|| Críticas | Cannes 2026 | ★★★☆☆
Historias paralelas
Asghar Farhadi
La inducción de la imaginación literaria
Ignacio Navarro Mejía
Cannes (Francia) |
ficha técnica:
Francia, Bélgica, Italia, 2026. Título original: «Histoires parallèles». Dirección: Asghar Farhadi. Guion: Asghar Farhadi y Saeed Farhadi (inspirado en No amarás de Krzysztof Kieślowski). Compañías: Memento Production, Lucky Red, Les Films du Fleuve. Festival de presentación: Cannes 2026 (Sección Oficial a Competición). Distribución en España: Avalon. Fotografía: Guillaume Deffontaines. Montaje: Hayedeh Safiyari. Música: Zbigniew Preisner. Reparto: Isabelle Huppert, Virginie Efira, Vincent Cassel, Catherine Deneuve, Pierre Niney, Adam Bessa, India Hair. Duración: 145 minutos.
Francia, Bélgica, Italia, 2026. Título original: «Histoires parallèles». Dirección: Asghar Farhadi. Guion: Asghar Farhadi y Saeed Farhadi (inspirado en No amarás de Krzysztof Kieślowski). Compañías: Memento Production, Lucky Red, Les Films du Fleuve. Festival de presentación: Cannes 2026 (Sección Oficial a Competición). Distribución en España: Avalon. Fotografía: Guillaume Deffontaines. Montaje: Hayedeh Safiyari. Música: Zbigniew Preisner. Reparto: Isabelle Huppert, Virginie Efira, Vincent Cassel, Catherine Deneuve, Pierre Niney, Adam Bessa, India Hair. Duración: 145 minutos.
Historias paralelas, presentada a competición en esta 79ª edición del festival de Cannes, tiene en efecto como personajes principales a escritores, y a otros que, en realidad, son a su vez "personajes" de aquellos, como en un doble o triple juego de representación. El primero que aparece es el que parece al margen, el exconvicto sintecho interpretado por Adam Bessa, que está a punto de realizar una mala acción, un día cualquiera en el metro, y de repente la convierte en una buena (uno de los temas recurrentes de Farhadi es la fina línea entre el bien y el mal), con la fortuna añadida de que beneficia a una familiar de la veterana, solitaria y también adinerada escritora a la que presta su piel Isabelle Huppert. Esta acoge entonces al joven, y ambos se obsesionan por turnos con la vida de sus vecinos de enfrente, el trío compuesto por los artistas de foley encarnados por Virginie Efira, Vincent Cassel y Pierre Niney. Vemos que el reparto es de altos vuelos, con lo más granado de la industria comercial francesa (hasta un cameo de Catherine Deneuve), pero el rol quizá más importante recae en el actor menos conocido, y el único cuyo personaje se llama igual: Adam. Sería, por ello, el más auténtico. Por su origen étnico, además, sería la vía introductoria de las inquietudes habituales del cineasta iraní, muy de su sociedad árabe, aunque su cine ya se había trasladado antes a París, en la estupenda El pasado. En cualquier caso, es este personaje de Adam el que tiene una dimensión añadida, más allá del relato ordinario que comparte con los otros personajes, pues en su caracterización es donde surge la autoficción.
En esta historia de voyeurismo e imitaciones, Adam es el experto, pues no tiene tal impulso primigenio, sino que lo copia de los demás, en especial de la escritora que, por así decir, lo emplea y alberga. Una primera parte del metraje se centra en el proceso creativo de esta última, pero luego se diversifica, y empieza a surgir cierta incertidumbre entre lo que es real y lo que es imaginado, no solo para el espectador, sino para los propios personajes cuya vida observada ha sido la fuente de inspiración. En este diseño, Farhadi vuelve a demostrar gran pericia en la puesta en escena y el montaje, no solo en evidencias como el contraste fotográfico entre las escenas "reales" y las "imaginadas", sino en su capacidad para llenar cada encuadre de detalles significativos (como los objetos domésticos colocados entre los personajes y los movimientos que estos enlazan en esos interiores), sin por ello sobrecargar el plano, pues la planificación es siempre ágil y orgánica. Sin embargo, cuando la historia va siguiendo otros derroteros más moralmente reprensibles, pasando del juego a la seria condena, paradójicamente el mensaje es más difícil de tomar en serio, el tono se diluye un tanto y el ritmo se resiente (va de más a menos). De hecho, el metraje se alarga demasiado, superando con holgura las dos horas, cuando esta historia habría agradecido mayor concisión. Esto sitúa Historias paralelas un peldaño por debajo del resto de la obra de Farhadi, pero su mérito está en que, precisamente, no es una historia más de historias paralelas, valga la redundancia. Así, el propio título es como un guiño irónico, que anticipa esa especie de mezcla de alegato, perversión y homenaje que envuelven una cinta cuyas convenciones son, en todo caso, ilusorias. ♦









