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    Crítica: Nevia

    Resiliencia

    Crítica ★★★☆☆ de «Nevia», de Nunzia De Stefano.

    Italia, 2019. Título original: Nevia. Dirección: Nunzia De Stefano. Compañías productoras: Archimede, Rai Cinema. Intérpretes: Virginia Apicella, Pietra Montecorvino, Rosi Franzese, Pietro Ragusa, Franca Abategiovanni, Simone Borelli, Gianfranco Gallo. Guion: Nunzia De Stefano, Chiara Atalanta. Fotografía: Guido Michelotti. Montaje: Sarah Mc Teigue. Escenografia: Daniele Fabretti. Música: Michele Braga. Sonido: Vincenzo Urselli. Presentación en la sección Orizzonti del Festival de Venecia 2019. Duración: 86 minutos.

    Cuando en una cama duermen tres personas al mismo tiempo, o se lo han pasado muy bien o la necesidad aprieta. En la vida de Naná, Nevia y Enza la necesidad no es virtud, es la realidad constante. Si a la hora de levantarse la adolescente Nevia se encarga de su hermana mucho más pequeña, insiste en llevarla a un colegio al que ella hace tiempo que ha dejado de asomarse y procura no despertar a la abuela con la que conviven, para a continuación recorrer las calles de los barrios marginales de Nápoles empujando un remolque con el que va recogiendo basura de sus vecinos y ropa vieja para ganar unos euros diarios, la realidad de la joven ha quedado dibujada en poco más de tres escenas, y no es precisamente envidiable. Porque si algo es de agradecer en la propuesta de Nunzia De Stefano es su concisión, su carácter directo, su frontal acercamiento a una verdad que, no por muy vista en el cine ahí persiste, en el centro del mundo privilegiado; el que todavía se mueve por parámetros de estado de bienestar desfalleciente, servicios sociales presuntos y estado de derecho enmagrecido, en el que hay enormes bolsas de pobreza, aunque el discurso oficial intente vender otras realidades. Si el cine del norte de Italia cuando se acerca a la Mafia lo hace, fundamentalmente, desde el relato criminal con, o no, ramificaciones políticas, el cine del sur utiliza la Mafia como realidad indiscutible y persistente para observar cómo ese estado paralelo de las cosas condiciona la vida diaria, y en el fondo la vida de Nevia viene condicionada por las exigencias de la Mafia.

    En Nevia, como en La mafia ya no es lo que era de Franco Maresco, o Selfie de Agostino Ferrante, el las bandas criminales están siempre presente, pero no es la mafia el eje central de los relatos sino cómo ésta modifica la vida diaria de la gente hasta convertirla en dependientes de la estructura de la organización, aunque no se delinca. En Selfie, película autofilmada a través de sus móviles por los jóvenes seleccionados por el director, hay un par de escenas con mujeres adolescentes que, pese a ser la antítesis del personaje de Nevia, reproducen a la perfección aquello de lo que de manera constante ésta trata de huir. La perspectiva de esas jóvenes mujeres de las barriadas napolitanas es la de embellecerse en busca de marido, casarse cuanto antes, tener hijos y mantener la fidelidad a sabiendas de que sus futuras parejas terminarán en la cárcel por su colaboración en el tráfico de drogas por muy larga que sea la condena. Habría que añadir un elemento más que ellas no imaginan, o no quieren representarse, pero que Nevia sí observa en ese mundo destrozado por la droga y el crimen al que pertenece, el de la prostitución como salida fácil. Es ante todas estas realidades de un mundo machista, violento, marginal, que somete al más débil hasta impedirle recurrir a la ayuda pública para acudir antes a la del pequeño capo de barrio, ante los que Nevia hace frente desde sus propias limitaciones de edad y falta de formación. Sabe lo que no quiere para el futuro y para no caer en lo que ve a su alrededor sólo le cabe negarse, mantenerse constantemente alerta y en contra a la espera de una oportunidad.

    Nevia, Nunzia De Stefano.
    D'A Film Festival de Barcelona.



    «Si algo es de agradecer en la propuesta de Nunzia De Stefano es su concisión, su carácter directo, su frontal acercamiento a una verdad que, no por muy vista en el cine ahí persiste, en el centro del mundo privilegiado; el que todavía se mueve por parámetros de estado de bienestar desfalleciente, servicios sociales presuntos y estado de derecho enmagrecido, en el que hay enormes bolsas de pobreza, aunque el discurso oficial intente vender otras realidades».


    De Stefano utiliza esos entornos degradados que el propio Garrone (productor de la película) mostró en Dogman y Gomorra para enseñarnos todo un mundo gris, en el que el sol no sale nunca y en el que una adolescente tiene que hacer de madre, de trabajadora, de cuidadora y sin perder de vista su objetivo último, escapar para liberarse. Cámara al hombro y acompañando a Nevia, el relato transcurre entre tres o cuatro localizaciones muy definidas a las que, de pronto, se incorpora una posibilidad de resurrección. El circo, un elemento narrativo nada infrecuente en el cine italiano, aparece aquí como una realidad para separarse del «fatum». Todo estaría escrito en el futuro de Nevia, pero mantiene su oposición frontal a aceptarlo, lo que transforma a Nevia en una heredera de aquellos personajes de la literatura clásica greco-romana que luchan contra el destino diseñado para ellos por los dioses, intentando convertirse en ella misma y no en la persona que los demás han diseñado. Cuanto mayor sea el nudo que se estrecha a su alrededor para convertirla en otra marioneta más de la mafia, en este caso mediante una salida «honorable» como el matrimonio con el hijo del jefe del barrio, algo que no dejaría de ser otra especie de prostitución simulada, mayor es la determinación de la joven para resistir.

    Podrá criticarse la facilidad de la salida, el giro final un tanto oportunista del guion, pero en la mirada decidida y tenaz de Nevia por escapar de la maldición de haber nacido mujer en Marinella, un barrio construido mediante casas prefabricadas y contenedores tras el terremoto de Nápoles en los años 80, y que como todo lo provisional, termina por convertirse en definitivo, se cimenta la credibilidad de una película que, mal que nos pese, refleja un mundo real y que la propia directora conoce de primera mano por haber vivido allí en su adolescencia. La decisión, y hasta la arrogancia, de Nevia para que, por fin, resplandezca un rayo de luz, aunque sea artificial, sobre su rostro ante un futuro incierto, es la única esperanza que nos cabe tras asistir a la experiencia de un mundo construido sobre derrotas y ausencias, como la de sus padres, o sobre deudas infinitas como la que ata a su abuela a la prostitución, una amenaza latente contra la que la adolescente se rebela, no sólo por ella, sino también por su hermana pequeña. Honestidad en la mirada y objetividad en el mensaje, una pequeña película que no engaña en lo que ofrece ni carga su narración con subrayados emocionales innecesarios. La vida no suele acompañarse de subrayados, si acaso de rebeldías necesarias como la de Nevia | ★★★☆☆


    Miguel Martín Maestro |
    © Revista EAM / Valladolid



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