|| Críticas | Karlovy Vary 2026 | ★★★★☆
The History of Concrete
John Wilson
En busca de lo que permanece
Nacho Álvarez
ficha técnica:
Estados Unidos, 2026. Título original: «The History of Concrete». Dirección: John Wilson. Guion: John Wilson. Compañías productoras: Central Pictures, Bronxburgh, Peanut World Pictures. Producción: John Wilson, Clark Filio, Shirel Kozak, Allie Viti. Producción ejecutiva: Josh Safdie, Eli Bush, Ronald Bronstein. Fotografía: Nellie Kluz. Montaje: Cori Wapnowska. Música: Suzanne Ciani. Duración: 100 minutos.
Estados Unidos, 2026. Título original: «The History of Concrete». Dirección: John Wilson. Guion: John Wilson. Compañías productoras: Central Pictures, Bronxburgh, Peanut World Pictures. Producción: John Wilson, Clark Filio, Shirel Kozak, Allie Viti. Producción ejecutiva: Josh Safdie, Eli Bush, Ronald Bronstein. Fotografía: Nellie Kluz. Montaje: Cori Wapnowska. Música: Suzanne Ciani. Duración: 100 minutos.
En este caso el objetivo a priori de la película no es ya el aprendizaje de una destreza o la realización de una tarea, tal y como ocurría en la serie (entablar una conversación, comprar una casa, etc.), sino un intento de trazar una historia visual del cemento. Al igual que las premisas que daban título a cada capítulo, el gancho inicial se va fragmentando voluntariamente para conducir la narración hacia otros derroteros, que se nutren poco a poco de conversaciones y encuentros más o menos fortuitos. Wilson continúa construyendo sus escenas a través de la intersección de palabra (la suya tras la cámara principalmente) e imagen, que se contradicen y reinterpretan en varios sentidos simultáneos, siempre en una clave irónica que nace de la observación pausada del alrededor. No obstante, la imagen del cemento sí le sirve para estructurar una mirada profunda a la actualidad estadounidense, situando este material como protagonista de una historia reciente de desarrollo vertiginoso de las sociedades capitalistas pero también como ejemplo de la violencia institucional que poco a poco ha ido fagocitando el tejido público y provocando crisis de vivienda, la desaparición de zonas verdes o la contaminación del entorno. Esta investigación lo llevará a lugares como Roma, concretamente al Panteón, como origen del cemento como revolución arquitectónica, pero también a carismáticos monumentos estadounidenses como la primera calle pavimentada del país (Ohio, 1891) o el memorial de los areneros de Nueva York. Wilson parte de la aparente solidez del cemento para ir revelando paulatinamente en suelos y paredes locales y foráneas las grietas, parches, reparaciones y desastres que inevitablemente se relacionan con el estado actual de las ciudades y su administración. Y es que el cemento, al igual que el cine, ha servido como soporte de la vida diaria y por lo tanto como archivo físico involuntario de las calles, en forma de pisadas, chicles, accidentes, firmas y todo tipo de vestigios sobre la evolución de la urbe moderna a lo largo de las décadas, algo de lo que la película va haciéndose consciente progresivamente.
En una práctica artística como la de Wilson, con una predilección tan clara por la metáfora visual, cabría destacar una imagen que puede anclar la lectura de toda la cinta: un plano breve, en el que se ve la sombra del cineasta grabando con su cámara proyectada sobre el suelo de cemento, mientras el cielo se nubla poco a poco y esta desaparece fundida en el gris uniforme. El protagonista queda así diluido entre las imágenes que registra, abrazando la condición errática e igualmente voraz de su obra. Porque, en el fondo, The history of concrete es también una película sobre cómo vender a los productores una película de John Wilson sobre la historia del cemento, ya que vemos progresivas reuniones en las que el cineasta trata de convencer a sus jefes de la viabilidad del proyecto sin renunciar a su forma de trabajo. Todo este proceso sirve además para lanzar una mirada al cine contemporáneo, a sus formas y condiciones de producción, que también quedan ligadas al cemento de alguna manera. Todo queda atravesado por el capital; los edificios prefabricados con materiales menos duraderos, los primeros ejemplos de locales hechos de cemento con impresora 3D, la predilección por la uniformidad de las imágenes filmadas con drones y la factoría de las comedias navideñas del canal Hallmark (el único de la industria audiovisual que está en crecimiento anual, como bien refleja una de sus trabajadoras en la película) y sus seminarios que explican su exitoso esquema narrativo que se debe seguir al milímetro para lograr el éxito comercial.
No obstante, en medio de esta dispersión temática, lo que representa en mayor medida The history of concrete, como ocurre también con How to with John Wilson, es un vestigio de la resistencia de las comunidades locales frente a la privatización de los espacios, el aumento del coste de vida y el declive del bienestar social. Los protagonistas de la película terminan siendo los corredores de la carrera de las 3100 millas alrededor de la ciudad, los impulsores de protestas públicas, las reuniones de vecinos frente a las nuevas leyes de construcción de vivienda precaria o las ceremonias de la comunidad tibetana. Una vez más, Wilson filma, en medio de la sensación de colapso inminente que desprenden sus imágenes cotidianas, la empatía como impulso antiproductivo y como fuerza colectiva de resistencia. Esta predilección por filmar la ciudad, en forma de fragmentos subidos a la plataforma Vimeo en los inicios de su carrera que daban cuenta de lo absurdo de ciertos aspectos de la gentrificación neoyorquina y confeccionaban una especie de manual de supervivencia al mundo, ha ido tomando una conciencia militante de archivo permanente sobre los resquicios de vida que quedan en una ciudad que hace tiempo que parece inhabitable, pero en la que indudablemente también quedan fuerzas para luchar. ♦










