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    Festival de Gijón 2018 (IV): La favorita, Tarde para morir joven, Alice T.

    Todo por una chapa

    Crónica IV del Festival de Gijón 2018.

    Decía Diego Llorente durante el coloquio de su humildísima Entrialgo que, tras explicar en una presentación que no había aspirado a reflexión alguna con ella, un miembro del público exclamó «¡pues nos vamos!». Y es que las expectativas de los asistentes de un festival de cine no son las mismas que las del público habitual de una sala comercial: de alguna forma, uno espera concluir la película sintiéndose diferente a cómo la empezó. Y si el propio realizador no cree haber ofrecido nada especial, ¿por qué molestarse? Sin embargo, parece ser que el mismo espectador que reaccionó con tanta naturalidad al inicio de la proyección se acercó al director al término de la misma para expresar su conmoción ante la sensibilidad con que había retratado la existencia rural en el pueblo que da título al filme. A eso aspiraba precisamente Llorente, una misión tan difícil de alcanzar como fácil de infravalorar: pocos regalos más especiales pueden presentarse a la prosperidad que un trocito de realidad. Además, ni los artistas son los mejores para vender su propio trabajo ni el receptor inmediato es necesariamente el mejor para juzgarlo, lo que convierte los coloquios en experiencias peculiares no siempre satisfactorias. Nathan Silver, director de The Great Pretender, se mostró visiblemente decepcionado con las preguntas del público gijonés durante el encuentro en el que también intervinieron dos de los intérpretes, los fantásticos Esther Garrel y Keith Poulson; pero ¿qué esperaba?: si todo cualquier mortal supiera plasmar sus dudas en palabras, no tendrían sentido las entrevistas de los periodistas. Al final, el Festival de Gijón ha decidido entregar chapas a quienes pregunten algo, independientemente de que ese “algo” realmente interese a alguien. Aun así, la conexión entre creadores y espectadores es una de las oportunidades más especiales de los festivales, aunque sólo sea para ver con los propios ojos a los habitualmente inalcanzables artífices del arte cinematográfico. De hecho, una de las intervenciones más comunes es la de algún aspirante a cineasta que, disfrazándolo de pregunta, dice algo así: «¿cómo de cool te sientes al pertenecer al mundo del cine y cómo diablos lo has conseguido?». Gijón no es Cannes, con lo que su poder de convocatoria es limitado, pero también gracias a ello se ha paseado por sus calles como uno más el francés Gaspard Ulliel, estrella de Les confins du monde a la que, quizá infravalorando el certamen, nadie esperaba.

    LA FAVORITA

    The Favourite, Yorgos Lanthimos, Estados Unidos ǀ SECCIÓN OFICIAL.

    Los murmullos de Oscar que rodean La favorita, primera vez que Yorgos Lanthimos dirige un guion no firmado por él mismo, llevan largo tiempo preocupando a los fans acérrimos del realizador griego, quien, con cintas como Canino (2009), Langosta (2015) y El sacrificio de un ciervo sagrado (2017), se ha convertido en uno de los autores más inconfundibles del panorama cinematográfico actual. Y es que su arriesgado humor negro, sus siempre ambiguos personajes y sus nunca convencionales narrativas parecían no tener cabida en Hollywood. Sin embargo, los temores han resultado ser infundados: La favorita es tan original como cualquiera de sus predecesoras pero más ambiciosa que cualquiera de ellas, tornándose sin lugar a dudas en la mejor de sus creaciones, así como en una de las potenciales receptoras de la estatuilla dorada más redondas y sugerentes. Con ella viajamos hasta la corte inglesa de principios del siglo XVIII para encontrarnos con tres mujeres de armas tomar: la caprichosa reina Ana Estuardo, tan desquiciada que genera ternura; la astuta Lady Sarah, su amante y mano ejecutora, y la ambivalente Abigail, que llega como sirvienta pero con aspiraciones aristócratas en la mente. Olivia Colman, Rachel Weisz y Emma Stone dan vida al histriónico triunvirato con arrojo, ofreciendo tres de las mejores interpretaciones del año y confeccionado uno de los repartos más perfectos que se recuerdan. De las —siempre absurdas, siempre humanas— pasiones, rencillas y aspiraciones que las unen y separan brota un hipnótico abanico de emociones que Lanthimos explora con su habitual ironía, la cual resulta especialmente impactante al contrastar (o quizá no) con las barrocas localizaciones. Tirando del sugestivo ojo de pez, la peculiar fotografía explora los detalles reales de cada emplazamiento de forma inusitada, lanzando al espectador de lleno al corazón de la sinuosa acción. Y, aunque por motivos obvios los llamativos atavíos sí han sido expresamente confeccionados para la ocasión, su naturalismo es tal que parecen haber sido recuperados del pasado. Un guion sagaz y una puesta en escena impresionante dan como resultado una de las películas más sorprendentes del año. Si no fuera un juego de palabras tan barato, diríamos que, en lo que al Oscar respecta, estamos sin duda ante la favorita. Vaya, ya lo hemos hecho. 95/100.

    Reino Unido, Irlanda y Estados Unidos, 2018. Título original: The Favourite. Presentación: Festival de Venecia 2018. Dirección: Yorgos Lanthimos. Guion: Deborah Davis y Tony McNamara. Productora: Element Pictures y Scarlet Films. Fotografía: Robbie Ryan. Montaje: Yorgos Mavropsaridis. Reparto: Olivia Colman, Rachel Weisz, Emma Stone Nicholas Hoult y Joe Alwyn. Duración: 119 minutos.

    TARDE PARA MORIR JOVEN

    Dominga Sotomayor, Chile ǀ SECCIÓN OFICIAL.

    La dictadura chilena llega a su fin y un aroma a libertad flota en el ambiente. En tan incierto contexto sitúa Dominga Sotomayor su bella escalera de generaciones, trasladándonos a un secarral que actúa de página en blanco, al corazón de una comuna convertida en un universo paralelo. Allí, los adultos reflexionan sobre la sociedad ideal mientras beben, fuman, ríen y se dejan llevar, conscientes de que el cambio de aires también conlleva una responsabilidad que ya pesa sobre sus hombres. Los niños juegan sin descanso, ajenos todavía a las vicisitudes de la existencia humana. Y los adolescentes, como siempre, se encuentran en tierra de nadie, a medio camino entre las aspiraciones de los primeros y la irresponsabilidad de los segundos. En este grupo intermedio de edad, a menudo el más interesante, se concentra especialmente la sensible realizadora, quien conforma un rico abanico de personajes pero dedica especial atención a una joven en pleno despertar sexual e intelectual, Sofía (maravillosa Demian Hernández). Sin embargo, no es esta una película de actores, sino de atmósferas: sutil y refinada, la puesta en escena no pone demasiado empeño en que nadie se gane nuestra empatía, pero sabe convertir la naturalidad en filosófica poesía, dotando cada palabra y cada gesto de significado. Hasta la introducción de emotivos momentos musicales rezuma verdad, quedando las sencillas composiciones plenamente ligadas a aquellos que las entonan, de quienes parecen decirlo todo sin decir nada. Dichas escenas sirven de hecho de reposo intelectual, invitando al espectador a relajarse y, quizá, conmoverse. La música sirve también para impulsar el sentir festivo que invade la cinta, ambientada en la última navidad de una vieja era. El cambio de año es por tanto un símbolo de uno mucho más importante. Emblema también de todo ello es un perro que, atado con correa durante toda la película, lucha por huir, anhelando la misma libertad a la que aspiran todos lo demás. Tarde o temprano, escapará. Y entonces nada volverá a ser lo mismo. 73/100.

    Chile, Brasil, Argentina, Países Bajos, Catar, 2018. Título original: Tarde para morir joven. Presentación: Festival de Locarno 2018. Dirección: Dominga Sotomayor. Guion: Dominga Sotomayor. Productora: Cinestación. Fotografía: Inti Briones. Montaje: Catalina Marín. Reparto: Demian Hernández, Antar Machado y Magdalena Tótoro. Duración: 110 minutos.

    ALICE T.

    Radu Montean, Rumanía ǀ SECCIÓN OFICIAL.

    De cabellera tan incendiaria como su carácter, Alice es, a sus 16 años, una mentirosa compulsiva. Claro, que decir eso es quedarse corto: maltrata a su madre, desprecia a sus profesores y trae de cabeza a todo aquel que la rodea a raíz de un embarazo no deseado que sacará, si cabe, lo peor de ella. Como tantos otros adolescentes perdidos en sí mismos, Alice es tornadiza y descuidada, un auténtico rompecabezas para quienes se preocupan por ella (que, quizá por eso, son pocos). La debutante Andre Guti, de raíces asturianas, fue premiada en Locarno por su encanación valiente y sincera de un personaje a todas luces insoportable al que, pese a todo, acabamos comprendiendo. Mihaela Sirbu, su madre adoptiva en pantalla, conforma con ella un dúo perfecto, plasmando de maravilla la habitual complejidad de las relaciones maternofiliales. Con sobriedad, Radu Montean retrata una unidad familiar desestructurada y plenamente femenina, formada también por una abuela que, junto a las otras dos, protagoniza una de las pocas escenas alegres y acogedoras de la obra, aquella en que las tres generaciones se ríen con sutileza del conservadurismo rumano que aún hoy despierta el sexo. Y es que Rumanía, país donde transcurre la acción, parece un personaje más de la función, contribuyendo sin duda su todavía fuerte crudeza al desbocado carácter de una protagonista que parece enfadada con su propio enfado. Además, estamos ante uno de los países que más duros se han mostrado siempre con el aborto —no por casualidad, una de sus grandes obras maestras, 4 meses, 3 semanas, 2 días (Cristian Mungiu, 2007), levantó polémica por abordar el tema—, lo que explica la disyuntiva a la que se enfrenta una chica que, aun sospechando que sería la peor madre del mundo, se resiste a abortar, así como quizá su propia existencia: su madre biológica la abandonó en la calle al nacer, marcando un triste comienzo para una triste existencia. Alice T. —que, pese a la habitual pereza que conllevan las cintas que deben su nombre a su protagonista, no podría llevar otro título— desnuda un personaje que, si bien sería probablemente el villano de cualquier historia que no fuera la suya, termina ganándose nuestra empatía. Y es que sabemos que Alice, como la sociedad que habita, aún tiene que encontrarse a sí misma. 70/100.

    Rumanía, Francia y Suecia, 2018. Título original: Alice T. Presentación: Festival de Locarno 2018. Dirección: Radu Muntean. Guion: Alexandru Baciu, Razvan Radulescu y Radu Muntean. Productora: Multimedia Est. Fotografía: Tudor Lucaciu. Montaje: Andu Radu. Reparto: Andra Guti y Mihaela Sirbu. Duración: 106 minutos.


    Juan Roures
    © Revista EAM / Festival de Gijón


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