidad.

    A lo largo de diez capítulos muy entretenidos y bien equipados para aprovechar cada segundo de metraje, algo que puede parecer obvio pero que en muchas series no pasa, Bosch expondrá varios casos para crear misterio, un juicio por posible asesinato y no defensa propia, tratará con las altas esferas políticas y policiales y tendrá tiempo para tratar de desentrañar la psique de su complejo protagonista. Interpretado por un Titus Welliver que masca y gesticula microemociones con gran talento, Harry es un buen policía que juega con la ley por lo que percibe como una necesidad. Se rige por un retorcido sentido del honor, que le hace ser hipócrita y egoísta porque está sirviendo la misión de dar justicia a los muertos. En sus contradicciones, resultado de una infancia dura y un rechazo natural a la autoridad impuesta a la fuerza, viviremos durante cada episodio, creando ante todo un potente retrato de personaje, un hombre que no lidia con sus sentimientos. Un personaje que apetece seguir, y además Overmyer construye a su alrededor un grupo de secundarios que también resaltan, de forma que hay personalidades donde elegir y contrastar. Secundarios que representan piezas distintas dentro de la panorámica del departamento de policía de una ciudad como Los Ángeles, y la vida de sus integrantes cuando están en una profesión tan peculiar.

    por Anónimo
    marzo 17, 2015

    Crítica en serie | Bosch / Temporada 1

    por Anónimo | marzo 17, 2015

    Elogio al arte y al trabajo duro

    crítica a Mozart in the Jungle (2014-) / ★★★★

    Amazon / 1ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2014. Directores: Paul Weitz, Bart Freundlich, Daisy von Scherler Mayer, Tricia Brock, Roman Coppola, Adam Brooks, Daryl Wein. Guionistas: Roman Coppola, Jason Schwartzman, Alex Timbers, Paul Weitz, John Strauss, Mark Steilen, David I. Stern, Nikki Schiefelbein, Adam Brooks, Kate Gersten, Paula Yoo como argumentista. Reparto: Lola Kirke, Gael García Bernal, Saffron Burrows, Hannah Dunne, Bernadette Peters, Peter Vack, Mark Blum, Malcolm McDowell, Debra Monk, Joel Bernstein, John Miller, Jennifer Kim, Nora Arnezeder, Brennan Brown. Fotografía: Ben Kutchins. Música: Roger Neill.

    Por series como Mozart in the Jungle existen sitios como Amazon. ¿Qué cadena iba a comprar una comedia sobre los esfuerzos de una oboísta por entrar en la Sinfónica de Nueva York, coincidiendo con el cambio de director de ésta? Una serie donde, milagrosamente, se reivindica la importancia y belleza de la música clásica, donde se dedican minutos de metraje a entender el método detrás de las actuaciones y hasta se recogen parte de esas actuaciones. Desconozco si la idea se trató de vender a las cadenas por cable más prestigiosas o si la aparición de Amazon fue lo que terminó de redondear el trato para sus responsables, pero el potencial marginado de una serie así habría espantado hasta los nombres más importantes. Pero no a Amazon. La flamante ganadora de un Globo de Oro a la Mejor comedia de 2014 (Transparent), que acaba de lograr un hito histórico al fichar a ¡Woody Allen! a hacer una serie con ellos, es perfecta para Mozart in the Jungle porque buscan ser el lugar donde series así de minoritarias puedan convertirse en mayoritarias. Adaptación del libro de 2005 “Mozart in the Jungle: Sex, Drugs, and Classical Music”, escrito por Blair Tindall retratando sus experiencias como oboísta en la Gran Manzana, la serie se las ingenia para ser exquisita, realista, divertida, honesta e inteligente. Lo más curioso es que no tiene a nadie acreditado como creador, aunque el primer capítulo lo firma el trío Roman Coppola & Jason Schwartzman & Alex Timbers (dramaturgo) y lo dirige Paul Weitz, también parte de la sala de guionistas. Los cuatros están involucrados en la serie en distinas facetas (directores, actores, guionistas, productores), pero la ausencia de ese crédito llama la atención, porque no suele darse en series americanas. Sí en las británicas, y aunque esto no sea premeditado, quizá sea inconscientemente parte de la inspiración europea que los trabajos detrás de las cámaras de Coppola y Schwartzman suelen tener, sobre todo en sus colaboraciones con el nominado al Óscar Wes Anderson.

    La serie arranca cuando paralelamente la joven Hailey entable amistad con Cynthia, que toca en la Sinfónica de Nueva York, y la directora del lugar decida jubilar al legendario Thomas Pembridge para sustituirlo con el joven prodigio Rodrigo D`Souza, representante de una manera más moderna pero igualmente respetuosa de entender la música clásica. Desde el principio la serie deja clara su apuesta por el elogio al arte, la creatividad y la renovación de las arcaicas posiciones que temen el cambio. Con lo que se transmite al espectador no docto como un profundo conocimiento de causa, la comedia avanza con frescura, retratando una panoplia de personajes excéntricos (¿no hay que serlo un poco para querer ganarse así la vida en pleno siglo XXI?) y adorables en sus pecualiaridades, y logrando un tono perfecto que equilibra emoción y humor para hablar de todo lo que hablan. El trabajar sin descanso para perfeccionar una habilidad (ese incesante paneo de Hailey practicando en habitación), el sentir pasión por aquello a lo que dedicas tu vida, la tonta parafernalia generalizada que rodea algunas cosas para poder comercializarlas, la importancia del trabajo en equipo, el respeto por nuestros maestros, el dudoso estado de la juventud neoyorquina (y por extensión, norteamericana), el desgaste físico en los músicos o la proliferación de los podcast son solo algunos de los puntos que trata Mozart in the Jungle con gracia pero nunca intención de burla, consiguiendo por el camino algunos hallazgos inolvidables.

    por Anónimo
    enero 25, 2015

    Crítica en serie | Mozart in the Jungle (Temporada 1)

    por Anónimo | enero 25, 2015
    Alpha House

    Los memos que nos gobiernan

    crítica a Alpha House (2013-) | Temporada 2

    Amazon | 2ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2014. Creador: Garry Trudeau. Directores: Michael Mayer, Andrew McCarthy, Michael Pressman, Jann Turner, Bob Balaban, Antoine L. Douaihy, Adam Bernstein. Guionistas: Garry Trudeau, Will Graham. Reparto: John Goodman, Clark Johnson, Matt Malloy, Mark Consuelos, Yara Martínez, Alicia Sable, Brooke Bloom, Julie White, Ben Rameaka, Natalie Gold, Amy Sedaris, Kobi Libii, Wanda Syker, Willa Fitzgerald, Janel Moloney, Lila Newman, Tony Plana, Penn Jillette. Fotografía: Patrick Capone. Música: Anton Sanko.

    Primera serie de Amazon en conseguir una segunda temporada, Alpha House es una extraordinaria comedia sobre los entresijos del partido republicano que, al contrario que Veep (2012-) o House of cards (2013-), también magníficas en lo suyo, trata del presente real, con referencias directas a personas y una pléyade de cameos de personalidades políticas y de los medios. Todo para dar una conseguida sensación de verismo, que parte de la experiencia del estupendo creador Garry Trudeau, caricaturista y experto en sátira política. Flamante Premio Pulitzer por su trabajo en las tiras cómicas, Trudeau exhibe en la serie una talento especial para el chiste nada obvio, el humor contado desde la mayor seriedad y el reflejo de lo inherentemente absurdo que trae el trabajo de un político, y más en un momento como el actual, donde el escrutinio público nunca termina. El creador cuenta las andanzas de cuatro senadores que comparten piso en Washington, con perfiles públicos y personalidades completamente opuestas. Todos tienen sus tramas independientes, pero también cruzan los destinos en más de una ocasión. El mérito del creador, cuya sala de guionistas está formada de asesores expertos en los temas tratados para terminar de retocar las historias, es equilibrar las muchas cosas que pasan en los 25/30 minutos de rigor por episodio sin que nada ni nadie esté descuidado y todo tenga sentido. Si ya la primera temporada era un prodigio de humor, inteligencia, sorna y lucidez, la segunda es la confirmación del tono y la aplastante seguridad que da un trabajo muy bien hecho.

    Esta nueva tanda, que a diferencia de la primera se ha estrenado al completo el mismo día, retoma la acción de nuestros protagonistas en línea recta, siguiendo el devenir de sus vidas y las circunstancias profesionales en las que se encuentran. La gran diferencia es que se acercan las elecciones a sus puestos en el Senado, de manera que una de las grandes historias será ver a Gil John combatir más seriamente al coronel Grimmel por el escaño de Carolina del Norte; a Louis aguantar las ocurrencias de Penn Jillette por el puesto en Nevada y a Robert sufrir en el último momento por un sorprendente contrario por su escaño de Pennsylvania. Cada una de esas campañas, unida a la trama de Andy y su “Gaffergatte” y posteriores consecuencias de su adicción al sexo, sirven para evidenciar lo ridículo de una profesión ejercida sin el ánimo de servir al pueblo. Al pueblo que elige, para más inri. Mientras el mundo se mueve a su alrededor, estos empleados públicos van a la oficina, lidian con la prensa, intercambian favores, mienten con una sonrisa falsa y ponen trabas a Obama. Que John McCain se haya prestado a hacer de sí mismo en The retreat (2.6) da una idea de la popularidad de la serie en el Capitolio, y es que su tono de cachonda seriedad es irresistible. Con unos perfectos John Goodman, Clark Johnson, Matt Malloy y Mark Consuelos liderando un reparto impecable, mezcla de gente con diferentes grados de popularidad, los personajes nunca parecen caricaturas (el soaking es real, que sea una memez es culpa de los mormones). La escritura y la música de Anton Sanko lo podrían propiciar, pero se nota que Trudeau está en plena simbiosis con su gente de casting y el tono elegante del conjunto es casi otra arma cómica.

    por Anónimo
    diciembre 03, 2014

    Crítica en serie | Alpha House (Temporada 2)

    por Anónimo | diciembre 03, 2014
    Transparent (Temporada 1)

    Egocentrismo y transformación indie

    crítica a Transparent (2014-) | Primera temporada. | ★★★ |

    Amazon | 1ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2014. Creadora: Jill Soloway. Directoras: Jill Soloway, Nisha Ganatra. Guionistas: Jill Soloway, Bridget Bedard, Micah Fitzerman-Blue, Noah Harpster, Ali Liebegott, Ethan Kuperberg, Faith Soloway. Reparto: Jeffrey Tambor, Gaby Hoffmann, Amy Landecker, Jay Duplass, Judith Light, Melora Hardin, Rob Huebel, Alexandra Billings, Carrie Brownstein, Lawrence Pressman, Abby Ryder Forston, Zachary Arthur, Alyvia Alyn Lind, Bradley Withford, Kathryn Hann. Fotografía: Jim Frohna. Música: Dustin O´Halloran.

    A veces el bombo mediático en el que se ve envuelta una serie puede ser su mayor enemigo, ya que crea unas expectativas sobre su calidad y efecto, francamente, nada realistas. El estreno de Transparent, comedia dramática que parte de las experiencias personales de su creadora, trajo críticas superlativas, resultados espléndidos y una renovación apenas dos semanas después de su estreno. El portal Amazon continúa su camino en la producción de series originales tras la magnífica Alpha house (2013-) y la cancelada Betas (2013-2014), y lo hace estrenando la temporada entera el mismo día, pero con la originalidad de dejar que la respuesta de los usuarios sea determinante en la entrada a producción de una serie. Transparent estrenó su piloto en febrero, y el muy positivo recibimiento hizo que la serie pagara por una temporada de nueve episodios más, además de volver a rodar partes del piloto para sustituir algunos intérpretes. La estrategia del portal está clara: producir comedias de carácter indie con directores/guionistas de este mundillo que exploran mundos realistas de forma cinematográfica. No es lo único que hacen (un vistazo a sus otros pilotos ya aprobados demuestra variedad), pero como apuesta es segura.

    Los resultados han sido positivos. La audiencia ha mostrado su interés en la historia de la familia Pfefferman, cuyo patriarca decide dar el paso público de revelar su identidad femenina y empezar el proceso para ser Maura, ya nunca más Mort. La noticia cae como una bomba en sus tres hijos, cada uno pasando por su propia crisis existencial, con su ex-mujer y madre de los chicos, Shelly, de espectadora de fondo. Sarah, la mayor, dinamita su matrimonio al reencontrarse con una ex-novia; Josh va destrozando su vida en la búsqueda de la relación perfecta y Ally, la más interesante de los tres, vive la vida al momento y sin pensar mucho las cosas. Los tres representan esa idea tan actual del inmaduro eterno, el Peter Pan egoísta que el mundo ha creado. El problema es que parece que estemos ante un manual de esa idea, de forma que los personajes emiten una sensación constante de déja-vu y nada de lo que les pasa sorprende, aunque sea lo pretendido todo el rato. Solo se atisba complejidad en la vida de Ally, pero la duda está presente siempre en su historia. Incluso la configuración del reparto revela indirectamente las intenciones de Jill Soloway. Jay Duplass como Josh (rey del mumblecdore, esa corriente del cine indie caracterizada por hacer de la falta de medios, la improvisación como parte de la historia y el uso de canales alternativos para su distribución); Gaby Hoffmann como Ally (actriz genuinamente independiente y neoyorquina) o Carrie Brownstein como Syd (mitad de un gran dúo cómico de look hipster con Fred Armisen). Digámoslo ya, el mayor foco de interés de Transparent es el comienzo de la historia de Maura, tratada con la mezcla perfecta de mimo, complejidad y cero condescendencia. Fuera de esa trama no hay mucha emoción genuina y sí cálculo de guionista.

    por Anónimo
    octubre 28, 2014

    Crítica en Serie | Transparent (Temporada 1)

    por Anónimo | octubre 28, 2014

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