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    Crítica | Ali & Ava

    Una mañana más

    Crítica ★★★★☆ de «Ali & Ava», de Clio Barnard.

    Reino Unido, 2021. Directora: Clio Barnard. Guion: Clio Barnard. Productora: Tracy O'Riordan. Producción: BBC Films, BFI Film Fund, Moonspun Films. Montaje: Maya Maffioli. Música: Harry Escott. Fotografía: Ole Bratt Birkeland. Reparto: Adeel Akhtar, Claire Rushbrook, Ellora Torchia, Shaun Thomas, Natalie Gavin, Mona Goodwin, Krupa Pattani, Vinny Dhillon, Tasha Connor, Macy Shackleton. Duración: 95 minutos.

    Era una mañana de domingo. La luz perforaba la persiana y su cara son fotogramas: película que Ali se cuenta, memoria en movimiento. Es una mañana de domingo, debió ser hace tiempo. La luz inunda la cama y las arrugas de las sábanas, interferencias de algodón y sudor, recuerdos en retirada. Tiempo fue, debió ser hace tiempo, Ava se tuvo que ir: Ali espera quedarse. Se despidió sin mirarlo y cuando lo ve en sus ojos anónimos siente que le devuelven parte de sus memorias: de luz, deseo y mucho frío, su sonrisa firmando lágrimas, el carmesí seco en la sábana. Ali & Ava es una película sutil y eso debería ser suficiente. Un romance para sentirse reflejados y pensar que lo importante en la vida es la etapa de convalecencia, el a posteriori, cómo aprender a cerrar las heridas. La música es importante porque ilumina el sendero de dos auténticos perdedores. También los conecta a través de sus gustos tan diferentes. Si Ali y Ava tuvieran que hacer una playlist, sería una más aleatoria que cualquier algoritmo: punk y folk, trance y country. Opuestos que, obviamente, se atraen porque la diferencia siempre parece un camino por recorrer, nunca un destino. Clio Barnard lo narra muy bien empapando cada escena con un mapa sonoro que localiza y amplifica las emociones de sus personajes. Sin darse cuenta, uno puede perfectamente intuir qué canción apresará el estado emocional de Ava y qué melodía hará que Ali grite al cielo porque la afonía es la música de quienes nunca supieron cantar. Casi como en un musical tímido que se tararea en la vuelta del trabajo o en la tarde lluviosa de un sábado sin planes. Melodías que muestran las diferencias, que conectan a dos solitarios y que cimientan una película delicada, inteligente y que sabe que la palabra a veces no tiene por qué alcanzar nada.

    Cuanto más quiere, más se maldice: es preciso comprender que ir olvidando corrompe la esperanza y que el desamor es entregar tu nombre para poder seguir viviendo. Ali se mira en el espejo y su mentira espera en el reflejo, triste y miedoso, un vértigo conocido que se asusta cada vez que la luz insinúa su sombra. Otra vez en la mañana, el empuje de su respiración suena a óxido. Entonces Ava toca a ciegas la luz que entra y acaricia su cuerpo con palabras. Todas las respuestas se resbalan en la distancia entre sus cuerpos, ¿cuál es el orden de este tiempo romántico? No hay nada como no conocerse a uno mismo para que esa otra persona te conozca de nuevo cada día, te encuentre nuevos gestos y te construya en su imagen privada. Esta película lo hace con la suavidad de la iluminación que encierra gestos, con el naturalismo de una madre de sangre irlandesa cansada de esperar y de un hombre agotado por la herencia familiar. Y, sin embargo, el drama social solo se insinúa porque Clio Barnard está más interesada en sanar a sus personajes con música, rutinas compartidas e intercambiando las versiones que el uno se imagina del otro.

    Sobre esta época la ciudad era una melodía de árboles y parejas notándose en las avenidas. Los jardines acogían conversaciones y las mujeres nunca parecieron tan próximas como cuando el calor, la risa y el amor hacían rozar sus labios con los otros ojos. Ahora nunca volverá a sentir cuán suave es el roce de los labios en la piel, o cuán escalofriante es sentir sus manos en la barba. No sé, quizá Ali piense todo esto cuando la cámara de Barnard lo encierra alrededor de la niebla; sin embargo, el dramatismo se abandona y, en realidad, persiste un relato romántico que solo cabe resumir, insistiendo las veces que haga falta, en base a su absoluta sutilidad y sinceridad. Ninguna emoción sobra, ningún gesto falta.

    Si has de amarme que sea solamente
    por amor de mi amor. No digas nunca
    que es por mi aspecto, mi sonrisa, el modo
    de hablar o por un rasgo de carácter
    que concuerda contigo o que aquel día
    hizo que nos sintiéramos felices...
    Porque, amor mío, todas estas cosas
    pueden cambiar, y hasta el amor se muere

    Si has de amarme que sea solamente...

    Pienso en este poema de Elizabeth Barret que parece imitar el ritmo de la película. Un amor arrítmico, sin sublimaciones, sencillo, cotidiano. Como Barrett, Barnard tiene un curioso optimismo romántico, un compromiso con el tono justo de melancolía y el ingenio para emplear los registros sociales y naturalistas de la poesía victoriana que empezó a cuestionarse si simplificar el mundo era la mejor forma de usar la autocompasión sincera como motor de una experiencia personal del sentimiento. Ali & Ava es pura musicalidad: un lenguaje que crea su visión a partir de los sonidos y los ritmos de la vida. El sonido es sentido que llama a las emociones.


    Javier Acevedo Nieto |
    © Revista EAM / 18ª edición del Festival de Sevilla


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