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    Crítica | Las sillas musicales

    Las sillas musicales

    Un homme qui dort

    crítica a Las sillas musicales (Les chaises musicales, Marie Belhomme, 2015).

    Llegaron una vez más los franceses al rescate de un panorama cinematográfico veraniego demasiado entregado a las extenuantes secuelas de blockbusters juveniles. La debutante Marie Belhomme consigue dibujar una sonrisa en nuestras caras con una refrescante comedia destartalada y humilde que emerge en el mejor momento, con el asfalto todavía caliente y el comienzo de las primeras lluvias post-estivales. Como si de una brisa fresca se tratara aparece la incombustible Isabelle Carré para sacudirnos un poco el mal humor y las posibles depresiones que suelen surgir en una fecha tan complicada como ésta, 31 de agosto —tanto si estamos en Oslo como si no—. Los reyes europeos del enredo vuelven a las andadas para contarnos otra historia de amor delirante entre dos extraños: Fabrice, un profesor de música comatoso, y Perrine, la desconocida que lo ha dejado en ese estado.

    Vaya por delante que nada de lo que aparece en Las sillas musicales resulta novedoso, las premisas sobre las que la directora traza su ópera prima se ciñen a rajatabla al manual cómico-romántico tan arraigado ya en el cine galo, sin embargo, sí posee ese je-ne-sais-quoi que hace que una botella de vino sepa mejor. La cinta comienza con el incidente que ocasiona que Fabrice vaya a parar al hospital; un desafortunado incidente involuntario, seguido por una apremiante situación laboral y un toque de disparatada exageración, llevará a Perrine a convertirse en una criminal al darse a la fuga —ahora sí, con total voluntariedad— del lugar de los hechos, no sin antes avisar a los servicios de emergencia. Instantes después, la protagonista descubrirá que el hombre a quien apenas acaba de conocer y a quien ha causado semejante lesión, se encuentra en un estado crítico. A partir de ese momento la mujer se propondrá enmendar su error de la mejor manera posible, aunque ello conlleve una serie de acciones legalmente reprochables (pero moralmente admisibles), como allanamiento de morada, hurto, suplantación de identidad y hasta secuestro de menores; y otras moralmente incorrectas (aunque éstas dentro de la legalidad), como sacar provecho de una desgracia ajena para mejorar su estado laboral, enamorarse de la persona a quien ha dejado en coma, o acosar sexualmente a un enfermo inconsciente (pensándolo bien, ésta última parece que encaja mejor en la primera categoría).

    «Un espectáculo en el que no habrá tiempo añadido, apenas una hora y media de metraje bastan a Belhomme para dejarnos un poco más felices y darnos un empujoncito con el que afrontar el comienzo del melancólico otoño».


    Lo mejor del filme es que, pese a sus más que asumidas carencias narrativas y a sus deliberadas inconsistencias argumentales, en ningún momento pierde el buen ritmo y el agradable buen humor con el que son tratados todos los personajes, entre ellos una espontánea Carmen Maura, tan entrañable en sus deslices españoles mientras habla un perfecto francés, como solemne en cada mirada ante una cámara que ya no esconde ningún secreto para ella. Todos los secundarios aportan su granito de arena para que el tumultuoso camino que tiene que recorrer Perrine, de su casa al hospital y del hospital al colegio, resulte lleno de color y simpatía como la que desprendía la joven Amélie Poulain en la fantástica cinta de Jean-Pierre Jeunet Amélie (2001). Pero sin querer adentrarnos mucho en el terreno de los tópicos cinéfilos, parece acertado mencionar el gran trabajo que la directora de fotografía, Pénélope Pourriat, lleva a cabo para establecer el toque de realidad y cercanía de una trama que vuelve sobre los pasos de la crisis laboral y la incapacidad del ciudadano de mediana edad para establecer una mínima estabilidad y rutina de la que salirse cuando le venga en gana, sin tener por ello que vivir en el completo caos casi anárquico. Pero todo ello llegará tras el pitido final de un espectáculo en el que no habrá tiempo añadido, apenas una hora y media de metraje bastan a Belhomme para dejarnos un poco más felices y darnos un empujoncito con el que afrontar el comienzo del melancólico otoño. | ★★★ |


    Alberto Sáez Villarino
    © Revista EAM / Dublín


    Ficha técnica
    Francia. 2015. Título original: Les chaises musicales. Director: Marie Belhomme. Guion: Marie Belhomme, Michel Leclerc. Fotografía: Pénélope Pourriat. Música: Alexis HK. Duración: 83 minutos. Productora: 31 Juin Films. Montaje: Sébastien de Sainte Croix. Diseño de producción: Erwan Le Floc'h, Philippe van Herwijnen. Diseño de vestuario: Nathalie Chesnais. Intérpretes: Isabelle Carré, Carmen Maura, Philippe Rebbot, Nina Meurisse, Laurent Quere, Arnaud Duléry, Emmanuelle Hiron. Presentación oficial: Festival de cine de Cabourg 2015.

    Póster: Las sillas musicales
    Tierra de Dios

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