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    Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | Paradise

    || Críticas | Las Palmas 2024 | ★☆☆☆☆
    Paradise
    Prasanna Vithanage
    Las apariencias engañan


    Rubén Téllez Brotons
    Las Palmas |

    ficha técnica:
    Sri Lanka, 2023. Título original: Paradise. Duración: 93 min. Dirección: Prasanna Vithanage. Guion: Anushka Senanayake, Prasanna Vithanage. Fotografía: Rajeev Ravi. Compañías: Newton Cinema. Reparto: Shyam Fernando, Sumith Ilango, Roshan Mathew, Mahendra Perera, Darshana Rajendran, Isham Samzudeen.

    En Safari, Ulrich Seidl dejaba al descubierto las estructuras del neocolonialismo convirtiendo en el centro neurálgico de su investigación a una serie de turistas austriacos que viajaban durante sus vacaciones a África (no se llegaba a especificar nunca a qué país en concreto) con la intención de cazar animales para luego disecarlos, llevarlos a sus casas y exhibirlos como los trofeos mortuorios que certificasen su talento para llevar a cabo prácticas salvajes. El autor de la trilogía Paraíso filmaba con cámara en mano las extenuantes sesiones de caza de sus protagonistas, pero también los infinitos ratos muertos a los que se enfrentaban mientras esperaban a que apareciesen los animales que buscaban, dejando en ridículo, a través de su uso hiperrealista del tiempo, a esos turistas que se pasaban sus días libres agazapados entre matorrales, aguardando al acecho de un león o un elefante al que disparar. El realizador, además, dejaba que sus personajes intentasen sin mucho éxito blanquear frente a la cámara sus atroces prácticas en unos extensos monólogos cuyos argumentos, muchos de ellos completamente acientíficos, eran derribados por la crudeza de la realidad: el sufrimiento de los animales echaba por tierra toda la verborrea metafísica que utilizan para justificar lo injustificable; es decir, el peso de la realidad se imponía sobre el resto de cosas. Al mismo tiempo, Seidl mostraba las condiciones de pobreza extrema en la que viven los trabajadores (y el resto de ciudadanos) que asistían a los turistas durante sus días de descanso: así, el razonamiento que esgrimía uno de los austriacos sobre el agradecimiento que les deben profesar por ir a su país a dejarse el dinero queda completamente refutado. La riqueza, decía Seidl, se la quedan unos pocos empresarios a costa de expoliar los recursos naturales de todo el país.

    Paraíso, la nueva película de Prasanna Vithanage, comparte alguno de los elementos narrativos con la cinta del austriaco; o, al menos, acierta a componer un relato en el que la proyección de un discurso crítico que denuncia los abusos del poder oculta la inanidad real de las imágenes. Una pareja de turistas indios (él, un cineasta que prepara la adaptación de la famosa serie El juego del calamar para la sede de Netflix de su país, y ella, una escritora que afronta un bloqueo creativo) llega a Sri Lanka para celebrar su aniversario de boda. Pese a que el país se encuentra sumergido en una profunda crisis que ha cristalizado en el desabastecimiento de agua y gasolina, cortes de luz, una extrema precariedad en lo que a servicios públicos se refiere, y numerosas manifestaciones en las que el pueblo pide responsabilidades a sus políticos, el matrimonio protagonista no está dispuesto a privarse de ningún lujo y, por tanto, se pasean por las calles con la mirada cargada de prepotencia y clasismo, haciendo gala de una ostentación impúdica y tratando a los esrilanqueses con un desprecio que sólo refleja su propio carácter despreciable. Así, cuando un grupo de ladrones entre en su habitación mientras duermen y les roben sus dispositivos electrónicos, los protagonistas moverán cielo y tierra con tal de recuperarlos, llegando incluso a chantajear y amenazar a todo aquel que se ponga delante de ellos.

    Paraíso tiene los elementos temáticos necesarios para presentarse delante de la mirada como una denuncia del capitalismo salvaje que fomenta un turismo masivo y destructor que exprime los recursos de las ciudades, pueblos e islas a las que acuden en tromba los turistas, además de como una radiografía traslúcida y dolorosa tanto del egoísmo individualista que impera en la sociedad como del desprecio con el que los ricos tratan a la clase trabajadora. Vithanage no tarda en mostrar los mimbres con los que, parece, va a diseñar una propuesta de raíz crítica e inconformista, pero poco a antes de la media hora de metraje todo se viene abajo debido a su incapacidad para construir un discurso elaborado y de convertirlo en imágenes. Una vez que el director destapa todas sus cartas narrativas, uno se plantea si todas las semillas temáticas que habían sido sembradas durante los primeros minutos verdaderamente tenían la intención de cuestionar una realidad injusta o si, por el contrario, su presencia no era fruto de una decisión premeditada.

    Por poner un par de ejemplos. 1) En un momento determinado, el matrimonio protagonista sale a cazar ciervos; cuando encuentran uno y el guía está a punto de dispararle, la mujer le pide que no lo haga porque “es un animal demasiado bello”. Todo parece apuntar a que el director, a partir de aquí, va a manifestarse no sólo en contra de la cacería, sino también contra el hecho de que exclusivamente se respete la vida de un ser vivo por ser estéticamente bello —según los cánones de la normatividad—. Nada más lejos de la realidad, dicho discurso no llega nunca a articularse y el ciervo únicamente aparece de nuevo al final del metraje como una especie de ente fantasmal que simboliza no se sabe muy bien qué. 2) En otro, el coche en el que viajan los personajes se detiene en una carretera llena de niños que venden flores para poder llevarse algo a la boca. Los turistas sacan sus móviles y les graban para subirlo a las redes sociales. De nuevo, parece que Vithanage está sentando las bases para reflexionar sobre la prostitución de la pobreza —en la que termina incurriendo— y la monetización, previa conversión en un producto de consumo masivo, de la miseria de los más desfavorecidos; pero una vez que termina la cinta, queda claro que dicha escena estaba ahí para mostrar el apego que los protagonistas le tienen a sus iPhones.

    Es decir, la cinta funciona durante el breve periodo de tiempo que parece estar planteando las claves que irá desarrollando a medida que el metraje avance. Es una pena que el director se decante por componer una trama rocambolesca que, debido a la falta de tensión narrativa, termina resultando muy poco interesante. La puesta en escena de Paraíso, por su parte, con un trabajo de iluminación y encuadres bastante desaliñados que le otorgan a las imágenes un aspecto televisivo, es digna de una cinta de sobremesa. Los giros argumentales, bastante forzados, y la nula construcción de personajes dejan a la vista del espectador las costuras de un guion bastante pobre que, pese a compartir el título y algunos elementos con las cintas de Seidl, nada tiene que ver con ellas. ♦


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