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    Crítica | Retratos de familia (Ilo Ilo)

    Ilo Ilo, de Anthony Chen

    Crisis contemporáneas

    crítica de Ilo Ilo | 爸妈不在家, de Anthony Chen, 2013

    La pasada edición del Festival de Cannes –2013– dejó para el recuerdo películas como La vida de Adèle (2013), La gran belleza (2013), Nebraska (2013), A propósito de Llewyn Davis (2013) o Like Father, Like Son (2013). Una cosecha maravillosa. Un panteón fílmico interesante. Lo normal ante esta prole es que todo lo demás pase prácticamente desapercibido. Pese a tanta magnificencia hubo una pequeña sorpresa galardonada con la prestigiosa Camàra d'Or. La película en cuestión es Ilo Ilo (2013), ópera prima de Anthony Chen, que sienta las bases de lo que parece que será una carrera prometedora. Su acogida en la Croisette fue memorable, con una ovación que rondó los 15 minutos. El debut tras la cámara del director novel fue inmejorable. Ilo Ilo gira en torno a una familia de clase media situada en Singapur durante la crisis asiática de 1997. Unos padres –esclavos de la miseria mundana–, un hijo mimado y una niñera emigrada de Filipinas forman el tándem protagonista. El hilo conductor parece ser Jiale –el niño–, en torno a él gira casi toda la película; especialmente la primera mitad. No obstante sobre la individualidad del hijo emergen las individualidades del colectivo lo que implica un mayor protagonismo de la familia en su conjunto, sin jerarquías. Una madre roñosa agobiada por el trabajo, su hijo malcriado, un marido con vocación de loser y un parto inminente; un padre a la deriva, incapaz de mantener a los suyos; y por último una empleada doméstica de origen filipino que tiene que lidiar con el drama de lo desconocido, con el desprecio y con el hecho de haber dejado a su hijo en su país de origen. En el centro de todo esto o a su vera se encuentra Jiale, incordiando, emocionando, cabreando, según se tercie.

    Ilo Ilo, de Anthony Chen

    El realizador novel, más allá del retrato familiar, capta la instantánea de un país en un momento determinado. Tanto en sus usos y costumbres religiosos y sociales, como en sus desventuras económicas. El marco de fondo principal y el condicionante contextual es el económico. La sutileza y el tacto para, sin prisa pero sin pausa, proyectar una panorámica general sobre la economía no solo de Singapur, sino también de Asia, es encomiable. Chen recoge lo particular a través de la figura del padre, de la madre y de algún hecho puntual –como un suicidio–. Él –protagonizado por Chen Tian Wen– incapaz de mantener un empleo, acuciado por las deudas y asfixiado por el desprecio de su cónyuge. Ella –interpretada por Yeo Yann Yann– escribiendo cartas de despido en su puesto de trabajo. Ambos mal luchando por mantener un nivel de vida que se les escapa. Víctimas del engaño y del juego. Ludópatas y crédulos por necesidad. Hasta aquí la particular de la crisis. Lo general viene avalado por la empleada doméstica filipina, que emigra para poder alimentar a su hijo recién nacido. Todos ellos sufridos peones de esa crisis que comenzó en julio de 1997 con carácter regional y terminó por golpear a casi todo el continente. Pinceladas de vida. Cine asiático ambientado a finales de los noventa pero que enmarca temas de rigurosa actualidad en Occidente. Ahí quizá, al margen de la buena factura del conjunto, radica la razón de su éxito en Cannes. Se nos ofrece, a su vez, una perspectiva sobre el estado rudimentario –por aquel entonces, desconozco la situación actual– de la educación de las aulas en Singapur. La escena del castigo público recuerda a los tiempos en blanco y negro en España. Por último, cerrando los temas que envuelven las circunstancias del momento –contexto de la generación tamagotchi–, topamos con la inmigración filipina –cincuenta mil residentes en Singapur por aquel entonces–, el rechazo del que son víctimas y los contrastes de sus creencias y costumbres religiosas.

    Ilo Ilo, de Anthony Chen

    El tejido que cubre este drama de costumbrismo globalizado es lo mejor de una cinta por lo demás discreta. La destreza de ciertas imágenes contrasta con la previsibilidad de según qué escenas. La evolución en la relación entre la filipina –Angeli Bayani– y el niño –Koh Jia Her–, del choque a la amistad, incluso amor, se antoja predecible. De todas formas los pequeños giros argumentales que llevan al cambio se hacen creíbles, por la emotividad de lo cotidiano. No así las vergüenzas ocultas de los progenitores –él fumador secreto, ella una believer de la autoayuda–, excesivamente tópicas. En lo tocante al apartado interpretativo solo queda quitarse el sombrero. Cada gesto, cada mueca, cada frase, cada movimiento emanan realismo, credibilidad. Desde el crío –de una irreverente y de un consentido insoportables– hasta el trío adulto. En resumidas cuentas y recapitulando un poco, Ilo Ilo es un drama de época (reciente) de un verismo cotidiano. La película crece cuando uno se detiene en el fondo y deja de lado las obviedades. Las segundas lecturas la engrandecen aunque a primera vista reine el enfoque de un drama familiar ordinario. No es una obra maestra, no es una gran película ni un filme sobresaliente. Pero cumple las expectativas de la mejor opera prima del Festival de Cannes. Ilo Ilo, que nadie se engañe, es una película indie rodada en Singapur, pero que tiene poco de oriental y mucho de occidental. Lo dicho: una representación de (nuestra) época, un alegato contemporáneo. | ★★★ |

    Andrés Tallón Castro
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Singapur, 2013, Ilo Ilo (IloIlo), 爸妈不在家. Director: Anthony Chen. Guion: Anthony Chen. Productora: Fisheye Pictures. Fotografía: Benoit Soler. Reparto: Yeo Yann Yann, Chen Tian Wen, Angeli Bayani, Koh Jia Her. Presentación oficial: Cámara de Oro en el Festival de Cannes de 2013.


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