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    CRÍTICA | EL HIPNOTISTA

    El hipnotista, de Lasse Hallström
    EN LA MENTE DEL ASESINO
    El hipnotista | Hypnotisören, Lasse Hallström, 2012

       En 1985, una pequeña gran película sueca titulada Mi vida como un perro se convirtió en todo un éxito mundial, acaparando premios como el Globo de Oro o el del Círculo de Críticos de Nueva York al mejor filme de habla no inglesa. Las nominaciones al Oscar al mejor guión y mejor director pusieron a su realizador, Lasse Hallström en el punto de mira de la industria hollywoodiense que, consciente de que estaba ante un talento a explotar, rápidamente le reclutó para el cine norteamericano. Desde entonces, pese a algún tropiezo -Casanova (2005), Querido John (2010)-, sus obras han sido habituales en las ceremonias de los Oscar -¿A quién ama Gilbert Grape? (1993), Las normas de la casa de la sidra (1999), Chocolat (2000)-, demostrando una mano maestra como director de actores. Pese a tratarse de estupendas películas, impecablemente realizadas, se nos antojan bastante convencionales. Era como si Hallström hubiese renunciado al creador que llevaba dentro para ofrecer al público estadounidense exactamente lo que quería ver. Para colmo, sus filmes irían cayendo progresivamente en un sentimentalismo cada vez más evidente, con el ejemplo más representativo de Hachiko (2009), lacrimógena historia basada en hechos reales que narraba la amistad más allá de la muerte entre un hombre y su perro. El cineasta sueco había perdido totalmente cualquier sombra del autor que nos había enamorado con Mi vida como un perro y, pese al moderado éxito de su última comedia dramática, La pesca del salmón en Yemen (2011), nominada al Globo de Oro, siguió sin encontrarse a sí mismo. El hipnotista (2012), su primera película rodada en Suecia en 27 años, supone una saludable ruptura con todo lo que había rodado hasta entonces. No resultó descabellada esta vuelta a su país natal para intentar recuperar el crédito perdido, ya que desde Suecia nos han llegado en los últimos tiempos grandes éxitos como Déjame entrar (2008) de Tomas Alfredson o la trilogía Millennium.

    La película es una adaptación de una de las novelas de misterio suecas más vendidas, El hipnotista de Lars Kepler, que vino a ser una especie de alternativa a la todavía más exitosa saga de Stieg Larsson. Por supuesto, vistos los suculentos beneficios de las tres películas que adaptaron a este último, el salto de la obra de Kepler a la gran pantalla era lógico e inevitable. La historia narra la investigación que debe emprender el comisario Joona Linna cuando una familia es asesinada en Estocolmo. Un chico de 17 años es el único superviviente de la masacre, pero al encontrarse en estado de shock, requerirá la intervención del hipnotizador Erik Maria Bark para resolver el misterioso caso y averiguar la identidad del asesino. Muy deudora estilísticamente de las películas de Millennium, aunque con un acabado más elegante y cinematográfico, especialmente en lo que concierne a la espectacular (y gélida) fotografía de Mattias Montero, El hipnotista atrapa al espectador desde los primeros minutos, con la efectista (y violentísima) escena del asesinato de un hombre en un gimnasio. La presentación de personajes es modélica y los actores Tobias Zilliacus y Mikael Presbrandt están magníficos en sus respectivos roles de Linna y Bark, especialmente el segundo, que logra captar en su trabajo la tormentosa personalidad del hipnotista. La acción avanza con solemnidad, alternando la trama policíaca con los conflictos familiares del personaje de Bark -la tensa relación con su esposa (impecable Lena Olin, a un paso de la sobreactuación y robando cada escena en la que hace acto de presencia), los cuidados hacia un hijo enfermo de hemofilia y un pasado adúltero que parece no querer abandonar su vida- . Todos estos aspectos están descritos con gran precisión por un Lasse Hallström que parece haber tomado nota del magnífico pulso narrativo del David Fincher de Zodiac (2007). Este impecable rompecabezas, que dosifica la información y los giros argumentales con gran habilidad, comienza como una versión (más de autor) de Ni una palabra (2001), aquel thriller en donde Michael Douglas era un psiquiatra que también tenía que descifrar los enigmas encerrados en la mente perturbada de una chica. Ciertamente, los ambientes fríos del mejor cine negro nórdico acompañan muy bien al misterio de una trama que, conforme avanza el metraje, comienza a resvalar en los tópicos más manidos del subgénero de psicópatas, hasta desembocar en un final que echa por tierra la sobriedad que había caracterizado a la película hasta ese momento. Y es que la novela de Kepler, pese a sus innegables virtudes, carece de la profundidad de la obra de Larsson. Gracias a la minuciosa construcción de personajes y a los aspectos que conciernen más al drama familiar que a la verdadera intriga, El hipnotista se aleja (no demasiado) de propuestas más trilladas del género como La mano que mece la cuna (1992) o La huérfana (2009), que a fin de cuentas, son los terrenos en los que acaba desembocando. 

    El hipnotista de Lasse Hallström

       Sería injusto no reconocerle a Hallström una indudable capacidad para enganchar al espectador durante las dos horas de proyección, manteniendo un excelente ritmo durante la mayor parte del tiempo. Visualmente -con unas impactantes tomas aéreas-, estamos ante un filme muy estilizado y de gran belleza plástica que, técnicamente, en nada tiene que envidiar a las producciones que llegan de Estados Unidos. Sin ser ninguna obra maestra, se trata de un muy apreciable trabajo de encargo, en el que se agradece el momentáneo cambio de registro de un realizador que parecía prisionero de los melodramas made in Hollywood. No será recordado como uno de sus grandes trabajos, pero está destinado a ser disfrutado por un público que busque entretenimiento con algo de inteligencia detrás. ★★★★★

    José Antonio Martín.
    crítico de cine.

    Suecia. 2012. Título original: Hypnotisören. Director: Lasse Hallström. Guión: Paolo Vacirca (Novela: Lars Kepler). Productora: Filmpool Nord/Sonet Film/Svensk Filmindustri (SF). Localización: Estocolmo. Fotografía: Mattias Montero. Música: Oscar Fogelström. Montaje: Sebastian Amundsen, Thomas Tang. Intérpretes: Tobias Zilliacus, Mikael Presbrandt, Lena Olin, Helena af Sandeberg, Jonatan Bökman, Oscar Pettersson, Eva Melander, Anna Azcarate.

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