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    Crítica | Pilgrims (Piligrimai, Laurynas Bareisa)

    || CRÍTICAS | FESTIVAL DE LAS PALMAS 2022 | ★★★★☆
    Pilgrims
    Laurynas Bareisa
    El solucionario del Cluedo


    Javier Acevedo Nieto
    21º Festival de Las Palmas |

    Lituania, 2021. Título original: «Piligrimai/Palverändurid». Director: Laurynas Bareisa. Guion: Laurynas Bareisa. Productora: Afterschool. Distribuidora: Sony Pictures Classics. Fotografía: Narvydas Naujalis. Montaje: Laurynas Bareisa. Reparto: Gabija Bargailaite, Jolanta Dapkunaite, Zygimante Jakstaite, Giedrius Kiela, Paulius Markevicius, Indre Patkauskaite, Julius Zalakevicius. Duración: 92 minutos.

    ¿Qué es un género? La investigación avanza y Paulius mide su cuerpo dentro del maletero de un viejo Audi.

    Un género es una convención: retahíla de motivos que, copia tras copia, dejan el mortecino rastro de una idea que una vez movió creatividad. Indre, la novia del hermano asesinado de Paulius, vacila a un cualquiera mientras lidia con los traumas de Paulius.

    El thriller es un género y, según a quién experto se consulte, es un género tradicional puesto que se cristaliza histórica y culturalmente. Un thriller tiene una taxonomía en forma de muchos hilillos conectores en forma de rasgos modales, temáticos, comunicativos o formales. El encuadre se cierra sobre Paulius y, con frecuencia, los pequeños gestos de zoom son sutiles. A veces, la composición rompe a Indre en la cama o, en otras ocasiones, la violenta contra el fondo del plano en alguna secuencia en la que un amigo del muerto rememora el historial sádico, violento y, sobre todo, indiferente del pequeño pueblo.

    Un género puede ser reconocido en base a la fuerza que adopte su modelo: reconocer en él un patrón no arbitrario de prácticas discursivas y usos recurrentes de determinados rasgos. En definitiva, el reconocimiento del género es una consolidación de convenciones que, finalmente, establece una memoria genérica: la tradición cinematográfica lo es por la asimilación de unos modos convencionales de aglutinar rasgos genéricos. La investigación de Indre y Paulius no busca hacer justicia; todo lo contrario, es un ajuste de cuentas con la conciencia del hermano que le sobrevivió. El punto de vista que somete a ambos personajes es tan ajeno e indiferente como el del resto de moradores. Un ataque de pánico o enajenación transitoria se ve a una distancia casi burlesca. Lo vemos solo porque el montaje interno del plano facilita el poder vislumbrar cuerpos quebrados, al borde del llanto.

    Umberto Eco dijo que «un texto es un mecanismo perezoso que vive de la plusvalía de sentido que el destinatario introduce en él.» Un género también es un mecanismo perezoso ya que, ¿hasta qué punto analizamos de más estas convenciones de rasgos?, ¿podemos seguir estirando los modos de representación en imágenes sin romperlos? En un momento de la película, Indre escupe en una tumba después de pisotearla un poco. Poco antes, un secundario insinuaba el legado de muertes violentas del pueblo: el paso de los nazis y los soviéticos solo fue el principio. Paulius, tan cobarde como frustrado, queda relegado en el encuadre. Parece que solo Indre comprende que la memoria colectiva también puede ser una instancia creadora, no destructora; aunque solo cree pequeños homúnculos de odio enquistado y enterrado. El director Laurynas Bareisa entiende que los géneros no son tan flexibles y que, en el fondo, las imágenes tampoco. Incapaz de estirar sus imágenes hasta rincones de novedad estilística y temática (qué cineasta europeo puede, por otra parte), decide no entregarse a la frustración o a la respiración artificial de formas moribundas de hacer cine (véase «el realismo», cierro comillas). En su lugar, Pilgrims es una película que disecciona todas las convenciones, disloca todos los rasgos, opera a todos los modos de representación y, finalmente, abre en canal la memoria genérica del thriller.

    Esta no es una historia sobre dos personas recreando un crimen, tampoco una investigación que se amolda a componentes cercanos o hibridados con el thriller. Piensen en ella como un informe de autopsia: así nos lo dicta el punto de vista alejado, la regla del encuadre que cercena y aísla cuerpos y, principalmente, el extrañísimo sentido mórbido que se adhiere a los pequeños exabruptos de sus personajes: una broma fuera de lugar, una amenaza casi cómica, un chiste malo. Conforme avanza la película, esta autopsia de género incluye pequeñas adendas dramáticas a pie de página tan esquivas y huidizas que corremos el riesgo de analizar demasiado; sin embargo, en un film que se mide en cada zoom y esquina que recorta el encuadre, todo encaja dentro de un peculiar morbo por saber ya no qué pasó con la víctima, sino qué va a pasar con los supervivientes.

    De este modo, Pilgrims podría definirse como un curiosísimo McGuffin de género: todo apunta a que es un thriller para, finalmente, terminar siéndolo, aunque eso no importe realmente. Tan relevante es entender su forma de romper el encuadre del género como de reconocerlo dentro de él. Al igual que otras películas recientes como ¿Qué vemos cuando miramos al cielo?, asumir que no hay nada nuevo que aportar al cine en general y a la programación de los festivales en concreto genera una paradoja de la originalidad: cuanto menores son las posibilidades de “quebrar” el dispositivo cinematográfico (la película georgiana mediante el vaivén genérico, Pilgrims mediante el canibalismo), mayores son las oportunidades de conseguirlo. ⁜


    Piligrimai ¡, Laurynas Bareisa
    Sección oficial del Festival de Las Palmas.

    Miguel Ángel Onoda
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