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  • Cobertura de la 71ª edición del Festival de Cannes.
    Por Víctor Blanes, Alberto Sáez, Ignacio Navarro & Emilio Luna.

    Siluetas y contornos: intersticios vitales.
    Amante por un día, de Philippe Garrel.

    El acto y el gesto.
    Isla de Perros, de Wes Anderson.

    La paternidad de los fantasmas.
    El león duerme esta noche, de Nobuhiro Suwa.

    Especial Berlinale 2018: Las 10 mejores películas

    Especial Berlinale 2018

    Las 10 mejores películas de la 68ª edición.

    No les vamos a engañar, la última edición de la Berlinale ha sido un desastre, culminada con un palmarés de afán polemista pero escaso peso aptitudinal. Una entrega, la penúltima dirigida por Dieter Kosslick, que ha subrayado la decadencia artística del certamen teutón, incapaz de ofrecer una panorámica real del presente cinematográfico y, mucho menos, establecer las bases de las próximas tendencias en la materia. Y cuesta creerlo. La Berlinale es un evento moderno, que cuenta con una organización con la marca de la eficiencia germana; su centro neurálgico –triángulo que componen el Palast, las multisalas Cinemaxx y el Grand Hotel Hyatt— es todo un prodigio de confort y comodidad; ¿Y qué decir de la propia ciudad? Berlín es el paradigma del espacio y la melancolía, de los rincones, la taciturnidad y la soledad. Un placer sensorial que ni si quiera el frío es capaz de derribar. Desgraciadamente, Kosslick no ha sabido o no ha podido levantar al gigante. La sombra de Cannes es muy alargada, y, año tras año, ha ido perdiendo vigencia ante el poderío galo. El sexagésimo octavo capítulo de la Berlinale solo ha dejado estupor, mitigado por la aparición de pequeñas perlas que pasarán por la retina de los espectadores del circuito de festivales los próximos meses. Hablamos —según el firmante de este prólogo, Emilio Luna— de filmes como Grass, de Hong Sang-soo –otra maravilla que añade los temores existenciales a la filmografía de su director—, A Paris education –cinta francesa con influencias de la Nouvelle vague que nos describe cómo se edifica el fracaso—, In the aisles —cuento romántico ambientado en unos grandes almacenes protagonizado por un soberbio Franz Rogowski— o Génezis –tríptico húngaro sobre los sólidos cimientos homofóbicos sobre los que se ubica la sociedad europea— de las que os hablaremos en EAM en las próximas semanas. Para ir abriendo boca, les dejamos la selección de Rubén Seca, enviado especial a Berlín, que se apoya en secciones paralelas y el género documental junto a los fulgores otorgados por la competición.

    1. ISLE OF DOGS

    Wes Anderson, EE.UU. | COMPETICIÓN.

    Inaugurar una Berlinale con una película de Wes Anderson resulta siempre un acierto. Ya lo fue en el 2014 con El Gran Hotel Budapest, y lo ha vuelto a ser ahora con su nueva obra de arte, donde ha creado otra vez más un maravilloso y detallado universo con sus propias realidades y leyes. Es su segundo filme de animación en stop-motion tras Fantástico Mr. Fox, y, en esta ocasión, aprovecha la coyuntura para rendir un homenaje al cine de Akira Kurosawa y al cine nipón en general. Isla de perros narra la historia de Atari, el hijo adoptivo de 12 años del corrupto alcalde Kobayashi. Cuando por culpa de un decreto gubernamental todos los perros de la ciudad de Megasaki son desterrados a un enorme vertedero, Atari decide volar por su cuenta a la Trash Island para emprender la búsqueda de su perro guardaespaldas, llamado Spots. Allí se hace amigo de una manada de perros mestizos y se embarca en un viaje épico con ellos para encontrarlo, lo que determinará el destino y el futuro de toda la prefectura. Esta sombría fábula -que es en esencia una parábola de nuestros tiempos-, está ambientada en un Japón del futuro-cercano afectado por una gripe canina que provoca una histeria masiva contra los perros, especialmente por parte del Gobierno y de sus secuaces que portan simbología felina. En ese islote de los malditos, milagrosamente, entendemos a los animales, mientras que lo que dicen las personas debe traducirse en su mayor parte (véase en versión original). Sus perros protagonistas nos confrontan con las preguntas esenciales de ¿quiénes somos? ¿Quiénes queremos ser? Humanismo animado. Un hilarante prólogo introduce el tono de un filme del que se pueden extraer diversas lecturas, lleno de alegorías y con el sentido del humor propio y característico del director norteamericano. Aprovechando la libertad creativa del medio, Wes Anderson hace una vez más un rico uso del lenguaje cinematográfico que sirve como despliegue de recursos narrativos, usando -por citar un ejemplo- de forma inteligente y original pantallas partidas que facilitan información de forma exclusivamente visual combinando un plano cenital y un plano secuencia. El Jurado supo valorarlo y le concedió el Oso de Plata a la mejor dirección. Mención especial merece a su vez el meticuloso e inspirado diseño de producción y el cuidado que hay en cada detalle. Cada marioneta tiene su propia personalidad y desprende una enorme expresividad. La cantidad de curiosidades que hay es de las que marcan la diferencia y dotan a la película de su especial encanto, de la cual se podría decir que además de ser un gran trabajo cinematográfico, es también un elaborado trabajo de alta costura repleto de texturas. Wes Anderson, que genera ya de por sí muchas expectativas con cada nuevo trabajo que hace, logra, no obstante, entusiasmar.

    2. UTØYA 22. JULI

    Erik Poppe, Noruega | COMPETICIÓN.

    Como seguramente recordarán, el 22 de julio de 2011 más de quinientos jóvenes fueron atacados por un extremista de derechas en Utøya –una pequeña isla de Oslo– mientras participaban en un campamento político. Previamente, el mencionado terrorista ya había hecho explotar una bomba en un edificio gubernamental, generando el caos. Transcurridos siete años de aquellos trágicos acontecimientos, el director noruego Erik Poppe ha decidido llevar a la gran pantalla la masacre, según él, con la intención de que la película pueda ayudar al público a entender lo horrible que fue vivir aquello. Con dicho propósito se ha servido de un único largo plano secuencia sin corte alguno, que engloba dos partes dramáticas diferenciadas: los doce minutos previos al ataque en la isla –mientras los jóvenes consultaban nerviosos con sus familiares si habían salido airosos de la explosión– y que continúa luego otros setenta y dos minutos a partir del primer disparo en sus inmediaciones; que fue el tiempo real que duró el atentado. La decisión de enfocar el filme así, lo convierte de facto en una intensa y aterradora experiencia cinematográfica, que mantiene al espectador horrorizado y compungido en su asiento desde que resuena a lo lejos el primer disparo, y no lo libera hasta que aparecen en pantalla los créditos finales. El director noruego decide mostrar todo exclusivamente desde la perspectiva de las víctimas, siguiendo constantemente a una chica llamada Kaja, sin que lleguemos a visualizar nunca nítidamente al agresor. Ello hace que cobre mucha fuerza el fuera de campo y su poder de sugestión del terror latente en la minúscula isla, que apenas ofrece posibilidad alguna de esconderse. El ritmo lo marca precisamente el sonido intermitente (diseñado en postproducción) de los disparos, que muestran la cercanía o lejanía del peligro; aunque el silencio resulta incluso más terrorífico ante la incertidumbre que conlleva. El guion se realizó a partir de los testimonios de los supervivientes, creando a partir de los mismos una ficción por evidentes motivos éticos. Pero el rodaje recreaba los hechos de forma tan realista, que conllevó a que hubiera una constante presencia de psicólogos para darles protección psicológica y emocional a los jóvenes actores. Erik Poppe, ante la complejidad de la secuencia, exigió a sus intérpretes que se aprendieran hasta el último gesto, que practicaron durante largos meses de ensayos: finalmente sólo tuvieron cinco días de rodaje, donde realizaron una única toma diaria. Cabe destacar que en la filmación, solamente estaban presentes en la coreografía el director de fotografía, Martin Otterbeck, que operaba él mismo la cámara, y su gaffer, que le ayudaba con el peso de la misma. Excelente trabajo por parte de Otterbeck, al lograr que su cámara fluya de forma orgánica y se amolde en todo momento a las necesidades dramáticas.

    3. HUMAN, SPACE, TIME AND HUMAN

    KIM Ki-duk, Corea del Sur | PANORAMA.

    El célebre director surcoreano volvió a estar presente una vez más en la Berlinale, donde ya fue premiado con el Oso de Plata al mejor director en el 2004, con Samaritan Girl. Su nuevo filme, a pesar de tener un perfil político muy idóneo para la Sección Oficial, fue presentado finalmente como película de apertura en Panorama. La propuesta de Human, Space, Time and Human parte conceptualmente de una idea similar a la de su compatriota Bong Joon-ho en Snowpiercer, pero llevándola a su terreno, con un registro naturalista. La historia, separada en tres actos y un epílogo -señalados por el título-, transcurre a bordo de un destructor de la Segunda Guerra Mundial, remodelado como crucero vacacional, y en el que se han embarcado alrededor de 100 pasajeros que representan distintos estratos y clases sociales. Entre ellos se encuentra el político candidato a las próximas elecciones estatales con más posibilidades de ser elegido nuevo presidente. Un grupo de gánsteres de pacotilla se aproxima a él para ofrecerle sus servicios, y, a consecuencia de ello, no tarda en llegar el uso de la fuerza contra el resto de pasajeros, que se quejan de los privilegios de los que goza el político a bordo del barco. Los actos violentos se suceden con rapidez, hasta el punto de asesinar a la persona que más protestaba contra las injusticias, y acto seguido realizar una serie de violaciones a su novia. Tras cruzar este umbral, el segundo acto empieza a la mañana siguiente, cuando los pasajeros descubren que el barco está flotando por encima de las nubes y que están completamente aislados. A partir de aquí, la situación va escalando de forma incesante, en una lucha de clases por el poder y el control de los limitados víveres. Sin necesidad de revelar más sobre el argumento, la pieza es de principio a fin una cruda fábula sobre la condición humana, una metáfora sobre la política contemporánea y una alegoría bíblica sobre la historia de la humanidad; un peculiar cóctel antropológico cinematográfico. A pesar de que nació con anterioridad al proyecto de mother! de Darren Aronofsky, comparte ciertos símiles con ella, aunque mucho más obvia y previsible que la citada, con personajes muy arquetípicos. El planteamiento y el tono inicial pueden resultar incluso ingenuos y forzados, pero una vez uno acepta las reglas del juego planteadas por KIM Ki-duk, el filme cobra gran intensidad, y va ganando enteros a medida que uno se adentra en su propuesta. El director surcoreano reconoce que llevaba tiempo queriendo tratar el tema del ser humano desde el punto de vista de la naturaleza. Según él, la raza humana ha sobrevivido al ser humano, es decir, devorándose entre ellos y usándose unos a otros para obtener su energía más allá de la moral y la ética, y así será siempre. Humano, espacio, tiempo… y humano. ¿Pura misantropía o pura provocación?

    4. 11 x 14

    James Benning, EEUU | FORUM EXPANDED.

    El director norteamericano James Benning se estrenó en la Berlinale precisamente con este filme en la sección Forum en el año 1977. Desde entonces su presencia en dicha sección ha sido frecuente a lo largo de su filmografía. Transcurridos ya cuarenta años de esa primera proyección, el Arsenal –la filmoteca de Berlín– ha participado en la restauración de la película con mucho cuidado y bajo la implicación y supervisión directa de Benning; y su reposición no podía ser más idílica de lo que ha sido: a escasos metros de dónde ha sido restaurada, en el mismo lugar donde compitió hace cuarenta ediciones, en el seno de esta 68ª edición del Festival. El trabajo se ha realizado a partir de una copia en 16mm, el soporte con el que estuvo trabajando durante toda su carrera, hasta el año 2009, momento en el que la obsolescencia del medio y sus dificultades crecientes le llevaron a pasarse finalmente al digital, siendo Ruhr (2009) su primera obra de estas nuevas características. 11 x 14 se convirtió en una de las películas vanguardistas norteamericanas más elogiadas de su época y en un trabajo de referencia dentro de los filmes experimentales estructuralistas de los años 70. Resulta admirable lo mucho que logra extraer de aparentemente tan poco: un mosaico de 65 secuencias de un solo plano que ofrecen diferentes paradojas, juegos de palabras o imágenes, en lo que es una anómala y nada tradicional road movie. Se las arregla para crear una estructura narrativa a partir solamente de imágenes, a base de configuraciones que dicen cada una algo por sí mismas y mantienen la película unida a través de elementos recurrentes y de imágenes y secuencias muy hipnóticas. En la década de los 70, directores como James Benning sentaron las bases para una comprensión de las imágenes en las que se construye el cine de autor de hoy en día, al menos en un tipo de cine que se ha distanciado del teatro y la literatura, y se entiende a sí mismo como un arte independiente y una forma narrativa propia. El cine de Benning puede resultar tedioso para quien no esté acostumbrado a este tipo de películas, pero si uno se deja llevar por la obra, la experiencia resulta maravillosa; incluso si uno desconecta por un rato de la misma y se sumerge en sus pensamientos, ya es un mérito para esta obra artística. Al menos, en esta Berlinale tan floja, supuso uno de los grandes regalos del festival para los que tuvimos la ocasión de verla y disfrutarla en esta nueva copia restaurada. Por desgracia, un servidor se quedó con las ganas de ver su nuevo mediometraje L. Cohen que concursaba en Forum y que no resultó posible de cuadrar en la planificación.

    5. MUSEO

    Alonso Ruizpalacios, México | COMPETICIÓN.

    Tras debutar en la Berlinale en el 2014 y alzarse con el premio a la Mejor ópera prima con la película Güeros, Alonso Ruizpalacios acudió otra vez al Festival para competir en la Sección Oficial con su nuevo trabajo, Museo, donde ha conseguido salir triunfante de nuevo con un galardón bajo el brazo: el Oso de Plata al mejor guion. El tema que ha querido abordar en esta ocasión es el de las circunstancias que rodearon al robo de varios artefactos prehispánicos del Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México en 1985, poco después del trágico terremoto que azotó al país. A pesar de que se inspiraron en los sucesos reales, pronto se dieron cuenta de que los mismos podían entorpecer el relato, por lo que decidieron darse la libertad creativa de eliminar elementos externos y centrarse más en los dos personajes protagonistas del robo, manteniendo algunas partes reales de la historia y descartando otras en pos de una mejor ficción. Y precisamente juegan con ello en el filme, el cual arranca con un «esto es una recreación exacta de una historia real» para luego concluirlo con un «¿para qué arruinar una buena historia, diciendo la verdad?». El guion, escrito conjuntamente entre Manuel Alcalá y Alonso Ruizpalacios, logra hilvanar con habilidad todo de principio a fin, añadiendo de trasfondo un claro discurso político donde se lanzan flechas en muchas direcciones, incluso de forma literal en la primera escena. «Santa Claus fue un invento para introducir a los niños inocentes al capitalismo». La película está a su vez muy bien dirigida por parte del director mexicano, con un meditado uso de lenguaje cinematográfico a lo largo de la cinta. Por citar un ejemplo, resulta magnífica la decisión de, tras usar un plano cenital de los protagonistas en el momento en que saltan el muro del museo para cometer el robo, invertir el plano con un movimiento de cámara y que se les vea de pronto corriendo boca abajo: una inteligente forma cinematográfica de plasmar la entrada en la caverna y punto de inflexión para los personajes. Ambos descubren al día siguiente del robo la dimensión del mismo, cuando se muestra en la televisión la magnitud de las consecuencias -muy por encima de sus inocentes expectativas- y se dan cuenta de que su vida ya ha cambiado para siempre. Otro elemento que tiene mucha presencia es la música, a ratos incluso algo intrusiva, pero que favorece a la creación atmosférica, y que está utilizada así intencionadamente justo para reforzar los silencios posteriores. Ruizpalacios termina de demostrar con su segundo largometraje que tiene una voz propia, profunda y onírica, y que posee un gran dominio de la ejecución y estilo, todo impregnado de originalidad, elevando lo que sería en manos de otros directores un simple thriller de entretenimiento, en una obra relevante, bajo la premisa de “no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos”.

    6. ANG PANAHON NG HALIMAW

    Lav Diaz, Filipinas | COMPETICIÓN.

    Tras dejar impronta en la Berlinale del 2016, con la que seguramente sea su obra magna, A Lullaby to the Sorrowful Mystery, de 8 horas de duración y con la que se alzó con el Premio Alfred Bauer (que como anécdota, hizo que al finalizar la proyección en el Berlinale Palast entraran las cámaras de televisión con focos de luz a entrevistar a los que asistimos, como si se tratara eso de un zoo en el que se hubiera realizado un experimento antropológico con el público), Lav Diaz ha vuelto a la Sección Oficial para presentar una película más contenida de metraje: tan solo 4 horas. Season of the devil (título en inglés) es incluso dentro de la filmografía de Lav Diaz una rara avis, pero paralelamente también una de las películas más accesibles del director filipino. En esta ocasión se ha atrevido a realizar un musical que resulta a su vez un anti-musical, pues todos los cánticos son en a capella, habiendo compuesto el propio Lav sus letras y tonalidades; pero la obra se percibe más bien como una ópera rock que se adentra en la mitología a partir de una narrativa y personajes compuestos a desde sucesos y personas reales de un período concreto, y, usando de trasfondo una historia de amor, persigue retratar uno de los periodos más oscuros de la historia de Filipinas, bajo la dictadura de Marcos. A finales de los años 70, una banda de milicianos controlados por militares aterroriza un pueblo remoto en Filipinas. El terror infligido a los ciudadanos no es solo corporal, sino también intensamente psicológico ya que no dejan de recibir apócrifos cuentos sobre el líder de la aldea. No obstante, algunas almas pelean y se niegan a darse por vencidas. Y ahí surge el poeta, profesor y activista Hugo Haniway, héroe de esta epopeya que busca desesperadamente la verdad sobre la desaparición de su esposa. Con ello, resulta interesante como Lav Diaz se dedica en las primeras dos horas a construir los cimientos de su mundo, para luego dedicarse en las dos siguientes a derruirlos sin piedad, de forma lenta. Todo ello, con una audacia y una belleza poética, a partir de una simplicidad y repetitividad de unas composiciones que contribuyen a una sensación lánguida y algo deprimente, pero intensas y que desprenden enojo hacia lo que busca criticar, y que hacen de la obra una pieza trascendental. El filme logra dejar al espectador en un estado de hipnosis total, y su metraje transcurre con una sorprendente liviandad –a pesar de desconectar tal vez en algún momento–. Los cánticos del mismo, estuvieron de hecho resonando en nuestras cabezas durante el resto del Festival. Una experiencia experimental más que recomendable para todo aquel que tenga la oportunidad de verla en algún cine, aunque resulte complicado por desgracia como gran parte de su filmografía, debido a su escaso carácter comercial.

    7. MADELINE’S MADELINE

    Josephine Decker, EE.UU. | FORUM.

    Madeline es a veces un gato, a veces una tortuga. Pero incluso cuando es propiamente Madeline, no se sabe si lo es o está interpretando. A los ojos de su ansiosa madre, ella es un ser vulnerable cuyo trastorno mental requiere atención y tratamiento médico. En el escenario, sin embargo, del taller de teatro de Evangeline (Molly Parker) que resulta extremadamente exigente, Madeline se muestra fuerte, impresionante y como una gran fuerza de la naturaleza. La directora Josephine Decker también desafía a su fantástica actriz Helena Howard en su insuperable debut, que interpreta el mencionado papel protagonista. Su tercer largometraje explora las fuerzas curativas y potencialmente destructivas del espectáculo, de la actuación con las identidades y los roles. Al igual que la propia Madeline, Madeline’s Madeline también permanece ambigua. ¿Hay que constatar realmente lo que es una enfermedad psíquica y lo que es simplemente la rebelión de un adolescente? ¿Definir el límite entre el amor y el cuidado excesivo? ¿Definir la frontera entre el amor y la sobreprotección? En un proceso artístico legítimo, en el que cada cual da y toma, ¿dónde está el umbral de la explotación? ¿Es posible que exista la creatividad sin destrucción? Madeline’s Madeline es una obra audaz y visionaria que amplía la extraordinaria promesa que ya auguraban sus dos primeros y anteriores dramas, y traza un nuevo territorio creativo. Ambientada en la contemporánea ciudad de Nueva York y el volátil espacio mental del personaje principal, la película explora las emociones, las percepciones y las luchas de una joven brillante y problemática, cuya vida se convierte en una actuación. A medida que la vida y el arte se reflejan y se replantean entre sí, la película se convierte en una sala alucinatoria de espejos y una ventana hacia una conciencia en constante cambio. La producción comparte gran parte de su magia visual y sentido de la corriente de la conciencia, con los dos primeros filmes de Decker, los oscuros y misteriosos dramas psicológicos de Butter on the Latch y Thou Wast Mild and Lovely, que tuvieron sus dos estrenos en la Berlinale de 2014. La película puede llegar a ser desconcertante, pero allí radica precisamente la fuerza de este fascinante experimento cinematográfico, filmada con energía y atrevimiento, y cuyo visionado resulta en cualquier caso estimulante, aunque el final pueda ser algo brusco e insatisfactorio. El futuro de Josephine Decker parece prometedor, merece la pena seguir su trayectoria.

    8. STYX

    Wolfgang Fischer, Alemania | PANORAMA.

    Styx fue seleccionada como película inaugural de la Sección de Panorama Special, y cerró el Festival alzándose con el Segundo Premio del Público. A diario mueren una gran cantidad de personas que arriesgan su vida con tal de lograr alcanzar las fronteras europeas en el intento de encontrar una mejor vida en nuestro continente, dejando atrás todo lo importante en su vida, por pura necesidad. La confrontación de barcos deportivos o embarcaciones pequeñas con un barco de refugiados sobrecargado y dañado en medio del océano es un escenario de horror del cual discuten actualmente a menudo los marineros, tras convertirse en una realidad cada vez más habitual. Wolfgang Fischer ha querido por ello abordar el tema y plasmarlo en la gran pantalla, para que la discusión se expanda al gran público. Rike, una médica europea de 40 años, encarna una visión occidental de felicidad y éxito, siendo una persona educada, segura de sí misma, decidida y comprometida. Decide emprender un viaje vacacional a bordo de un velero, y para ello vuela a Gibraltar, desde donde zarpa. Su objetivo es alcanzar la remota isla atlántica llamada Ascensión, donde Charles Darwin realizó en su día un curioso experimento creando un nuevo ecosistema, que ha seguido evolucionando hasta hoy en día. Pero sus vacaciones terminan abruptamente cuando, tras una dura tormenta en alta mar, en las inmediaciones de su pequeño velero aparece a la vista un pesquero dañado a la deriva. Varias docenas de personas amenazan con ahogarse. Rike sigue la cadena de rescate habitual y solicita soporte por radio. Pero cuando sus solicitudes de ayuda quedan sin respuesta, o se da cuenta de que las están ralentizando a propósito, tiene un gran dilema con qué hacer: acercarse sería peligroso al no tener su barco la capacidad suficiente para recoger a todos; pero no hacer nada sería poco humano. La película navega alrededor de dicho conflicto, y aprovecha para mostrarnos una cruda realidad con la que la mayoría de nosotros no convivimos o apenas no nos enteramos, pero que es algo muy habitual en nuestras costas, por desgracia. La ganadora del Oso de Oro de 2016, Fuocoammare, ya quiso concienciar del tema, desde otra perspectiva. Styx tiene el valor de mostrárnoslo desde un punto de vista más cercano todavía, casi en primera persona, y con ello plasmar el sinsentido de la burocracia que lidia con el tema a diario, y que parece preferir hacerse el desentendido e ir a recoger cadáveres, a rescatar vidas humanas. En los tiempos que corren, películas comprometidas como ésta, son más necesarias que nunca. El filme, que apenas tiene diálogos, relega gran importancia en el sonido, el cual toma gran protagonismo a lo largo del metraje siendo incluso el responsable de representar a elementos protagonistas en el relato, tales como el mar, el barco o las condiciones meteorológicas. Una vez finalizó el rodaje, Andreas Turnwald siguió navegando un par de días a bordo del velero para terminar de grabar sonidos que pudieran usar para el diseño de sonido.

    9. FRANCO ON TRIAL: THE SPANISH NUREMBERG?

    Dietmar Post, Lucía Palacios, Alemania | INDUSTRIA.

    Baltasar Garzón, que logró que se juzgaran a los responsables de las dictaduras de Chile y Argentina, sufrió una clara persecución política-judicial una vez intentó hacer lo propio con el franquismo, cuya presencia y poder todavía en las principales instituciones de nuestro país es más que palpable y lamentable. Tras sufrir su inhabilitación, la jueza argentina María Servini aceptó instruir la causa desde su país y recogió los autos de Garzón para ello, siguiendo la argumentación de la jurisdicción universal iniciada por el juez español. En poco tiempo, fueron muchos los querellantes que se personaron en la causa: tanto exiliados como residentes en España que se enteraron de la investigación; tanto ancianos que vivieron con sus propias carnes los malos tratos del franquismo, como hijos de personas a las que asesinaron los del régimen de Franco. El proceso de llevar adelante un juicio de estas características, resulta más que complicado, añadiendo el factor de que el Gobierno del PP –partido heredero del franquismo, fundado por uno de sus Ministros, Manuel Fraga– no se muestra dispuesto a colaborar con la justicia, sino más bien lo contrario, habiendo el ministro de Exteriores impedido que se realizara en España una videoconferencia para que las víctimas del franquismo pudieran declarar por primera vez ante la jueza argentina, sin necesidad de desplazarse. Franco on Trial es la segunda parte de una trilogía documental que están realizando Dietmar Post y Lucía Palacios, para luchar por la Memoria Histórica que tanto necesita España. Su primer documental Los colonos del Caudillo ya supuso una gran labor en esta dirección en un interesante acercamiento al legado todavía visible de la dictadura franquista. Su mirada ahora se dirige hacia el nuevo intento de condenar los crímenes que cometieron los del régimen golpista, y darles a sus víctimas la justicia que ansían –y que la Ley de Amnistía del 1977 no ha permitido que reciban hasta la fecha–. El documental combina distintos recursos –tanto filmación propia como bastante material de archivo– para realizar una narración que interconecta de forma perspicaz conceptos, ideas y acontecimientos, y dar un rápido repaso histórico de ciertos sucesos que sirve para mantener la Memoria Histórica viva en un relato bien hilvanado y repleto de informaciones poco conocidas. Dado que en España, por desgracia, vivimos bajo una dictadura del olvido, y dichos acontecimientos no se han enseñado nunca en los centros educativos, y una notoria parte de la población vive sin conocer gran parte de la historia reciente de su país. Y por esto, y por la terrible influencia del neoliberalismo en generar una opinión unidireccional bajo sus intereses, documentales como éste son importantes y extremadamente útiles, ya que invitan al espectador a pensar y reflexionar por sí mismo, gracias a este complejo trabajo de investigación que da voz tanto a las víctimas como a los perpetradores. Con ARTE detrás, el documental tiene por suerte asegurada su visibilidad por Europa.

    10. THE SILENCE OF OTHERS

    Almudena Carracedo, Robert Bahar, España | PANORAMA.

    Curiosamente, igual que el anterior filme, Trial on Franco: The Spanish Nuremberg?, este documental de The Silence of Others realizado por Almudena Carracedo y Robert Bahar, trata precisamente el mismo tema, aunque éste que aquí nos ocupa el único que competía de ambos, alzándose a su vez con el Premio del Público al Mejor Documental en la Sección de Panorama. Producida por El Deseo, es decir, presentada por Almodóvar, la película gira también alrededor del juicio argentino sobre los crímenes del franquismo, casi ocho décadas después del golpe de Estado que realizaron. Desmarcándose, The Silence of Others sigue más de cerca a los protagonistas de la causa. A modo de ejemplo, José Galantes no puede ni quiere aceptar que su torturador vive a pocos metros de él, sin castigo alguno. María Martín lucha para asegurarse de que los huesos de su padre sean exhumados de una fosa común y enterrados junto a los restos de su madre. A través de la fascinante historia contemporánea del caso y los viajes personales de varios de sus demandantes, el documental explora las sombras que el pasado todavía proyecta sobre el presente en España. ¿Qué sucede cuando un país se ve obligado a contar su historia, después de muchos años de silencio? ¿Qué sucede con aquellos que han aguantado, y luego se atreven a romper ese silencio? ¿Se puede hacer justicia realmente después de tanto tiempo? Muchas atrocidades permanecen sin haber estado resueltas o juzgadas hasta la fecha, y aunque sea a nivel simbólico, las víctimas y sus descendientes buscan que se haga justicia. Y en una sociedad todavía dividida, entre olvidar y aceptar su pasado, hay una Ley de Amnistía del 1977 que tanto daño ha hecho al porvenir del país, que no ha sabido nunca estar a la altura de las circunstancias, y que ha permitido que el franquismo saliese indemne y siga golpeando hoy en día contra la Memoria Histórica. El documental sigue el recorrido de la instrucción del caso por parte de la jueza Savini y de alguno de los querellantes durante dicho proceso, indagando en su pasado y sacando a la luz historias que habían guardado reprimidas durante muchos años, ya fuera por miedo o por dolor. Filmado a lo largo de seis años, aunque resulte muy convencional en su forma, aporta un gran contenido informativo y está bien realizado. Y, por suerte, en la dictadura del olvido española, hay algunos que se niegan a olvidar. Y como muestra de ello, en los últimos años estén surgiendo bastantes trabajos relacionados con el tema; el año pasado mismo estuvo en la Berlinale el documental británico Bones of Contention por citar otro ejemplo reciente.

    Palmarés de la 68ª edición de la Berlinale


    Como indicábamos al inicio, el cuadro de honor de la 68ª edición de la Berlinale ha estado en consonancia con el nivel cinematográfico general. La rumana Touch me not, una alegoría sobre la sexualidad, fue la película triunfadora de esta entrega al obtener el Oso de Oro y el entorchado a mejor ópera prima. Algo que no le procurará, paradójicamente, una rápida venta en Europa o Estados Unidos. Su vocación transgresora, muy por encima de sus cualidades fílmicas, finiquitan su posibilidades de distribución. Algo que, en cambio, no sucederá con otras de las integrantes del palmarés como la paraguaya Las herederas –de las pocas cintas salvadas para la crítica—, Premio Alfred Bauer, Premio FIPRESCI y Oso de Plata a la mejor actriz, que ha sido adquirida en España por BTeam Pictures; o la gala The Prayer, ganadora del Oso de plata a la mejor interpretación masculina, que encontrará con facilidad a su público en España (distribuida por Surtsey Films) gracias a su temática religiosa.

    Oso de Oro a la mejor película: Touch me not, de Adina Pintilie (Rumanía).
    Oso de Plata / Gran Premio del Jurado: Mug, de Malgorzata Szumowska (Polonia).
    Oso de Plata / Premio Alfred Bauer: Las herederas, de Marcelo Martinessi (Paraguay).
    Oso de Plata a la mejor dirección: Wes Anderson, por Isla de perros (Estados Unidos).
    Oso de Plata a la mejor actriz: Ana Brun por Las herederas (Paraguay).
    Oso de Plata al mejor actor: Anthony Bajon por The Prayer (Francia).
    Oso de Plata a la mejor contribución técnica: el diseño de producción y de vestuario de Elena Okopnaya para Dovlatov (Federación Rusa).
    Oso de Plata al mejor guion: Manuel Alcalá y Alonso Ruizpalacios por Museo (México).
    Premio a la mejor ópera prima: Touch me not, de Adina Pintilie (Rumanía).
    Premio al mejor documental: The Waldheim Waltz, de Ruth Beckerman (Austria).
    Premio FIPRESCI: Las herederas, de Marcelo Martinessi (Paraguay).


    Emilio Martín Luna & Rubén Seca
    © Revista EAM / Madrid





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