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    Crítica en Serie | Homeland (Temporada 3)

    Promocionales de Homeland (Temporada 3) | Propiedad de Vogue

    El giro de guión como forma de entender el mundo

    crítica de Homeland (2011-) | Temporada 3

    Showtime / Serie / 3ª temporada: 12 capítulos. | EEUU, 2013. Creadores: Alex Gansa & Howard Gordon. Directores: Lesli Linka Glatter, Clark Johnson, David Nutter, Carl Franklin, Seith Mann, Jeffrey Rainer, Keith Gordon, Daniel Minahan. Guionistas: Alex Gansa, Barbar Hall, Chip Johannessen, Henry Bromell, William Bromell, James Yoshimura, Patrick Harbinson, Alexander Cary, Charlotte Stroudt, Meredith Stiehm. Reparto: Claire Danes, Mandy Patinkin, Rupert Friend, Morgan Saylor, Damian Lewis, Morena Baccarin, Sarita Choudhury, Jackson Pace, F Murray Abraham, Tracy Letts, Nazanin Boniadi, Shaun Toub, James Rebhorn, Amy Hargreaves, David Marciano, Maury Sterling, William Abadie, Sam Underwood. Fotografía: David Klein. Música: Sean Callery.

    Cada temporada de Homeland ha sido una experiencia impredecible e intensa. Los creadores, Howard Gordon y Alex Gansa, cuyo trabajo previo fue 24 (2001-2010), y tanto que se nota, se han puesto cimas constantes que superar a cada paso. Han preferido no marear de forma morosa con el avance de las tramas y autoinmolarse varias veces en su particular forma de entender la televisión de entretenimiento. Hace poco este servidor hablaba del talento de los guionistas para meterse en colosales líos en algunas series. Problemas de los que no parece que haya solución posible. La metáfora del arrinconarse contra una pared y escalarla para escapar no funciona con Homeland, se necesita una frase nueva. Un gran ejemplo lo tuvimos con el episodio Olor a coche nuevo (2.4), cuyo final tenía a Carrie arrestando a Brody por terrorista. Que una serie ejecute su premisa en 16 episodios es muy poco común, y daba una medida del valor e ingenio para la situación límite de unos escritores que gustan de retarse.

    Tras el explosivo final de la segunda temporada, el único camino que quedaba era la reformulación, y a pesar de la lluvia de críticas que cayeron en el primer tercio de esta nueva tanda –algunas exasperantemente impacientes–, la agudeza de los guionistas debe ser elogiada. La temporada ha sido irregular, sí, pero ojalá cualquier producto irregular resultara tan estimulante como Homeland. Enfrentarse a esta serie es no saber cómo va a terminar un episodio, si una trama que se presenta va a durar o hasta dónde van a llegar los personajes. La tercera temporada ha sido el canto del cisne de la primera gran trama de la serie: un marine estadounidense regresa a casa tras ocho años capturado por terroristas, y una bipolar agente de la CIA sospecha de sus intenciones.

    Homeland (Temporada 3)

    De entrada, Gansa –que en la actualidad lidera la serie en solitario– ha tomado una sabia decisión: dosificar la presencia de Brody. Así, el genial Damian Lewis sólo ha participado en la mitad de la temporada. La Torre de David (3.3) nos enseñaba su paradero, y hasta el último tercio de la temporada no hemos vuelto a verle. Su jugada revela lo que muchos sospechábamos, y que el final de temporada confirma: la serie siempre ha ido en realidad sobre Carrie Mathison. Con su interpretación honesta pero siempre bordeando el exceso, Claire Danes ha convertido a la improbable agente en una heroína difícil pero siempre interesante. Improbable porque es una píldora muy gorda la que nos debemos tragar para creer que una persona tan inestable pueda trabajar en la CIA, y más cuando desafía a sus superiores una y otra vez. Pero Gansa y su gente apuestan por ella y la ponen en peliagudas situaciones que poner de los nervios al espectador más templado. Esta vez no ha sido distinto, y Carrie comenzó la temporada fingiendo ser un peligro público para la Agencia, peleándose con Saúl y facilitando así el acercamiento de altos mandos iranís para ficharla como espía. En una jugada maestra, cuya solidez argumental no resistiría un par de visionados más, Saúl revelaba que ambos habían orquestado esa estratagema para poder llegar a un poderoso miembro de la cúpula terrorista y chantajear desde dentro. Ese giro estabilizó la temporada, y reveló que en los tiempos de Déficit de Atención en los que vivimos, la gente no sabe recular un juicio emitido muy pronto. Una vez puesto en marcha el plan, también desapareció de la trama la familia Brody. Quizá sea por el avanzado embarazo de la actriz Morena Baccarin, visible ya durante los cinco capítulos en los que ha salido, pero una vez Dana salió de la residencia familiar, no volvimos a entrar. Ni un vistazo en La estrella (3.12), el crudo desenlace de la temporada. Una vez más, los guionistas han descrito el clima familiar de los Brody como un campo de minas, y más cuando las consecuencias de su exposición pública suponían el intento de suicidio de su hija. La delicadeza habitual con la que las tramas de Dana se abordan ha estado presente, pero se ha echado en falta saber más de ella tras su “cambio de identidad”.

    Homeland (Temporada 3)

    Personajes nuevos, antiguos amigos recuperados esporádicamente y múltiples tramas que se agotan enseguida: así ha funcionado esta temporada. El interés es el de entretener al espectador, pero la política del cambio de rumbo constante es agotadora en ocasiones. El público debe adaptarse a nuevas dinámicas cada par de episodios. Pero todo riesgo trae un precio. La serie puede lograr la trascendencia (véase el discurso final de Javadi a Carrie o la toma de conciencia de Fara sobre lo que puede suponer trabajar en la CIA), pero prefiere el golpe de efecto. Sólo eso explica el verismo de la escena de la ejecución pública, dolorosa de ver. La inestabilidad y la sospecha en todo momento, así está escrita la serie. Artificios aparte, el mayor placer de la temporada ha sido ver en acción la humanidad del prodigioso Mandy Patinkin. La mesura con la que afronta su encarnación del gran Saúl, derrotado antes de comenzar cualquier batalla, es encomiable. El personaje ha pasado por todos los estados de ánimo del espectro, irradiando autoridad y vulnerable por amor. Su plan maestro para hundir a la inteligencia iraní desde dentro le ha llevado a vivir a contrarreloj. Y ha criticado la hipocresía que regula el poder estadounidense, donde el mérito se lo llevan otros. El cierre de la peripecia llega con un salto temporal de varios meses. Gansa ha declarado en varias ocasiones que la muerte de Brody llevaba escrita desde el final de la primera temporada, pero que Showtime les animaba a afrontar el desafío de mantenerle vivo. El tiempo y la empatía que Lewis despierta he hecho que el personaje creciera hasta alcanzar gravedad, en el buen sentido. Su tumultuosa existencia pasará a la historia de la televisión, así como el interés de la serie en reinventarse. La cuarta temporada será un borrón y cuenta nueva, siguiendo a Carrie en su nuevo camino como ¿madre/sólo agente? Habrá que esperar a ver en qué hoyo se meten los responsables. | ★★★

    Adrián González Viña
    redacción Sevilla


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