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    Crítica | Halloween Kills

    La ciudad frente a Myers

    Crítica ★★☆☆☆ de «Halloween Kills», de David Gordon Green.

    Estados Unidos, 2021. Título original: Halloween Kills. Dirección: David Gordon Green. Guion: David Gordon Green, Danny McBride, Scott Teems (Personaje: John Carpenter, Debra Hill). Productores: Malek Akkad, Bill Block, Jason Blum. Productoras: Blumhouse Productions, Trancas International Films, Miramax, Rough House Pictures, Universal Pictures, Home Again Productions. Distribuidora: Universal Pictures. Fotografía: Michael Simmonds. Música: Cody Carpenter, John Carpenter, Daniel A. Davies. Montaje: Timothy Alverson. Reparto: Jamie Lee Curtis, Judy Greer, Andi Matichak, Will Patton, Anthony Michael Hall, Dylan Arnold, Thomas Mann, Nick Castle, Scott MacArthur, Michael McDonald, Charles Cyphers, Nancy Stephens, Kyle Richards, Diva Tyler, Lenny Clarke, Carmela McNeal. Duración: 105 minutos.

    Haddonfield, 1963. Durante la noche de Halloween, alguien escondido tras una máscara de payaso entra en la habitación de una joven y la apuñala con un cuchillo de cocina hasta matarla. Segundos más tarde, el espectador descubrirá, horrorizado, que la identidad del asesino no es otra que la de un niño de seis años. Aquel mítico prólogo de La noche de Halloween (John Carpenter, 1978) supuso el bautismo de sangre de uno de los monstruos cinematográficos más célebres del cine de terror: Michael Myers, y el inicio oficial –pese a algún notable antecedente como Navidades negras (Bob Clark)– de uno de sus subgéneros más exitosos, el slasher. De la multitud de títulos que aparecerían a rebufo del enorme éxito de esta, todo un hito del cine independiente, que recaudó 70 millones de dólares habiendo contado con un presupuesto de 300.000, ninguno de ellos conseguiría generar tanto suspense como la pesadilla vivida por la canguro Laurie Strode (Jamie Lee Curtis en el papel que la lanzó al estrellato) y sus amigas aquella noche del 31 de octubre de 1978, cuando Myers, descrito por su propio psiquiatra como el mal en estado puro, escapó del sanatorio donde permanecía encerrado para comenzar una nueva matanza. Un clásico que inauguró una de las sagas más rentables, sobre todo durante los 80, y cuya primera (y directa) secuela, la reivindicable Halloween 2: ¡Sanguinario! (Rick Rosenthal, 1981) continuó la historia justo donde Carpenter la dejó, de nuevo con Curtis como protagonista absoluta en un rol que no volvería a retomar hasta Halloween: H20 (Steve Miner, 1998), séptima entrega de la franquicia –si contamos esa extravagancia bastarda que nada tiene que ver con las escabechinas de Michael Myers, Halloween 3: Season of the Witch (Tommy Lee Wallace, 1982)–, nacida para conmemorar el 20 aniversario de la cinta original, aprovechando ese revival del slasher vivido tras el éxito de Scream. Vigila quién llama (Wes Craven, 1996). La recaudación de este intento de reinicio fue suficiente para que Curtis aceptase participar en un último enfrentamiento con su letal hermano, en aquella terrible Halloween: Resurrección (Rick Rosenthal, 2002) que pareció sepultar definitivamente al icónico Myers.

    Nada más lejos de la realidad, Rob Zombie realizaría un personalísimo díptico sobre el personaje, en forma de reboot. Halloween, el origen (2007) y Halloween II (2009) fueron una libre reinterpretación de las dos primeras entregas de la serie, que, pese a dividir a crítica y público, demostraron que Michael Myers aún conservaba un innegable tirón comercial. Pero sería en 2018, cuando la obra maestra de Carpenter cumplía 40 años desde su estreno, cuando David Gordon Green –Supersalidos (2008), Joe (2013)–, bajo el sello de Blumhouse y omitiendo cualquier entrega posterior a la segunda parte, regalaba a los fans una secuela definitiva que, pese a no arriesgar demasiado en su argumento (sigue, prácticamente, los esquemas de la de 1978), suponía un notable ejercicio de nostalgia (los guiños son constantes) y buen cine, plagado de planos secuencia bastante logrados, con una factura técnica de primer nivel que se alejaba del acabado de cutre de los capítulos ochenteros, y una Jamie Lee Curtis pletórica, que dejaba atrás su etapa de reina del grito para encarnar a una Laurie mucho más dura, armada hasta los dientes y con tantas ganas de revancha como el propio asesino. La noche de Halloween recaudó 255 millones de dólares en la taquilla mundial, asegurándose el rodaje de dos episodios más que conformarían una trilogía que se las prometía muy felices. Halloween Kills (2021) es la continuación de aquel éxito y, al igual que ¡Sanguinario!, retoma la acción en el mismo momento donde la dejó la anterior cinta, con Michael Myers en el interior del sótano de aquella casa en llamas y la herida Laurie, su hija Karen (Judy Greer) y su nieta Allyson (Andi Matichak) siendo trasladadas a un hospital. El guion, una vez más, sigue sin presentar novedad alguna a resaltar, ya que, como era de prever, el temible Myers vuelve a sobrevivir de esa manera sobrenatural y comienza una brutal matanza a lo largo y ancho de Haddonfield. Y es que Halloween Kills parece querer alejarse de esas señas casi autorales del anterior filme, tan preocupado en ofrecer imágenes tan perturbadoras como la de aquellos presos fugados del furgón, caminando entre la niebla, para ir al grano y ofrecer a los fans del gore y las muertes más salvajes un festín de hemoglobina a la altura de lo esperado, entregando algunas escenas que impresionan por su crueldad (el pasaje en casa del matrimonio de ancianos).

    Halloween Kills, David Gordon Green.
    Presentada en España en el Festival de Sitges.

    «Es una película entretenida y bien rodada, no exenta de algunos momentos de considerable fuerza visual, pero palidece en comparación con una primera parte que había dejado el listón demasiado alto, sobre todo en lo que concierne al potente protagonismo de una Jamie Lee Curtis más empoderada que nunca».


    Vuelve a estar muy presente el factor nostálgico, con flashbacks sobre acontecimientos ocurridos en la cinta de 1978, apariciones de algunos personajes de aquella, y demás. De hecho, el protagonismo en esta entrega es mucho más coral, con los personajes de Karen y Allyson cobrando mayor peso en la trama, en detrimento (lo que es un error grave) del de la propia Laurie, que acaba dando la sensación de ser la gran convidada de piedra de la función. Puede que la heroína esté guardando fuerzas para la gran confrontación final en Halloween Ends, programada para 2022, pero lo cierto es que aquí se echa en falta más escenas en las que Laurie entre en acción. Otro de los aspectos más fallidos de Halloween Kills es que, en su afán de funcionar como fan service cumplidor, más gamberro y con unas dosis de humor que no casan muy bien con el tono crepuscular de su antecesora, se limita a acumular cadáveres (los asesinatos no son más creativos que los vistos en las secuelas más baratas de la saga) sin avanzar en una historia que gira sobre sí misma, saltando continuamente atrás en el tiempo, hasta el punto de resultar reiterativa. A pesar de todo, se agradece que todos los ingredientes que hicieron de la serie un referente en el género siguen estando presentes, incluida esa inquietante música original que compuso el propio Carpenter para la película original, capaz de provocar escalofríos por sí misma. Al igual que en la cinta precedente, vuelve a ser Nick Castle, el actor que ya interpretó al Michael Myers original, quien se enfunda la máscara de psicópata para la ocasión, por si cabía alguna duda de la condición de homenaje al clásico de la nueva trilogía. También cabe destacar cierto mensaje social en cómo presenta la creciente ola de paranoia y violencia que afecta a los vecinos de Haddonfield, hasta el punto de, en la mejor tradición de La jauría humana (Arthur Penn, 1966), lanzarse a las calles, al grito de «¡El mal muere esta noche!», para buscar justicia por su cuenta, aun cuando pueda pagar algún inocente. Posiblemente sea esta la mejor idea del flojo libreto escrito a seis manos por David Gordon Green, Danny McBride y Scott Teems, o, al menos, esa por la que se distinguirá a este título de los otros de la saga. El problema de Halloween Kills no está en ella misma. Es una película entretenida y bien rodada, no exenta de algunos momentos de considerable fuerza visual, pero palidece en comparación con una primera parte que había dejado el listón demasiado alto, sobre todo en lo que concierne al potente protagonismo de una Jamie Lee Curtis más empoderada que nunca. El espectador tiene la última palabra para decidir si lo que termina ofreciendo es suficiente.


    José Martín León |
    © Revista EAM / Madrid


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