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    Crítica | Blue Jasmine

    Blue Jasmine

    UN DELIRIO LLAMADO DINERO

    crítica de Blue Jasmine | Woody Allen, 2013

    Blue Jasmine no es una película de Woody Allen al uso. Quizá escuche esta afirmación de boca de algún desconcertado espectador a la salida de la sala. Es cierto. La última cinta del director se aleja de lo que consideramos como el imaginario alleniano: gags, diálogos hilarantes, clubes de jazz, restaurantes y museos poblados por una burguesía intelectual neoyorquina, etc. Y sin embargo, Blue Jasmine, de estructura narrativa, articulación de personajes e interpretación brillantes, puede considerarse uno de los filmes más redondos que Allen ha firmado en los últimos años. Y, si, también tiene momentos muy divertidos.

    Jasmine French (Cate Blanchett) es una dama de la socialité neoyorquina caída en desgracia. Casada con un mago de las finanzas (un ladrón de guante blanco parecido a Bernard Madoff e interpretado por Alec Baldwin), Jasmine se traslada a San Francisco a casa de su hermana Ginger donde tratará de recuperarse de una crisis nerviosa y empezar una nueva vida. Los primeros cinco minutos de cinta que relatan su llegada a California y en los que Cate Blanchett adelanta lo que va a ser su artillería dramática y cómica, son geniales. Y es que la película se sostiene sobre una fabulosa interpretación de la actriz australiana (que huele a Oscar); bien arropada, eso sí, por secundarios de improbable casting pero que funcionan. Entre ellos, dos cómicos de televisión poco conocidos en España, Andrew Dice Clay (M*A*S*H, Colgados en Filadelfia) y Louis CK (Louie, Parks and Recreation); y Sally Hawkins en el papel de su hermana Ginger. Obligada a vivir entre “perdedores” (currantes para el resto de mortales), Jasmine alivia con pastillas y vodka la tragedia de tener que buscar un trabajo normal. Lo cierto es que el personaje de Blanchett cae antipático desde el principio, pero hay algo en su patetismo que hace que nos apiademos de ella. No en vano, las escenas de Jasmine hablando sola en plena crisis histérica resultan trágicas y cómicas a la vez, generando esa empatía clave para el filme.

    Blue Jasmine, de Woody Allen

    Las excelentes interpretaciones están al nivel de la partitura. Woody Allen firma en Blue Jasmine un guion con una estructura narrativa sólida en la que combina el pasado con el presente gracias a flashbacks que nos explican las razones por las que la protagonista ha acabado allí. Los flashbacks fluyen con suavidad y funcionan como una trampa, la del pasado y el presente, de la que la Jasmine trata de escapar sin éxito. Las referencias del guión a la clásica obra Un tranvía llamado deseo han sido muy comentadas: el reencuentro de dos hermanas, el amante con accesos violentos y la atmósfera decadente. No hace mucho que Blanchett dio vida en el teatro a Blanche DuBois, protagonista de la pieza de Tennessee Williams, cuya semblanza con Jasmine también parece obvia: ambas mujeres atractivas y desequilibradas, llenas de prejuicios y soberbia. Y ambas alcohólicas en ciernes. Al igual que Blanche DuBois, Jasmine French elige vivir en un mundo imaginario, de manera que la dicotomía fantasía-realidad se convierte en uno de los grandes temas de la película, junto a la búsqueda de la identidad y la avaricia. Mansiones en los Hamptons, millonarios apartamentos en el Upper East Side de Nueva York y tiendas en la Quinta Avenida son los escenarios de un teatro en el que Jasmine se desenvuelve con naturalidad sin cuestionarse los trucos que utiliza su marido para convertir en oro todo lo que toca. O quizá se lo pregunte… Lo desconocemos, porque el film no revela cuánto sabe Jasmine sobre las tropelías de su marido. Y es precisamente esa ausencia, junto a la caricatura que hace del entorno de Ginger (entorno con el que resulta difícil identificarse a pesar del empeño que le pone uno), los dos puntos más débiles de la película.

    Blue Jasmine, de Woody Allen

    Sin embargo, al contrario que en otras cintas del director como Match Point o Delitos y faltas en las que los ejecutores salen impunes de su crimen, en Blue Jasmine se emite una sentencia moral sobre los estafadores de guante blanco tan de actualidad en los tiempos que corren: no hay segunda oportunidad para ellos. Y quizá por esta razón Woody Allen eligiera San Francisco como marco para la trama. Quien haya visitado esta bella ciudad de la costa oeste se habrá sorprendido al ver tantos vagabundos poblando sus calles, cada uno con una historia desconocida detrás. La de Jasmine French bien podría ser una de esas historias. Comenzamos esta crítica afirmando que Blue Jasmine no es una película de Woody Allen al uso, y sin embargo hay más rasgos biográficos del director en el personaje de Jasmine de los que pueda haber en otros que él mismo ha interpretado y que todos identificamos como la persona de Woody – el neurótico e hipocondríaco. Ambos comparten una lujosa vida en el Upper East Side de Nueva York, sufren un suceso traumático (en el caso de Allen su separación de Mia Farrow tras conocer ésta del affaire con su hija adoptiva), son repudiados por su hijo y se tienen que enfrentar al escarnio público. A los 77 años, Woody Allen parece estar haciendo frente a sus fantasmas personales. El resultado de ello es una gran película. ★★

    Inés Esteban González.
    redacción Nueva York.

    Estados Unidos, 2013, Blue Jasmine. Dirección y guión: Woody Allen. Productora: Sony Pictures / Gravier Productions / Perdido Productions. Presentación Oficial: el 26 de julio en New York City. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Música: varios. Intérpretes: Cate Blanchett, Alec Baldwin, Peter Sarsgaard, Alden Ehrenreich, Sally Hawkins, Louis C.K., Michael Stuhlbarg, Bobby Cannavale, Andrew Dice Clay, Max Casella, Tammy Blanchard.

    Blue Jasmine póster
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