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    Crítica | Costa Esperanza

    Costa Esperanza

    ESPERANZA DENTRO, DESENGAÑO FUERA

    crítica de Costa Esperanza | Wir wollten aufs Meer, Toke Constantin Hebbeln, 2012

    15º Festival de Cine Alemán.

    Hace unos meses, con motivo del estreno en nuestro país de Bárbara (Christian Petzold, 2012), destacábamos el juego que la Guerra Fría ha dado en el cine alemán reciente. Pues bien, el mismo año que aquella se ha estrenado en su país otra película que bucea en esa época, en las tensiones entre los dos bandos sociales enfrentados, y que centra incluso su protagonismo en un personaje que de nuevo quiere pasar al otro lado del muro. La presencia, aparte, del actor Ronald Zehrfeld es otro de los paralelismos entre ambos filmes, aunque en el que ahora analizamos, Costa Esperanza (Wir wollten aufs Meer, 2012), su rol es casi opuesto. El motivo de la comparación por tanto radicaría simplemente en señalar la idoneidad de que sea esta última película, segundo largometraje del joven Toke Constantin Hebbeln, la que inaugure la decimoquinta edición del festival de cine alemán de Madrid: en el mismo se trata en efecto de mostrarnos las últimas tendencias del cine germano. Además, con ello ya adelantamos bastante información sobre el contexto y las relaciones personales que podemos hallar en esta película, la cual tiene por lo demás poco que envidiarle a la del experimentado Petzold.

    Costa Esperanza nos cuenta la historia de dos amigos, Cornelis, abreviado como Coni (Alexander Fehling) y Andreas, al que algunos llaman Andi (August Diehl). Las caras de sus respectivos actores también nos suenan, probablemente porque son las de dos de los oficiales de la secuencia de la taberna de Malditos bastardos (Quentin Tarantino, 2009), cinta que ha resultado ser una mina para los actores alemanes de renombre. De hecho, un tercero de ellos, Sylvester Groth, que en aquella ocasión interpretaba a Goebbels, vuelve aquí como un agente de la Stasi. La familiaridad con lo que vemos en la pantalla llega pues a estos niveles, aunque la historia trata igualmente de evitar la previsibilidad con oportunos giros de guion y con motivaciones y caracterizaciones diversas. Uno de aquellos llega muy pronto en el metraje, conduciendo a la cárcel a Matthias (el mencionado Zehrfeld), amigo y capataz de Coni. Éste y Andi son estibadores cuyo objetivo es embarcar como marineros, pero los oficiales del régimen se lo impiden a menos que colaboren como confidentes. Uno de ellos estará dispuesto a hacerlo mientras que otro no. A partir de ahí, los caminos de los dos compañeros se separan: Coni acaba encarcelado, junto con Matthias, tras intentar huir con su novia vietnamita por la frontera con la República Checa; y Andi acaba trabajando para la Stasi, donde también se encuentra encerrado pues además queda postrado en una silla de ruedas tras sufrir un accidente.

    Costa Esperanza

    Los sueños de ambos protagonistas se desvanecen entonces progresivamente, aunque está claro que el director se posiciona del lado de uno de ellos, algo que ha aclarado por si acaso en la conferencia de prensa posterior al pase. Así pues, adivinamos la posibilidad de redención, la esperanza de la que habla el título, para al menos uno de los personajes, aunque uno de los grandes méritos de la película es no contestar a todas las preguntas que formula. Esto también ha sido destacado por Constantin Hebbeln en la citada conferencia, y queda patente al analizar un guion en donde los propósitos y las acciones de los distintos personajes se entremezclan y a veces confunden, algo que puede verse como un defecto pero que logra presentar un retrato de los mismos bastante complejo y satisfactorio, podríamos decir que hasta épico, teniendo en cuenta que la narración transcurre durante varios años. Durante ese tiempo, la evolución de la trama y de dichos personajes es por tanto detallada, multidireccional y a la vez ajustada.

    En este sentido, destaca el correctísimo trabajo, ya no solo del director y de los actores, sino del resto del equipo técnico y artístico, en todos los departamentos del filme. Ello nos permite asistir a una producción valiosa y bien ambientada, de cuidado resultado y amplio alcance, pues pretende tanto entretener al espectador como hacerle reflexionar sobre ese contexto histórico. Su documentación previa, como ha insistido el propio director, es por tanto exhaustiva, pero su intención no es precisamente la de documentar dicha época, sino la de contarnos un relato dramático que pisa varios géneros, desde el romance hasta el thriller. Ello también exige con todo un conocimiento contrastado del comportamiento que para las personas de entonces podía ser más verosímil, y en verdad todo en la cinta resulta creíble, pues aquellos aspectos que pueden no serlo tanto, aquellos que suelen sucumbir al estereotipo (como por ejemplo lo relativo al guardia de prisión), tienen un papel muy menor en el conjunto de la historia. En otras palabras, Constantin Hebbeln demuestra una madurez sorprendente para enfocar su lente en aquello que más importa, y en desarrollarlo adecuadamente.

    Costa Esperanza

    Costa Esperanza es, por tanto, muy recomendable por conseguir aunar la autenticidad y la epopeya, por decirlo de alguna manera, logro que probablemente también se deba a que está basada en una historia real; y por transmitir con paciencia y oficio la turbación que se respiraba en esos años ochenta. Sin embargo, pese a esa aparente ambición, lo cierto es que esta película nunca transciende los límites de un relato estricto, dirigido al gran público pero poco personal. Ni su técnica ni su estilo narrativo son especialmente memorables, y la sensación final es de oportuna conclusión de una historia antes que de apertura para posteriores interpretaciones, pese a que, como hemos dicho, inicialmente se pretendían dejar preguntas en el aire. Por ello en definitiva la comparación con Bárbara tiene otro sentido, y es que en ella ocurría exactamente lo contrario que aquí: la narración era algo más predecible pero esas últimas cualidades estaban, paradójicamente, bastante más presentes. ★★★★★

    Ignacio Navarro.
    director & crítico cinematográfico.

    Alemania. 2012. Director: Toke Constantin Hebbeln. Guión: Ronny Schalk & Toke Constantin Hebbeln. Productora: UFA Cinema / Frisbeefilms. Fotografía: Felix Novo de Oliveira. Música: Nic Raine. Montaje: Simon Blasi. Intérpretes: Alexander Fehling, August Diehl, Ronald Zehrfeld, Phuong Thao Vu, Sylvester Groth.

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