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    Crítica | Abrázame fuerte

    || Críticas | D'A FILM FESTIVAL 2022 | ★★★★☆
    Abrázame fuerte
    Mathieu Amalric
    Mi vida sin mí


    Júlia Gaitano Mendizábal
    Barcelona |

    ficha técnica:
    Francia, 2021. Título original: «Serre moi fort». Dirección: Mathieu Amalric. Guion: Mathieu Amalric. Producción: Yael Fogiel, Laetitia Gonzalez, Felix von Boehm. Compañías: Les Films du Poisson, Gaumont, arte France Cinéma, Lupa Film, Canal+, Ciné+, Bayerischer Rundfunk (BR), arte, CNC, Région Languedoc-Roussillon-Midi Pyrénées, Région Nouvelle-Aquitaine, Département de la Charente-Maritime, Indéfilms, Cinémage 14. Fotografía: Christophe Beaucarne. Montaje: François Gédigier. Reparto: Vicky Krieps, Arieh Worthalter, Anne-Sophie Bowen-Chatet, Sacha Ardilly, Juliette Benveniste, Aurèle Grzesik, Aurélia Petit, Erwan Ribard, Clémentine Carrié, Cuca Bañeres Flos. Duración: 97 minutos.

    Clarisse se va de casa. Bolso en una mano, las llaves de su furgoneta en la otra, hace un repaso habitación por habitación, frenética pero sigilosa. Se asegura de no dejarse nada. Antes de abandonar el hogar, echa un vistazo a la habitación en la que duermen sus hijos, los acomoda con mimo en sus camas infantiles, y les dedica una melancólica mirada final. Así, sin más explicación, da comienzo Abrázame fuerte, la nueva película de Mathieu Amalric. El reconocido actor francés presenta la que marca su sexta película como director, tras títulos como Tournée (2010) o la más reciente Barbara (2017). En esta ocasión, parece querer contar la historia de una mujer que huye, pero sus motivos son tan opacos que el verdadero núcleo dramático del filme no se revelará hasta mucho más adelante.

    El argumento cuenta con dos caras de un mismo acontecimiento: por un lado, el viaje de Clarisse (increíble Vicky Krieps) lejos de casa y, por el otro, el día a día del marido e hijos que quedan atrás, abandonados. El velo entre una y otra línea es tremendamente fino, hasta el punto que ambas realidades quedan totalmente entremezcladas, gracias a un montaje y diseño sonoro delicados y perfectamente calculados. El resultado de este acercamiento formal tan particular y distintivo es que Abrázame fuerte sale airoso del reto de ser un drama familiar al uso, a lo que podrían apuntar tanto título como póster. En cambio, nos encontramos frente una película que se repliega y despliega con un inteligente guion, así como también lo es la emotividad que se desprende de él. No solamente eso, sino que coquetea con alteraciones en las dimensiones espacio-temporales desde una humildad y una efectividad que ya desearían propuestas más comerciales.

    El vacío que deja tras de sí la mujer y madre desertora está evidenciado por el papel del marido (interpretado por el belga Arieh Worthalter) y el de los dos hijos que comparte con Clarisse. Ellos son parte imprescindible de la trama, para que se entienda y aprecie cómo pesa la ausencia. Sin embargo, la película es de Vicky Krieps. La actriz, que ya había demostrado con creces ser una potencia actoral a tener en cuenta, en joyas como El hilo invisible (Paul Thomas Anderson, 2017), sostiene todo el peso dramático de Abrázame fuerte. Para que podamos seguir su viaje emocional y entender que la manera en que funciona su mente avanza en paralelo al transcurso del hilo argumental, Amalric está dispuesto a cederle el espacio necesario, y deja que se luzca. Entendiéndola a ella como máximo pilar narrativo (su rostro, sus expresiones, acciones, contradicciones) y llegando al punto decisivo en que su línea y la de su familia empiezan a separarse, se da a entender que Clarisse ha optado por ficcionar la parte de su vida que se está perdiendo.

    A partir de aquí, más que entender los motivos que la llevan a abandonar el hogar en primera instancia, Mathieu Amalric nos invita a dejarnos llevar y emocionar por el vínculo que, aun en la distancia, sigue existiendo entre la protagonista y sus seres queridos. De esta forma, nos encontramos recorriendo, junto con la película, los inicios de la relación entre Clarisse y su marido. O, por ejemplo, revivimos instantes de su día a día familiar, aunque sea como si ella ya fuera una pieza faltante. En cuanto a sus hijos, tomando el instante en el que cruza el umbral como momento de desconexión primario, Clarisse imagina desde su enajenación un posible futuro para ellos. Un futuro del que ya no podrá ser testimonio. Se da especial importancia en el caso de su hija, que cuando se separa de ella está llegando a la preadolescencia con una incipiente carrera de pianista. La madre, deseosa por ver hasta dónde puede llegar, le conjura un trayecto brillante, ambicioso y lleno de talento. En el gesto más atrevido (por parte del personaje, narradora de esas imágenes, y por parte de Amalric como mente superior a cargo de ellas), Clarisse incluso llega a convertir a su hija en Martha Argerich, la famosa pianista de larga melena. Poco a poco, la confusa conexión entre sus vivencias presentes, sus recuerdos en familia y sus visiones construyen un todo indiscernible. Eso es, hasta que la realidad se impone como un tifón, derribando esas delicadas estructuras hechas de ilusiones. Entendemos que el gesto del que hemos sido testigos es el del intento de reconstrucción de una vida que ya no es la que le pertenece. Finalmente, la única salida posible es reiniciar la secuencia de apertura, probar un nuevo orden de los hechos y ver si así puede recuperar lo perdido. ⁜


    Serre moi fort, Mathieu Amalric
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