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    CINE ESPAÑOL 2011 | LA VOZ DORMIDA

    Crítica de La voz dormida
    NO ES SÓLO OTRA PELÍCULA SOBRE LA GUERRA CIVIL
    La voz dormida (Benito Zambrano, 2011)

    El sevillano Benito Zambrano fue una de las grandes revelaciones del cine español allá por 1999 gracias a una pequeña gran película que desprendía verdad y sentimiento a raudales. Su título: Solas. Ganadora de cinco premios Goya, incluyendo los de mejor director novel y guión original, si algún aspecto destacaba sobre todos los demás en aquella muestra de cine independiente nacional, ese era el magistral trabajo que logró extraer de sus actrices (María Galiana y Ana Fernández). Su siguiente obra, Habana Blues (2005), supuso un pequeño paso atrás en su carrera, con críticas desiguales. Se trató, no obstante, de una notable cinta llena de emoción y buena música, aunque algo ligera para lo que pretendía abarcar. Entre estos dos largometrajes, Zambrano había logrado una gran aceptación con la tv movie Padre coraje, con una inolvidable interpretación de Juan Diego.

    La voz dormida (2011) vino a ser la reválida del director para demostrar al público que el éxito de Solas no fue casual, significando el proyecto más ambicioso de su carrera hasta la fecha. La adaptación al cine de una celebrada novela de Dulce Chacón sobre la postguerra española supuso un arma de doble filo. Desde los tiempos de Las largas vacaciones del 36 (1976), de Jaime Camino. o Las bicicletas son para el verano (1984), de Fernando Fernán Gómez, los filmes que echaban la vista atrás sobre la temática de la Guerra Civil han sido sinónimo de éxito en taquilla. Pero últimamente, cierto sector de la audiencia ataca al cine español con los pobres argumentos de que en nuestro país hay tal falta de ideas que sólo se hacen películas de desnudos o sobre la Guerra Civil. Por ello, este subgénero, antes muy bien considerado, no pasa por su mejor momento de popularidad. Salvo excepciones donde la personalidad de cineastas como Guillermo del Toro o Álex de la Iglesia supieron darle un aire diferente al tema, con las fantásticas El laberinto del Fauno (2006) y Balada triste de trompeta (2010), las películas que se estrenaban últimamente sobre la Guerra Civil eran calificadas como más de lo mismo. Benito Zambrano tenía un fuerte reto, por lo tanto, al narrar la historia de Pepita, una joven pueblerina cordobesa que se traslada a Madrid cuando su hermana Hortensia es encarcelada por sus ideas comunistas. Pepita hará todo lo que está en su mano para evitar el fatal desenlace de Hortensia o en su defecto, intentará quedarse con el bebé que ésta espera dentro de prisión. Como ya es habitual en este realizador, lo más destacado de La voz dormida reside en unas maravillosas interpretaciones de sus actrices, no sólo de Inma Cuesta y, sobre todo, María León (Goya a la mejor actriz revelación), sino de cada una de las secundarias que dan vida a ese grupo de mujeres que comparten celda con Hortensia. Un elenco de intérpretes en estado de gracia que reflejan el dolor y la impotencia en sus tristes y marchitas miradas. De entre todas ellas, Ana Wagener, una imprescindible actriz secundaria de nuestro cine, con trabajos del calibre de El 7º día (2004), El patio de mi cárcel (2008) o Secuestrados (2010), obtuvo su Goya por dar vida a la única carcelera de buen corazón de la película. Único personaje luminoso dentro del oscurísimo retrato que Zambrano hace de los militares, curas y monjas en esta película. Está claro que no escatimó en crudeza a la hora de mostrar la barbarie y las torturas a las que se veían sometidos los presos comunistas por tener unas ideas diferentes a Franco, al igual que la impotencia de estas víctimas del fanatismo por no poder defenderse en unos juicios en donde la pena de muerte estaba a la orden del día. En este sentido, La voz dormida no posee la sutileza de otras obras que supieron narrar algo similar sin caer en el tremendismo de la violencia explícita. Secretos del corazón (1997), La lengua de las mariposas (1999) o Silencio roto (2001) apostaron por mostrar el dolor pero utilizando el fuera de campo para las escenas de fusilamiento. La cinta de Benito Zambrano está más cercana a la reciente Las trece rosas (2007), que también apostaba por reflejar gráficamente la violencia que se practicaba en esas cárceles y no se andaban con medias tintas a la hora de mostrar quiénes eran los buenos y quiénes los malos malísimos. Aquí las ejecuciones a bocajarro y una dura escena de tortura sobre el personaje de Pepita son mostradas sin tapujos. 

    La voz dormida, de Benito Zambrano

    “La fiebre no es más que otra forma de delirio. Delirar es soñar. Y soñar es sentirse lejos. Soñar es estar de nuevo en casa. Lejos.”
    texto extraído de la novela de Dulce Chacón 'La voz dormida'.

    Pese a que el enfoque que el director le dio a su obra puede resultar discutible según el criterio de cada espectador, lo que no se le puede negar es el gran calado emotivo de su propuesta. La relación entre estas dos hermanas que se quieren con toda su alma, traspasa la pantalla gracias a las entregadas actuaciones de Inma Cuesta y María León. El orgullo, la valentía y la fuerza de Hortensia contrastan con la desarmante ingenuidad, chispa y desparpajo de Pepita. La mirada azul de María León atrapa desde su primera aparición al espectador, que se ve arrastrado por la tremenda odisea que vivirá su personaje a lo largo de la historia. Las escenas de sus visitas a la prisión son realmente conmovedoras, al igual que despierta ternura su incipiente romance con el Chaqueta Negra (muy correcto Marc Clotet en el único personaje masculino de cierta entidad). El público empatiza irremediablemente con el personaje de Pepita y esa es la clave del éxito de esta adaptación, por otra parte muy académica, con una perfecta recreación de la época que, a pesar de todo, adquiere un carácter muy teatral en los momentos que muestran la convivencia entre las reclusas. Otro de los grandes aciertos del filme es la sabia utilización de la preciosa Nana de la hierbabuena (ganadora del Goya a la mejor canción), capaz de poner la piel de gallina al espectador con su poso de amargura y tristeza.

    Como cinta histórica, La voz dormida es un título simplemente correcto, pero como drama humano alcanza unas cotas de emotividad sorprendentes que elevan la calidad del producto muchos enteros. Un hermoso melodrama que habla sobre el amor fraternal, la capacidad del ser humano para mantener la dignidad en condiciones extremas y la importancia de no renunciar a los ideales que definen a cada ser humano. Quedarse únicamente con la forma sería una manera de no disfrutar del extraordinario fondo de su historia.

    José Antonio Martín.
    crítico de cine.

    España. 2011. Título original: La voz dormida. Director: Benito Zambrano. Guión: Benito Zambrano, Ignacio del Moral (Novela: Dulce Chacón). Productora: Warner Bros. Localizaciones: Madrid. Fotografía: Álex Catalán. Música: Magda Rosa Galván, Juan Antonio Leyva. Montaje: Fernando Pardo. Intérpretes: María León, Inma Cuesta, Marc Clotet, Daniel Holguín, Ana Wagener, Antonio Dechent, Javier Godino, Teresa Calo, Jesús Noguero, Miryam Gallegos, Begoña Maestre, María Garralón, Fermi Reixach.

    La voz dormida poster
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