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    Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | Emily the Criminal

    || Críticas | Americana 2023 | ★★★★☆
    Emily the Criminal
    John Patton Ford
    Nada que perder, todo por ganar


    José Martín León
    Telde (Las Palmas) |

    ficha técnica:
    Estados Unidos, 2022. Título original: «Emily the Criminal». Dirección: John Patton Ford. Guion: John Patton Ford. Producción: Tyler Davidson, Aubrey Plaza, Drew Sykes. Productoras: Low Spark Films. Fotografía: Jeff Bierman. Música: Nathan Halpern. Montaje: Harrison Atkins. Reparto: Aubrey Plaza, Theo Rossi, Jonathan Avigdori, Bernardo Badillo, Megalyn Echikunwoke, Gina Gershon. Duración: 95 minutos.

    La de Aubrey Plaza está siendo una de las trayectorias como actriz más curiosas e interesantes de su generación. La descubrimos formando parte de la cantera de la célebre sitcom Parks and Recreation, junto a otros cómicos como Chris Pratt, Nick Offerman o Amy Poehler, y pronto se convertiría en presencia recurrente en un puñado de interesantísimas comedias indies –Scott Pilgrim contra el mundo (Edgar Wright, 2010), Seguridad no garantizada (Colin Trevorrow, 2012), Ingris Goes West (Matt Spicer, 2017) ...– que explotaron una personalidad sarcástica y extravagante, potenciada por un físico de lo más particular. La oscurísima Black Bear (Lawrence Michael Levine, 2020) ya nos dejó ver unos registros hasta entonces ocultos de una actriz que aún tiene mucho (y muy diferente) que ofrecer, y ha sido 2022 el año de su despegue definitivo como la gran intérprete que siempre ha sido, fundamentalmente, gracias al enorme éxito de la segunda temporada de la serie de HBO The White Lotus, y, en menor medida, a su aplaudida actuación en esta Emily the Criminal, inédita en las salas de cine españolas, que puede ser descubierta a través de la plataforma digital Movistar Plus+. No deja de ser una verdadera lástima que una cinta que ha gozado de entusiastas críticas a su paso por Sundance y que ha optado en cuatro categorías importantes en los Independent Spirit Awards –dirección novel, guion novel, actriz protagonista y actor secundario– no haya tenido la oportunidad de pasar por la gran pantalla, ya que suponía una muy atractiva alternativa a tanta película de superhéroes, secuela o remake que evidencia la cada vez más preocupante falta de ideas que azota a Hollywood. John Patton Ford entrega con ella una excelente ópera prima, dotada de un prodigioso guion del que también él mismo firma, y que esconde, bajo su apariencia de electrizante thriller criminal, una agresiva crítica al agresivo mercado laboral estadounidense, mostrando a su protagonista, la Emily del título, más como una tenaz superviviente de un sistema en el que «o comes o te comen» que como una estafadora verdaderamente vocacional.

    Emily no ha tenido la suerte de nacer en el seno de una familia adinerada y, superados los 30, aún arrastra las deudas de préstamos adquiridos durante su época de estudiante en Nueva Jersey. Su bajo sueldo como repartidora en una empresa de catering es insuficiente para hacer frente a todos sus gastos y vive en un apartamento de esa jungla urbana que es Los Ángeles junto a dos compañeros a los que casi no conoce. Por si fuera poco, unos antecedentes con la justicia, por agresión a una ex pareja con la que mantenía una relación tóxica cuando era joven, no solo han impedido que acabase la universidad, sino que suponen una mancha difícil de obviar por los entrevistadores para los distintos empleos a los que trata de aspirar, algo que hace que su sueño de ser diseñadora gráfica parezca una meta casi imposible de alcanzar. Ante este poco alentador panorama, Emily no puede evitar aprovechar una enigmática oportunidad que se le presenta y que le promete ganar la cifra de 200 dólares en tan solo una hora. Este es el punto de partida de un filme que expone una situación ciertamente dramática y con la que gran parte de la audiencia puede sentirse identificada. Las dificultades para llegar a final de mes, la precariedad laboral, la estigmatización por errores del pasado... hay mucho de denuncia social en Emily the Criminal y, tal vez por eso, el guion nunca juzga a su protagonista por las cuestionables decisiones que toma, ya que son fruto de la desesperación ante un sistema que le cierra todas las puertas. Por otro lado, descubre que no se le da nada mal la vida criminal y cae seducida por la facilidad de conseguir importantes sumas de dinero, de manera rápida, dentro de una red de estafas con tarjetas de crédito. La película muestra, de forma paralela, cómo Emily va aceptando encargos cada vez más grandes (y peligrosos), y cómo escala peldaños dentro de la organización, involucrándose sentimentalmente con uno de los dos hermanos libaneses que le dan la oportunidad de vivir del engaño. El libreto de Patton Ford, en definitiva, plantea que cualquiera puede convertirse en un delincuente si la ocasión se presenta cuando has tocado fondo.

    Emily the Criminal, en su ajustadísima hora y media de metraje, ofrece un vibrante thriller en el que la sensación de angustia y auténtico peligro se sienten palpables, gracias a la veracidad que la magnífica Plaza aporta a una actuación dramática cargada de matices, totalmente alejada de aquellas salidas de tono cómicas que la encumbraron a la fama. Ella soporta sobre sus hombros (y una hipnótica mirada capaz de transmitir toda la adrenalina necesaria) una función en la que el resto de personajes tienen poca cancha para brillar, si bien Theo Rossi está muy bien como el amante y mentor de la protagonista. El director dirige con idéntico dinamismo las secuencias de los «trabajos» de Emily con las falsas tarjetas de crédito –fantástica esa incursión en el concesionario de coches de alta gama, donde solo dispone de ocho minutos para salir del lugar con un coche comprado, antes de que se descubra el engaño– y aquellos momentos, más mundanos, que muestran la vida cotidiana de la chica, su búsqueda de un trabajo mejor y los continuos baches que va encontrando en el camino. En este sentido, destaca la escena de la entrevista concertada por su mejor amiga con su jefa en la agencia de publicidad para la que trabaja. El dibujo que realiza la espléndida Gina Gershon en este brevísimo papel de directora de una empresa, carente de empatía o escrúpulos a la hora de proponerle a Emily ser una becaria a jornada completa, sin percibir un solo dólar durante, mínimo, los primeros seis meses, es, por desgracia, perfectamente reconocible dentro del complicado panorama laboral actual. Grandes empresas que se aprovechan de la delicada situación económica de muchas personas para hacerles trabajar el mayor número de horas por la mínima remuneración posible. Esta realidad queda muy bien plasmada en Emily the Criminal, la historia de una mujer que comienza a delinquir con la única intención de pagar sus viejas deudas para poder comenzar de nuevo, pero que rápidamente se ve atrapada en un submundo del que no es tan fácil volver a salir. John Patton Ford se ha ganado nuestra atención con este primer trabajo tras las cámaras y esperamos grandes cosas de él en el futuro, pues su película es de las que hacen que amemos el buen cine independiente norteamericano, ese que cuenta historias inteligentes y sugestivas, que calan en el espectador gracias a sólidos guiones y excelentes actores que desaparecen dentro de sus complejos personajes como la hace la enorme Aubrey Plaza en su desesperada Emily.


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