|| Críticas | Karlovy Vary 2026 | ★★★☆☆ ½
The only living
pickpocket in New York
pickpocket in New York
Noah Segan
Un último día en la ciudad
Nacho Álvarez
ficha técnica:
Estados Unidos, 2026. Título original: «The Only Living Pickpocket in New York». Dirección y Guion: Noah Segan. Compañías productoras: MRC, T-Street Productions. Presentación oficial: Festival de Sundance (Premieres). Distribución internacional: Sony Pictures Classics. Fotografía: Sam Levy. Montaje: Hilda Rasula. Música: Gary Lionelli. Reparto: John Turturro (Harry Lehman), Giancarlo Esposito (Detective Allan Warren), Steve Buscemi (Ben), Tatiana Maslany (Kelly), Will Price (Dylan), Victoria Moroles (Eve), Jamie Lee Curtis (Moira), Karina Arroyave (Rosie). Duración: 88 minutos.
Estados Unidos, 2026. Título original: «The Only Living Pickpocket in New York». Dirección y Guion: Noah Segan. Compañías productoras: MRC, T-Street Productions. Presentación oficial: Festival de Sundance (Premieres). Distribución internacional: Sony Pictures Classics. Fotografía: Sam Levy. Montaje: Hilda Rasula. Música: Gary Lionelli. Reparto: John Turturro (Harry Lehman), Giancarlo Esposito (Detective Allan Warren), Steve Buscemi (Ben), Tatiana Maslany (Kelly), Will Price (Dylan), Victoria Moroles (Eve), Jamie Lee Curtis (Moira), Karina Arroyave (Rosie). Duración: 88 minutos.
Esta presentación no concierne solo al protagonista, que no parece tener hueco ya en la urbe contemporánea, sino que sirve también para marcar el interés de Segan por reivindicar los oficios tradicionales, la honradez del criminal y sus códigos de conducta, al mismo tiempo que desvela una estructura de relaciones físicas que forman parte de un tejido humano que se ha ido erosionando con la virtualización del trabajo y la privatización masiva de los espacios. Así, en medio de esta atípica jornada laboral que representa el primer tercio de la película, aparecen locales de compraventa, kioscos y encuentros de todo tipo, incluso un viejo inspector de policía que también es confidente y amigo personal. Todo funciona como una especie de sinfonía urbana a ritmo de jazz que muestra una cara de la ciudad que se encuentra en vías de extinción No obstante, la exagerada construcción no solo del protagonista (no tiene móvil, solo paga en efectivo, no sabe siquiera usar un ordenador) sino del resto de personajes de su círculo cercano (interpretados por Steve Buscemi y Giancarlo Esposito) permite a Segan tomar una cierta distancia irónica que resulta muy efectiva, alejándose de una perspectiva puramente nostálgica y revelando a través de ese protagonista caricaturizado una película muy consciente de su presente. Esto se extiende también al personaje de Dylan, el villano que encarna la otra cara de la moneda, la generación z y a la delincuencia digital, que se mofa de lo anticuado y se guía por las opiniones de las redes sociales, pero en paralelo rinde culto a lo vintage, presumiendo orgulloso de su Mustang Mach 1 de 1969.
Tras un primer punto de giro en el que Harry roba por error un disco duro al joven millonario, la película se transforma en un thriller ligero, una especie de aventura heredera del noir y el cine de acción de los años 70 en el que la gran ciudad y su estructura criminal, especialmente en Nueva York, tomaban protagonismo en el cine estadounidense. Al igual que el Jimmy Doyle de Gene Hackman en French Connection. Contra el imperio de la droga (William Friedkin, 1971), Harry es un hombre que pasa tiempo en la calle, en un hábitat natural que está conformado por el metro, los semáforos y los tiempos de espera. En medio de este relato a ratos excesivamente convencional que termina cediendo a una moraleja un tanto naif, quizás este es el mayor gesto de resistencia que plantea Segan, al proponer a un afable personaje sostenido por la interpretación de Turturro que se relaciona con el espacio urbano tratando de no someterse a su ritmo acelerado. En ese anacronismo el cineasta encuentra un espacio para hablar de la crisis de vivienda y la migración a los barrios periféricos, la desaparición de negocios locales y la confianza en la comunidad frente a los inconvenientes. Segan trata de dignificar a la Nueva York de los trabajadores registrando el agotamiento generalizado que recorre sus cinco grandes distritos. El homenaje, que a veces resulta demasiado explícito, apunta no obstante en la misma dirección que la película de John Wilson, lanzando una mirada comprometida a quienes aún llaman hogar a una ciudad que parece haber abandonado a sus habitantes hace tiempo. ♦










