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    Crítica: Nomad: In the Footsteps of Bruce Chatwin

    El caminante agotado

    Crítica ★★☆☆☆ de «Nomad: In the Footsteps of Bruce Chatwin», de Werner Herzog.

    Estados Unidos, 2019. Título original: Nomad: In the Footsteps of Bruce Chatwin. Director: Werner Herzog. Guión: Werner Herzog. Productor: Anthony Frith. Fotografía: Louis Caulfield. Montaje: Marco Capalbo. Diseño sonoro: Marco Capalbo. Música: Ernst Reijseger Duración: 89 minutos.

    Si algo nos ha maravillado del cine de Herzog es su voluntad por tocar los extremos. Pero sobre todo, su interés por perseguirlos a cualquier costo. Lo vemos en Fitzcarraldo (1982), orquestando el traslado de un barco inmenso a través de una ladera en plena Amazonía para cumplir un deseo entre obsesivo y colonial en clave operística, o en La Soufrière (1977), viajando a la isla de Guadalupe para filmar la inminente erupción volcánica. No bastaba con tener la idea y resolverla cinematográficamente con algún trucaje, había que ir allí, al encuentro de los acontecimientos, poner el cuerpo, darle un peso físico y rozar los límites: de la naturaleza, de las posibilidades humanas, de las imágenes y de los sonidos. Lo mismo ocurre con sus personajes, sujetos que se entregan a una idea y la llevan hasta sus últimas consecuencias a riesgo de fracasar (por ejemplo Timothy Treadwell, «el hombre oso»). Herzog siempre ha buscado esas aventuras y aventureros que, sin importar la coherencia de sus motivaciones, llegan a conclusiones fascinantes que desafían cualquier esquema del funcionamiento habitual de las cosas. Es, en general, una poética que trata de recuperar el asombro del primer cine; de la primera colisión entre espectadores e imágenes en movimiento. No sólo busca las imágenes últimas, también busca la primera mirada que, según ha demostrado a lo largo de su obra, tiene una ubicación geográfica precisa, y es por eso tan importante desplazarse para registrarla. No es coincidencia que, además de cineasta, Herzog sea un caminante obstinado (hizo un recorrido a pie de Múnich a París del que dejó testimonio en su libro Del caminar sobre hielo), y que esa práctica sea determinante —como lo fue también para alguien como Serge Daney— en su labor artística.

    Los últimos trabajos del director alemán, sin embargo, están lejos de cumplir con ese horizonte. En Nomad: In the Footsteps of Bruce Chatwin recurre a los mismos factores pero esta vez adulterados. La película versa sobre la amistad y admiración de Herzog por Bruce Chatwin, un viajero y escritor que pasó su vida entera yendo de una latitud a otra, y cuyo libro El virrey de Ouidah fue llevado a la pantalla por el propio Herzog en Cobra verde (1987). Es, por tanto, un caminante (Herzog) siguiendo los pasos de otro (Chatwin). Los elementos que se han puesto en juego a lo largo de la obra de Herzog y que aquí se prolongan son: la distancia (una cualidad del espacio y del tiempo), la escala (de lo ínfimo a lo magno) y el movimiento (imprescindible para dimensionar los dos anteriores). Pero si en el pasado Herzog los experimentaba en cuerpo propio, ahora están apenas insinuados. Ha cambiado el terreno por la especulación, el uso de la mochila por su museificación, la filmación entre paisajes agrestes por la comodidad de las tomas asépticas en dron que exponen sin mayor imprevisto la disposición de la naturaleza. La razón es obvia y puede parecer personal, aunque para alguien que apenas ha separado el cine y la vida no es menor: el envejecimiento. Sería imposible pedir a Herzog que siguiera con la misma vitalidad, empujando sus condiciones hasta lo insospechado como si el tiempo no pasara por él. Tal vez ahí radica este giro que ha encontrado espacio en el documental de ensayo. Ya no vemos los traslados, los obstáculos ni las dificultades que tanto placer dispensaban su trabajo, ahora nos quedamos con los viajes por senderos turísticos. Si algo se mantiene intacto es la curiosidad y la vocación por la investigación como único medio para preservar lo pretérito y quitarle fecha de caducidad. Las lecturas y entrevistas que realiza dan cuenta de cómo se transmiten los relatos, qué se les añade y qué se les quita, no como una tergiversación de la realidad sino como condición primordial para que la ella siga su curso. Este procedimiento queda patentado en un axioma enunciado por el biógrafo de Chatwin con el que Herzog hila las imágenes del documental: «Chatwin no decía verdades a medias, más bien decía la verdad y media», arguyendo que ese excedente es finalmente el que socavaba la verdad en toda su profundidad.

    «Herzog ha cambiado el terreno por la especulación, el uso de la mochila por su museificación, la filmación entre paisajes agrestes por la comodidad de las tomas asépticas en dron[...] El rasgo redimible de Nomad: In the Footsteps of Bruce Chatwin se halla en la sensación de epílogo de una obra terminada, rememorando su cénit con un último aliento».


    Tal vez el rasgo redimible de Nomad: In the Footsteps of Bruce Chatwin se halla en la sensación de epílogo de una obra terminada, rememorando su cénit con un último aliento. No sería pertinente dar por muerta la filmografía de Herzog, pues eso supondría poner todas las cartas en la figura del autor y quitar autonomía a cada película particular, lo cierto es que su posición ha virado en un sentido contrario al del pasado. Si de por sí las ideas de Herzog respecto a la naturaleza siempre fueron un tanto inocentes, ahora son reaccionarias: un ambientalismo New Age en concordancia con el abandono de la dimensión física. Su materialismo ha mudado a un espiritualismo que se contradice con la lógica interna de la ecología de la película, donde los personajes y sus aventuras chocan con el modo de narrarlas. Por ahora lo extremo sólo queda como tema y ya no como forma, que era donde residía la fuerza de Herzog. A diferencia de la mayoría de sus personajes, él no ha fracasado. Se ha ido apagando, pero es posible que su destino, o su límite, sea finalmente dar testimonio de todo aquello que estaba perdido en el olvido. Nadie ha dicho que agotarse no sea parte del caminar.


    Rafael Guilhem |
    © Revista EAM / Ciudad de México



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