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    Un océano entre nosotros

    Un océano entre nosotros


    Reino Unido. 2018. Título original: The Mercy. Director: James Marsh. Guion: Scott Z. Burns. Productoras: BBC Films y Blueprint Pictures. Fotografía: Eric Gautier. Música: Jóhann Jóhannsson. Reparto: Colin Firth, Rachel Weisz, David Thewlis, Adrien Schiller, Jonathan Bailey, Tim Downie, Finn Elliot, Laurence Spellman, Oliver Maltman, Eleanor Stagg, Kit Connor, Alexia Traverse-Healy, Nick Owenford, Paul A. Munday.

    La lucha del hombre contra los designios de la naturaleza siempre ha sido un argumento de lo más venerado en el séptimo arte. No nos vamos engañar, las historias que cuentan con hombres y mujeres en un entorno desconocido y completamente aislados siempre han sido sinónimo de éxito. Quizás porque el espectador desarrolla cierta empatía por los personajes, encontrándolos más reales y terminando por hacer de su soledad y su sufrimiento algo propio, estas cintas suelen ser muy bien acogidas tanto por la crítica como por el público. Pueden presentarse en clave de comedia, como 6 días y 7 noches, o desde la óptica del más triste de los dramas, como en Náufrago; ¿quién no ha dejado escapar una lagrimilla cuando Tom Hanks finalmente debe abandonar a su fiel compañero Wilson en medio del océano? Bajo el género del suspense y el thriller, y con el mundo marino como protagonista, también podemos encontrar un gran número de cintas, como Infierno azul o A 47 metros. Incluso hemos viajado al planeta rojo para poner a prueba a la raza humana, como le ocurre a Matt Damon en Marte.

    A estas categorías debemos sumarle una más, la que lleva la etiqueta del “basado en hechos reales”, bajo la que se engloban cintas que no solo impactan por la historia que narran sino, y sobre todo, por la veracidad de la misma. La última en sumarse a esta larga lista es la producción británica The Mercy, distribuida en nuestro país bajo el título de Un océano entre nosotros. A las órdenes de esta producción de BBC Films y Blueprint Pictures se encuentra nada menos que el cineasta James Marsh, un viejo conocido de las historias que cuentan con personajes que existieron en la realidad. Los inicios del director británico se asientan en el campo del documental (en 2008 ganó el Oscar por Man on Wire) por lo que no es de extrañar que sienta cierta predisposición a plasmar sobre el celuloide hechos reales. Si en su último largometraje, el multipremiado La teoría del todo, Marsh ahondaba en los años de juventud del recientemente fallecido Stephen Hawking con una delicadeza magistral, en Un océano entre nosotros lo hace sobre la aventura que Donald Crowhurst inició en 1968 y que nunca llegó a terminar.


    Tráiler de Un océano entre nosotros

    Formado profesionalmente en el campo de la aviación, Donald Crowhurst (Colin Firth) era el dueño de una pequeña empresa dedicada a la fabricación de diversos instrumentos y herramientas electrónicas en el campo de la navegación marina. Casado y con tres hijos, este veterano de la Real Fuerza Aérea Británica era un entusiasta del mar y de la navegación en veleros, aunque su incursión en el ámbito náutico era meramente recreacional. Esto cambió cuando las deudas y una posible quiebra empresarial se dieron la mano con el concurso Sunday Times Golden Globe Race y sus 5.000 libras esterlinas de premio. Se había creado el binomio perfecto.

    Crowhurst aspiraba a convertirse en el Moneymaker del Océano ganando esta competición que buscaba encontrar al primer hombre en circunnavegar alrededor del mundo sin realizar ninguna parada. No tenía la experiencia necesaria ni los medios económicos para participar y enfrentarse a regatistas profesionales. Por no tener, no tenía ni barco. Sin embargo, el entusiasmo, y también la necesidad de hacerse con el premio, llevaron a este hombre a hacer todo lo posible para poder participar en esta competición inspirada en el viaje de Francis Chichester. Así, mediante el acuerdo con un constructor local y con un periodista detrás que lo promocionó como la gallina de los huevos de oro, Donald Crowhurst consiguió hacerse con un trimarán que fue bautizado con el nombre de Teignmouth Electrón. Pero nada de esto fue gratis: Crowhurst hipotecó su casa y su empresa para poder participar. Si no conseguía alzarse con el premio que otorgaba el diario Sunday Times, patrocinador de la carrera, lo perdería todo. No había más opción para este aficionado que la de ganar.

    Retrato de Donald Crowhurst realizado por Swen Dois.

    Así fue como Donald Crowhurst se hizo a la mar el 31 de octubre de 1968, el ultimo día fijado por el Sunday para participar en su concurso. Poco tiempo le hizo falta a bordo del Teignmouth para que Crowhurst tuviera la certeza de que jamás conseguiría llegar en primera posición o hacerlo en el menor número de días posible (el Sunday premiaba estas dos variables) sin sufrir ningún contratiempo. El trimarán no estaba preparado para navegar y presentaba graves problemas de infraestructura. Ante la perspectiva de perder la vida cruzando el Océano Austral, Donald decidió falsificar la información acerca de su paradero y no abandonar el Océano Atlántico. Sin embargo, las cosas se complicaron cuando el resto de participantes fueron abandonando la competición y él se posicionaba como el claro vencedor. Finalmente, la soledad y la presión a la que se vio sometido durante los meses que pasó en mar abierto pudieron con él.

    James Marsh narra con gran detallismo la historia de este héroe venido a menos. Para ello se vale de un reparto inigualable encabezado por Colin Firth como Donald Crowhurst y Rachel Weisz en el papel de su esposa. También es memorable la actuación de David Thewlis, quien ya había trabajado a las órdenes de Marsh, como el periodista obsesionado con publicar un gran titular a costa de las personas que se ven implicadas en él. Con todo, la de Firth es sin duda la mejor interpretación de la cinta pues es sobre él sobre el que recae todo el peso narrativo. A través de Firth podemos llegar a entender los cambios físicos y mentales por los que pasó Donald Crowhurst durante su travesía. Del entusiasmo a la desesperación, pasando por el miedo y la rabia. Todo un abanico de emociones que Firth experimenta en solitario y que remueven el corazón del espectador. También Weisz, en su papel de esposa y madre, consigue emocionar, sobre todo en la escena en la que se enfrenta a la prensa hacia el final del metraje.

    Colin Firth se pone en la piel de Donald Crowhurst en Un océano entre nosotros | Gage Skidmore.

    A pesar de ello, Un océano entre nosotros no acaba de convencer del mismo modo que lo hizo La teoría del todo. Marsh emplea la misma técnica que en su anterior largometraje pero no funciona igual de bien sobre el mar que sobre las pizarras de Cambridge. Esa narración pausada a través de la cual Marsh nos contó el inicio de la enfermedad de Hawking no se adecúa a los tempos que requiere una cinta que transcurre en gran parte en el mar. Las escenas de Colin Firth a bordo del Teignmouth se hacen tediosas y monótonas, tan solo salvadas por las conexiones que se establecen con el presente de su familia en tierra firme. El interés que suscita la posición de Crowhurst en los medios y que da lugar a escenas de mayor ritmo se ven eclipsadas, de nuevo, por un montaje que sitúa al mar y a sus moradores en primer término. Y no está mal que así sea, no podemos olvidar que lo que Marsh intenta trasladarnos es la historia real de Donald Crowhurst, pero se echa en falta algo de ritmo. Tan solo el trabajo de fotografía de Eric Gautier consigue salvar estas escenas gracias a la belleza visual y a su capacidad de captar la infinidad de tonalidades cromáticas del mar. Por otra parte, el cineasta no va más allá del relato conocido. Es más, coloca el punto y final de Un océano entre nosotros en el que para muchos sería el comienzo de la historia. ¿Qué le pasó realmente a Donald Crowhurst? ¿Qué fue de su mujer y sus hijos? ¿Cómo fue recibida la noticia por la sociedad del momento? Son muchas las preguntas que deja sin responder, no saliéndose de un guión marcado por los libros de historia. Marsh no arriesga y eso le ha pasado factura. Pese a todo, nadie puede negarle el mérito de dar a conocer la historia de un hombre que soñó a lo grande y fracasó, imponiéndose así al relato tradicional del humilde trabajador que termina triunfando en un mundo hostil que tanto gusta a Hollywood.

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