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    TV Review | Hand of God (Amazon)

    Hand of God

    La locura de la fe

    crítica a Hand of God (2015-) | Episodio piloto.

    Amazon | EE.UU., 2015. Director: Marc Forster. Guión: Ben Watkins. Reparto: Ron Perlman, Dana Delany, Andre Royo, Alona Tal, Garrett Dillahunt, Julian Morris, Elizabeth McLaughlin, Emayatzy Corinealdi, Wes Chatman, Maximilano Hernández, Emilio Rivera, Julian Acosta, Cleavon McClendon, Elaine Tan, Johnny Ferro. Fotografía: Matthias Koenigswieser. Música: Marc Streitenfeld.

    Con algunas excepciones tanto en el mundo de las series —Salvando a Grace (2007-2010), policíaco de TNT altamente recomendable— como en cine —desde la impecable Juana de Arco (1928) de Carl Theodor Dreyer hasta el extraordinario Teniente corrupto (1992) de Abel Ferrara—, la cuestión de la fe y la espiritualidad se aborda de manera pobre y fallida, ya sea como un signo de posible locura, con el rechazo automático por parte del entorno de un personaje que encuentra en la religión una respuesta o consuelo, o como la repetición de una serie de consignas mil veces oídas que no tienen impacto alguno. Hand of God, drama de Amazon que obtuvo una temporada completa tras el paquete de pilotos estrenados el 28 de agosto de 2014, añade esa lectura desde su propia concepción. Un poderoso y corrupto juez tocado por un intenso trauma personal empieza a percibir signos que interpreta como la intervención de Dios en su vida. El creador Ben Watkins no pierde el tiempo en dar a la audiencia la explicación alternativa al alterado estado de ánimo de Pernell cuando el doctor ofrece su diagnóstico en el desenlace de este enérgico episodio piloto, pero también juega con el espectador al ofrecer un par de minutos después un cliffhanger no especialmente novedoso pero que siembra la duda en cuanto a la naturaleza real de esos designios. Pernell Harris como Salomón del siglo XXI (con un Benaía a su lado como afortunada presencia secundaria, un violento convicto que le hace el trabajo sucio) o como un padre en pleno colapso mental. En cualquier caso, la intriga sirve para poner en pie un buen rato de televisión.

    Y es que este arranque, de 66 minutos de duración y dirigido por el inquieto cineasta Marc Forster (capaz de llevar a buen puerto acción, drama o épica intimista), conjura un punto de partida fácil de seguir y con los elementos necesarios para enganchar y que el espectador quiera —al menos— un poco más. La idea de ver cómo un individuo poderoso se derrumba y el ambiente de lujo en que vive y sus alrededores personales reaccionan ante ello es atractiva, y más cuando entran en medio las brutales circunstancias que sacudieron la vida de los Harris siete meses antes, cuando un (o un grupo de) atacante(s) violó a la joven Jocelyn y obligaron a Pernell Junior –PJ– a mirar, lo cual parece conducir a un fallido intento de suicidio del chico una semana antes del arranque de la acción. Una de las cosas más interesantes que proponen los responsables de Hand of God es que la acción comienza in media res y todo lo relatado lo aprendemos conforme avance el metraje, pero nunca de forma forzada. La serie empieza con la potente imagen de nuestro protagonista desnudo en una fuente pública en plena mañana y hablando en lenguas muertas, y de ahí prosigue desvelando la información necesaria poco a poco y estableciendo las que seguramente serán las grandes subtramas de los nueve episodios restantes. Esta operación cae a veces en la obviedad y nos hace darnos cuenta de que estamos viendo un episodio piloto y que Watkins ha mirado algún que otro manual de guionista, pero se puede achacar al hecho de que ésta es su primera serie propia, habiendo trabajado anteriormente en Último aviso (2007-2013) durante toda su andadura. Lo importante es que el material de partida promete un drama interesante, capaz de ir a los extremos (los pinchazos al pie, el desnudo del policía) sin que parezca azaroso, apostando por una rigurosa viabilidad. Amazon amplía su oferta de contenido con una original exploración –al menos desde la premisa– de la cuestión de la religión, aunque el cinismo con que todo parece planeado no alberga muchas dudas sobre los caminos que puede seguir la historia en cuanto a la realidad o alucinación de la mentalidad de Pernell. Mientras tanto, queda comprobar cómo un gigante cae poco a poco, herido donde menos lo esperaba. Y a eso merece la pena darle una oportunidad. [75/100].


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla


    El fulgor efímero

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