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    Crítica | Harmony Lessons

    Harmony Lessons, de Emir Baigazin

    TERROR SUBREPTICIO

    crítica de Harmony Lessons | Uroki garmonii, Emir Baigazin, 2013

    48º Festival de Karlovy Vary | Horizons

    El abuso escolar revela lo peor de la naturaleza humana, un comportamiento desarrollado a una temprana edad que por tanto no puede explicarse racionalmente pero que surge por una necesidad inconsciente y animalesca de supervivencia y superación. Varias son las películas que en los últimos años han mostrado la cara más oscura e indignante de este censurable fenómeno, destacando por ejemplo Después de Lucía (Michel Franco, 2012), un turbio y pausado retrato sobre las penurias de una adolescente que ha perdido a su madre. Harmony Lessons (Uroki garmonii, 2013), el debut del kazajo Emir Baigazin, recuerda en algo a aquella película, pero más en la superficie y en la técnica que en los temas que verdaderamente toca. La historia se inicia efectivamente desde el punto de vista de un adolescente huérfano, sin problemas aparentes en su colegio, hasta que un suceso concreto vuelve a sus compañeros en su contra. Además, ello está narrado con una depuración similar a la de Franco, constituyendo una sorprendente muestra de madurez estilística y estética por parte de Baigazin. Sin embargo, como hemos adelantado, a partir de ahí la historia toma otros derroteros: el protagonista no sufre las vejaciones que se espera y son otros de los alumnos los que son realmente abusados, ampliándose ese tema inicial casi hasta dar lugar a una trama criminal que afecta a toda una sociedad. De hecho, esta película le da un giro a casi todos los tópicos que se han podido ir formando recientemente en torno a tal fenómeno, de tal forma que los acosadores son acosados y los personajes aparentemente fuertes acaban siendo los débiles, pero sin mostrarlo de una manera consecuente y didáctica, sino desviando la narración hacia otro tipo de horror.

    La localización en la que se sitúa la acción también contribuye a ello. A priori el paisaje nevado y montañoso proporciona una visión serena y apacible, pero poco a poco, a medida que a su vez el foco se va poniendo en unos interiores de paredes desnudas y muebles simétricos, los decorados se vuelven intimidantes y opresores. El trabajo de cámara y montaje también contribuye a ello: se suceden largos planos fijos o calculados travelings entre cortes distanciados, como si cada plano bastase para mostrar una acción concreta y en el siguiente ya se pudiese visualizar otra cosa bien distinta. Este tipo de planificación y de elipsis parece fragmentar un poco el relato, pero en realidad desemboca en una especie de puzle que nos permite entender progresivamente la naturaleza del protagonista, un chico callado y perfeccionista, de tal forma que cuando las piezas finalmente encajan, el resultado es tan satisfactorio como inapelable. En este sentido, Baigazin construye un relato medidísimo, desde su primera secuencia relevante, en la que aquel y su abuela adoptiva matan y destripan una oveja; hasta el maravillosamente ambiguo y poético plano final, en el que volvemos a ver esa oveja. Existe pues en cierto modo un planting inicial, que nos da ya tempranas pistas sobre el verdadero tema de la cinta, y un pay off final, tan inesperado como lógico, configurando entre ambos una simetría descorazonadora.

    Harmony Lessons, de Emir Baigazin

    Incluso las contadas escenas oníricas forman parte de esa estructura muy pensada, pues las mismas permiten entrar en mayor medida en la psique del chico e introducir recursos añadidos como la repentina música que únicamente suena una vez, pues por lo demás el filme carece de sonidos extradiegéticos. En definitiva, aquel está diseñado para que saquemos todas nuestras conclusiones de los actos individuales de los personajes, aunque, al margen de esa música ausente y esos limitación autoimpuesta en cuanto al tiempo y al espacio, destaca igualmente que la violencia más extrema ocurre fuera de campo. Cuatro son los episodios más sangrientos: dos peleas y dos asesinatos, y ninguno lo presenciamos directamente. En cambio, si vemos con todo detalle cómo sufre la oveja y cómo sufren también las cucarachas cobaya de los retorcidos experimentos del protagonista. La violencia explícita se deja pues para los animales y los bichos, y aun así el efecto acaba siendo chocante y provocador, probablemente porque los personajes que pueblan esta historia no sean muy diferentes a esos seres, quizás porque se encuentran reflejados a través de ellos. De lo anterior fue testigo el público que la visionó en la pasada Berlinale, en la que se le otorgó a Harmony Lessons un merecido premio artístico: quizás por contraponer esa capa artística finísimamente hilada con un sustrato sucio y perverso, y reforzar de esta forma el efecto memorable e hipnótico de ambos elementos. ★★★★

    Ignacio Navarro.
    enviado especial a la República Checa | director & crítico cinematográfico.

    Kazajstán, Alemania, Francia, 2013. Director: Emir Baigazin. Guion: Emir Baigazin. Productora: JCS Kazakhfilm. Presentación: Berlinale 2013. Fotografía: Aziz Zhambakiyev. Montaje: Emir Baigazin. Intérpretes: Timur Aidarbekov, Aslan Anarbayev, Mukhtar Andassov, Anelya Adilbekova. Presentación: Berlinale 2013.

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