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    Alexandre Rockwell
    Alexandre Rockwell
    Rich Hill

    De esta segunda edición del Americana no podíamos encontrar una forma más coherente de despedirnos. Empezábamos con un viaje y nos despedimos con otro. Y aun así nos marchamos con la certeza de sabernos en tránsito, como esa cámara poseída por el espíritu de Terrence Malick que, en The Better Angels, no deja de hablarnos de una vida en movimiento perpetuo. Desde el viaje inmóvil que, como espectadores, experimentamos desde un palco privilegiado, observamos y conjeturamos hacia dónde nos lleva y hacia dónde va el indie norteamericano. Volvemos la mirada a los desfavorecidos, se refundan los mitos fundacionales y se reivindica la mirada infantil de unos niños que cogen las riendas ante un mundo adulto prácticamente ausente. El viaje prosigue.

    La película nominada al Óscar Selma, de Ava DuVernay, se alzó como la ganadora del Premio del Público de la II edición de Americana 2015. Buzzard, de Joel Potrykus, Premio del Jurado Joven.

    Aunque ese viaje muchas veces pase por volver al punto de partida, incluso los que sobreviven en las cunetas del Sueño Americano que retrata Rich Hill, el documental facturado por Andrew Droz Palermo y Tracy Droz Tragos, viven con la esperanza de seguir adelante. Los tres jóvenes y sus respectivas familias sobre la que se posa la mirada de los cineastas, comparten esa pulsión cinética. Sea en un cabeza de familia que busca una escurridiza estabilidad laboral o sea el anhelado reencuentro, eternamente postergado, con una madre reclusa en prisión. En ese sentido, las festividades de esos pueblos de la Norteamérica profunda, la exaltación patriótica o los fuegos artificiales que el 4 de Julio adornan los cielos del midwest estadounidense podrían verse desde cierta ironía al contraponerse con la otra cara de la moneda del American Way of Life. Sin embargo, acaban resultando sentidas alegorías a ese espíritu pionero enraizado en una cultura americana que hace épica de la adversidad. Rich Hill intenta dignificar a esas familias, precisamente, a través de la sintaxis cinematográfica. Pero en la nobleza de esa idea, en la intención por puntear de belleza la sordidez, reside también el peligro de una cinta al borde de convertir personas en personajes de una ficción donde la mierda en las paredes y la basura acumulada debajo del sofá, tiene también su correspondiente protagonismo. ¿Dónde sitúa entonces la deriva tremendista el drama de sus personas/personajes?

    por Anónimo
    febrero 24, 2015

    Americana 2015 | La estela de Léolo

    por Anónimo | febrero 24, 2015

    El juguete familiar de Rockwell

    crítica a Little Feet (2013), dirigida por Alexandre Rockwell. | ★★★★ |

    Veo esta cinta cuando ya casi ha pasado un mes de la última edición del festival de San Sebastián, y no puedo evitar recordar una obra que me cautivó por su frescura y su atrevimiento: la mexicana Güeros, la cual acabó con justicia doblemente premiada con los galardones de Horizontes Latinos y de la Juventud. Pues bien, similar revelación he tenido en el visionado de esta Little Feet, una película personalísima del creador Alexandre Rockwell, el cuál por si no les suena el nombre, dirigió aquella excentricidad llamada En la sopa (1992) que fue premiada en Sundance, o, cómo no, uno de los segmentos, aquél de El hombre equivocado, en la coral Four Rooms. Pues bien, ha sido este señor quién firma una maravilla independiente no solo en forma y contenido, sino en economía, pues no es su estética cutre, su imagen llena de ruido, sus saltos de sonido no profesional, o la necesidad de subtitular numerosos diálogos en el que el texto resulta incomprensible lo que hace de esta una película libre y alternativa, sino su total y verdadera independencia de cualquier tipo de estudio. Financiada por el propio Rockwell y por el tan en boca de todos crowdfunding —el cual el realizador ha defendido en la rueda de prensa posterior como una posible salvación del cine, pero claro, lo hace desde una perspectiva y currículum envidiables- lo cual da a sus palabras una relatividad que no tendrían si fueran pronunciadas por un chaval de Moratalá—, el filme está protagonizado por sus dos hijos, los cuales se embarcan en la aventura de llevar a su pequeño pez de colores, recientemente viudo, a encontrar algún nuevo amigo en el mar.

    Es esta trama lo de menos en una cinta poética que ensalza la inocencia y el atrevimiento de los primeros años de vida, que evoca la añoranza de la niñez, de aquellos días largos de juego en la calle y de aquellos veranos que parecían infinitos. Es la ruta que realizan con un carrito de la compra por el medio urbano la excusa perfecta para el desarrollo de todo un estilo rompedor de cualquier norma o convención estílistica. Parece Rockwell, autor total de la obra, pues dirige, graba y edita, estar tomándose la filmación como un juego libre con sus criaturas, una herramienta puramente intuitiva que rehúye de artificiosas planificaciones para explorar los límites del medio cinematográfico. Y es gracias a esta “falta de seriedad” que logra imágenes tan atractivas como sugerentes, siendo el corte de su montaje, dinámico y libre, el que abre caminos que aún no están lo suficientemente explorados, logrando resultados que combinan corrientes tan distintas como la Nouvelle vague y los estilos del videoclip MTV. Sea el ejemplo perfecto la sugestiva escena de la tiza y los disfraces. ¿Y cuál es la pena? Que esta “historia sin historia” se agote tan pronto en un final adorable y transparente, pero excesivamente convencional. Que Rockwell evite darle a su trama una mayor carga de profundidad siguiendo la progresión de emocionante descubrimiento que marcan sus dos hijos con el viaje por la ciudad. Es este metraje ausente el que, aparte de convertir a Little Feet, sin lugar a dudas, en un largo —la cinta dura exactamente sesenta minutos, que es el límite que establece la diferencia entre el medio y el gran formato—, le hubiera aportado una dimensión más que evitara la posible sensación de banalidad de la imagen en su discurso. | ★★★★★ |

    Álvaro Martín
    Enviado especial a la 59ª edición de la Seminci


    Estados Unidos, 2013, Little Feet. Dirección y guión: Alexandre Rockwell. Productoras: Black Horse. Intérpretes: Lana Rockwell, Nico Rockwell, Rene Cuante-Bautista, Olinga Bolden, Tussi Bolden, Benjamin Keepers. Fotografía: David Walter Lech, Alexandre Rockwell, en blanco y negro. Montaje: Alexandre Rockwell. Música: Sigur Rós. Duración: 60’. Sección Oficial.


    por Unknown
    octubre 25, 2014

    [Seminci] Crítica | Little Feet

    por Unknown | octubre 25, 2014
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