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    Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | A song sung blue (小白船)

    || Críticas | ZINEBI 2023 | ★★★☆☆ |
    A song sung blue
    Zihan Geng
    Alicia sin espejo


    Javier Acevedo Nieto
    Bilbao |

    ficha técnica:
    China, 2023. Título original: «小白船». Dirección: Zihan Geng. Guion: Liu Yining. Producción: Jane Zheng, Liang Jing, Justine O., The Seventh Art Pictures. Música: Hank Lee. Fotografía: Liu Yining. Montaje: Matthieu Laclau, Tsai Yann-Shan. Reparto: Meijun Zhou, Ziqi Huang, Jing Liang, Long Liang. Duración: 92 minutos.

    Xian se abisma en espejos como una Alicia que siempre parece al borde de caer a otro mundo, pero nunca termina de caer. Las cortinas de su habitación esconden su rostro, las venecianas del laboratorio fotográfico de su padre interrumpe la línea de su nariz, el espejo de la novia de su padre quiebra su cuerpo en migas de una frágil anatomía y en todos estos instantes Xian esconde su cuerpo con una mirada huidiza. Vivir entre reflejos, bien sea el reflejo de la madre ausente, el de la joven veinteañera que enseña a pintar las uñas, el de las compañeras de clase que aprenden a desfilar o incluso del del chico que quiere, pero no desea, es la forma de vida de Xian. Todo el autoconcepto de la joven se basa en una permanente frontera entre opuestos.

    A Song Sung Blue es otro coming of age o película de iniciación y, no obstante, la debutante Zihan Geng busca dejar una impronta onírica en la búsqueda de Xian. A través de un permanente estado de melancolía sin objeto, Xian tan pronto parece añorar a su madre como se siente fascinada por Mingmei, la novia de su padre, con el que ahora convive entre viejos carretes, nuevas broncas y fotos de modelos que Xian observa con una curiosidad lastimera. El filme trata de construir un escenario en el que el permanente estado de duermevela de la protagonista es volcado en texturas líquidas, encuadres extremos y ligeros travellings que parecen dibujar con la suavidad de una acuarela los contornos borrosos de una adolescente en busca de referentes.

    La cineasta, como ya hizo Vivian Qu en Angels Wear White, explora la cuestión de la madurez a través un cuadro de costumbres que disimula los extremos culturales de China en un ejercicio inestable de retrato psicológico y comentario social. Si Vivian Qu lo hacía a través de un drama que subsumía el abuso en una narrativa sobre la misoginia del país, Zihan Geng hace lo propio con la codificación de género en una narrativa que insinúa dicha misoginia en unas coordenadas muy reconocibles para el espectador de cine asiático: una suerte de realismo onírico y meditabundo en el que parece que lo fantástico podría aparecer como ruta de escape, pero que siempre queda aplastado por la certeza postindustrial de un país que empieza a devorar mitos de progreso y bienestar occidentales. El realismo social y pesimista del cine chino está a pocos grados de separación del onirismo urbano de aquel nuevo cine taiwanés que mostró relatos de madurez y adultez en sociedades donde lo humano cabía en el estante de unos grandes almacenes.

    A Song Sung Blue tiene mimbres de muchas cosas, pese a que como coming of age nunca termine de atisbar una esencia de verdad en sus imágenes. Hay destellos de un onirismo bello y de una fatalidad rutinaria inserta en los suplicios silenciosos de Xian cuando observa los cuerpos aparentemente perfectos de sus compañeras. Es un tipo de cine que avanza ensimismado, atrapado en su propio reflejo, y también afectado por las dinámicas de producción transnacionales. Zihan Geng parece más preocupada en ocasiones por los subrayados dramáticos que apoyen su tesis y faciliten la codificación crítica en la red de festivales (devastando cualquier referencia particular a la realidad china) que por mantener la sensación de volver a abismarse a la mirada alienígena y libre de la adolescencia.

    Esto es consecuencia de una retórica visual mucho más centrada en la puridad de cierto lenguaje cinematográfico considerado prestigioso puesto que no hay ni un solo plano de cierto riesgo estilístico. En narrativa, las figuras no-anómalas o gramaticales no rompen normas gramaticales y su principal función es la de realzar algún aspecto expresivo, poético o enfático. Asimismo, son procedimientos normalmente conscientes e intencionados efectuados en una creación con un fin que va más allá del superficial de las imágenes. Por su parte, las figuras anómalas rompen las normas gramaticales y quiebran ciertas lógicas del lenguaje. También pueden ser intencionales y conscientes dentro de un deseo de un emisor de poner de manifiesto ciertas indeterminaciones del lenguaje; sin embargo, en las figuras anómalas emergen manifestaciones que no tienen por qué tener una intencionalidad. Son estas últimas figuras las que separan propuestas que se arriesgan a quebrar nuestra forma de comunicar el mundo por medio del cine de las que se limitan a inventariar con más o menos gusto aquello que ya está inserto en el género de turno. A Song Sung Blue es una reinterpretación de correctísima retórica de una Alicia sin espejos ni fugas, de un género que desgraciadamente empieza a estandarizar la vivencia adolescente y de una cinematografía nacional (la china) empeñada en emular esquemas de un cine cuyo valor murió en el instante en el que empezó a ver la adolescencia como un laboratorio de neurosis creativas. Nunca la adolescencia había sido tan aburrida o alienígena, ajena a toda una fase vital que una vez disfrutamos y sufrimos. ♦


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