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    Crítica | El agente invisible | Netflix

    || Críticas | ★☆☆☆☆
    El agente invisible
    Anthony Russo, Joe Russo
    Balas perdidas


    Ignacio Navarro Mejía
    Madrid |

    ficha técnica:
    Estados Unidos y República Checa, 2022. Título original: «The Gray Man». Directores: Anthony Russo y Joe Russo. Guion: Joe Russo, Christopher Markus y Stephen McFeely (basado en el libro de Mark Greaney). Producción: AGBO / Netflix / Roth Films / Roth/Kirschenbaum Films / Stillking Films. Fotografía: Stephen F. Windon. Montaje: Jeff Groth y Pietro Scalia. Música: Henry Jackman. Diseño de producción: Dennis Gassner. Decorados: Nancy Haigh. Vestuario: Judianna Makovsky. Reparto: Ryan Gosling, Chris Evans, Ana de Armas, Billy Bob Thornton, Jessica Henwick, Dhanush, Alfre Woodard, Regé-Jean Page, Julia Butters. Duración: 122 minutos.

    La competición creciente entre las plataformas de contenido audiovisual exige incluir en sus respectivos catálogos propuestas de cada vez mayor enjundia. Mientras que HBO o Amazon Prime nos ofrecerán, en próximas fechas, superproducciones en formato de serie de televisión, Netflix ha querido antes copar los visionados veraniegos con lo que tradicionalmente habría sido un blockbuster para la pantalla grande. Con un presupuesto de unos 200 millones de euros, dos directores reconocibles para el gran público por su participación en el universo Marvel, y un elenco de grandes estrellas, la adaptación del libro de Mark Greaney sobre los tumultos provocados por un agente de la CIA debería haber sido un taquillazo cuando todavía no existían estas plataformas. El problema no es entonces que su lanzamiento quede reducido a un oscuro recuento, por parte de los ejecutivos de su productora y distribuidora, según el número de reproducciones caseras, sino que el hecho de que sea un producto de Neflix minora su propia repercusión. Pese a los elementos de partida que destacábamos, El agente invisible (The Gray Man, 2022) resulta en efecto un visionado intrascendente, que no gana nada en comparación con otros tantos contenidos disponibles para la pequeña pantalla. En pocas palabras, da la sensación de estar viendo un telefilme del montón, en lugar de una gran producción cinematográfica.

    Esto no se debe a un parecido, a primera vista, con ese otro contenido, pues el mismo no puede disfrutar de tantos alardes de técnica y localizaciones, de una dirección libre para explotar (en sentido figurado y literal) las distintas posibilidades del libreto, ni de la presencia de Ryan Gosling, Chris Evans o Ana de Armas, tres de los actores más en boga en la actualidad y, por ello, con mayor caché. Todo ello llevaría a diferenciar, de primeras, esta película del resto. Sin embargo, el acabado sí es análogo, porque estos factores no aportan aquí ningún valor añadido. La puesta en escena, con una cámara que en ocasiones funciona como un dron acelerado que sigue a los personajes por los recovecos más insospechados y con ángulos aberrantes, es un mareante despropósito. No funciona la alternancia entre secuencias de ritmo más pausado y aquellas otras de mayor adrenalina, porque las primeras están pensadas como mera anticipación de la acción y, a su vez, esta carece de verdadera motivación. La secuencia central de la persecución y el tiroteo en Praga, desmedida y confusa, es un buen ejemplo de ello. Y esto nos lleva a la otra cara de la moneda: la infrautilización de las exóticas localizaciones de las que puede alardear la producción. Las ubicaciones en Bangkok o Viena serían intercambiables por otras, ya que no se muestra nada característico suyo ni añaden nada a la estructura narrativa. En cuanto a la capital checa, de mayor presencia por la inversión de este país en la película, parece solo justificada para librar en ella una operación de destrozo del casco histórico, sin ningún tipo de freno ni suspense.

    Respecto de la dirección de los hermanos Russo, uno de los cuales es también coguionista, se limita a interpretar la narración en clave de thriller frenético, obviando todo el interés del protagonista como agente secreto, con sus potenciales traumas y recelos. El problema es la inconsistencia del tono, pues varios diálogos y situaciones están ideados con humor, como el momento del flashback del personaje de Gosling con la niña (Julia Butters) a la que debe proteger, en momentos en que no encajan bien, porque no se corresponden con la intención dramática que debe perseguirse en ese momento del metraje: en ese caso, un sentido recuerdo de la interacción que tenían estos dos personajes, para justificar el rescate que el primero debe luego realizar de la segunda. Esto conecta con la dirección de actores, ya que el carisma de Gosling está desaprovechado, Ana de Armas se limita a actuar de comparsa y los dos villanos tienen defectos opuestos: uno (interpretado por Chris Evans) nos impide tomarlo en serio y otro (a cargo de Regé-Jean Page) se toma demasiado en serio. En especial, la rivalidad entre Gosling y Evans queda desdibujada, al carecer de background y no compartir ningún momento impactante. Esto tratan de remediarlo los Russo in extremis con una pelea final, pero la misma es anticlimática e injustificada. De hecho, el trato que otros personajes tienen con el protagonista, perdonándole la vida o haciéndosela imposible según las circunstancias, no obedece a comportamientos coherentes, sino solo a las arbitrarias necesidades del guion y sus últimos giros.

    Con ello llegamos a la historia que, aunque debería ser lo principal, acaba siendo lo de menos. No se sabe si El agente invisible pretende contarnos algo sencillo o complejo, directo o rebuscado, pues a veces parece una cosa y a veces otra. Como adelantábamos, no se aprovechan los conflictos que surgen naturalmente en un relato de estas características, sino que todo se reconduce al conflicto externo, de un hombre contra los demás. Si todo girara entonces en torno al suspense, la atmósfera o la coreografía asociadas a esta clase de conflicto, el resultado podría ser meritorio. Pero esto no ocurre aquí, por el suspense truncado en su concepción, la falta de una atmósfera absorbente y la coreografía imprecisa a causa de un montaje errático. Estamos, sin duda, ante una película de acción. Y, también, por mucho presupuesto que la impulse, las ciudades en que se desarrolle o los actores que la protagonicen, hay que reconocer que dicha acción es indiscernible, vacua y artificial. Por tanto, la película pierde buena parte de su razón de ser, más allá de engrosar ese catálogo de Netflix al que nos referíamos, y unirse como una más entre las múltiples propuestas que contiene, sin personalidad ni apenas nada memorable. Toda una decepción. ⁜


    The Gray Man, Anthony Russo, Joe Russo
    Una de las grandes apuestas de Netflix de 2022.

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