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    Crítica | Matter out of place | #Locarno22

    || Críticas | Locarno 2022 | ★★★★☆
    Matter out of place
    Nikolaus Geyrhalter​ 🇦🇹
    Nos estamos cargando el planeta


    Ignacio Navarro Mejía
    Locarno (Suiza) |

    ficha técnica:
    Austria, 2022. Título original: «Matter Out of Place». Director: Nikolaus Geyrhalter. Guion: Nikolaus Geyrhalter. Producción: Nikolaus Geyrhalter Filmproduktion. Fotografía: Nikolaus Geyrhalter. Duración: 110 minutos.

    Según datos de Naciones Unidas, cada año se recolectan en el mundo más de 11.000 millones de toneladas de residuos tóxicos. Esta basura se extiende por cada rincón del planeta, desde las playas hasta las montañas, pasando por el campo o el fondo del mar, y por supuesto en las ciudades. Por mucho que reciclemos o intentemos limitar los desperdicios, estos provienen de tantas fuentes que es imposible controlarlo. Un gesto tan simple como tirar una colilla en la calle o algo de papel por el desagüe tiene su impacto en el ecosistema. Aunque, por supuesto, la mayor contaminación proviene de las grandes industrias, fábricas o de las aglomeraciones de personas que descuidan el medio ambiente. En todo caso, es en la huella que dejan en la naturaleza, después de traspasada por pequeños grupos o al recibir los desechos generados a kilómetros de distancia, donde reside el daño más directo, y donde se encuentran ejemplos de lo que Mary Douglas, entre otros, ha estudiado con la expresión «matter out of place». Esta se refiere a toda sustancia ajena a su entorno inmediato, pues en efecto nada pinta un plástico en la arena ni un trozo de metal en la tierra, ni incluso un columpio colgado de un árbol.

    Esta es una de las imágenes del nuevo documental de Nikolaus Geyrhalter, presentado en competición en el festival de Locarno y titulado, precisamente, Matter Out of Place. Aprovechando su nacionalidad austriaca, ha rodado sobre todo en este país, aunque también se ha desplazado a otros lugares de Europa, así como a Katmandú, las Maldivas o Nevada, en Estados Unidos. Estamos ante un experimentado documentalista, que ejerce también de director de fotografía, por lo que tiene libertad y seguridad para viajar por varios continentes en busca de la imagen más precisa. La precisión es así una de las muchas virtudes de este documental, donde cada encuadre está perfectamente medido, desde esa secuencia inicial que arranca con una grúa acercándose al lugar señalado en el terreno donde debe excavar, hasta el último, con dos hombres cepillando el desierto. De hecho, se puede establecer un interesante paralelismo entre el inicio y el final, que nos vendría a decir que, por mucho que se limpie la superficie de algún enclave determinado, puede haber aún mucha basura acumulada bajo tierra.

    La cinta se fija en esa recolección, gracias a las empresas de recogida y tratamiento de residuos y los voluntarios que intentan limpiar lo que otros antes han ensuciado. No necesita ofrecer la perspectiva de estos últimos, ni añadir algún otro discurso sobre la materia, para que su mensaje cale, gracias, entre otros muchos, al paralelismo mencionado. De hecho, no estamos ante un documental al uso, pues no hay voz en off, ni entrevistas, ni imágenes de archivo. Todo son composiciones reales, algunas con diálogos de los presentes pero la mayoría en silencio, de cómo se lleva a cabo dicha recolección, por ejemplo siguiendo a un solo hombre con su carreta, recorriendo los domicilios de Katmandú, hasta que lo recogido pasa a un camión que, con otros muchos, se dirige a una zona embarrada donde se acumula toda esa basura. El penúltimo plano de esta secuencia es especialmente prolongado, alcanzando un peculiar suspense mientras vemos cómo uno de los camiones no logra desprenderse de toda su carga. El plano inmediatamente siguiente establece otro paralelismo digno de mención, este en el mismo encuadre, al contraponer la montaña de residuos a la derecha con la montaña verde, frondosa, natural, en definitiva, a la izquierda.

    A continuación pasamos a un gran plano general de los Alpes, donde la nieve inmaculada puede también servir para ocultar toda la suciedad subterránea. O, si lo ponemos en relación con la secuencia anterior, podría interpretarse como un manto que ha venido a tapar esa suciedad que ya hemos visto. Las secuencias rodadas en distintas localizaciones no son por tanto independientes porque, más allá de su conexión temática, están ligadas por un montaje muy intencionado, incluso metafórico. La minuciosidad con la que Greyhalter aborda esta cuestión es tal que, como hemos dicho, no necesita elementos añadidos para que la narración funcione. Lo más llamativo en cualquier caso es la espectacularidad aislada de determinados momentos, sobre todo porque se muestra como bello algo que ha dejado de serlo desde que el hombre lo ha alterado. Impresionantes son las secuencias citadas u otras como la recolección submarina o la última en el desierto, que de nuevo arranca precedida por otro símil visual, ya que la escena anterior termina con la basura reducida a ceniza y polvo, y la siguiente se inicia con un gran plano cenital de lo que parece ser una tormenta de arena, que poco a poco descubre a muchas personas que vienen de fiesta. Podríamos seguir enumerando ejemplos de este filme riguroso, pero merece ser visto y analizado por el mayor número de espectadores posible, para que se formen su propia idea de todo lo que implica. ⁜


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