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    DRÁCULA 3D (DARIO ARGENTO, 2012) | CRÍTICA

    Crítica de Drácula 3D, de Dario Argento - Dario Argento's Dracula 3D review
    IMPRESENTABLE DESVARÍO, PRODIGIOSO TOPLESS
    Drácula 3D (Dario Argento's Dracula 3D, Dario Argento, 2012)

    La trayectoria de Dario Argento describe una inexplicable coherencia dentro de su incoherencia. Siempre ha sido fiel a sus señas de identidad, que ha explotado hasta el paroxismo. Desde Rojo oscuro hasta Phenomena, pasando por Suspiria –posiblemente su mejor obra–, el realizador italiano ha hecho méritos para convertirse en figura de culto (el factor diferencial de las minorías cinéfilas), una especie de gurú que retrata la fantasía de manera descarnada y febril. A mediados de la década de los 70 se erigió en uno de los padrinos del giallo, subgénero adherido al thriller más inabarcable: importaba el envoltorio y la sorprendente ejecución de una técnica deliberadamente transgresora. De alguna manera, él y Mario Bava –dos referentes para los eruditos de la serie B y Z, véase Quentin Tarantino– inauguraron no sólo un modelo de narrativa, sino un estilo de vivir (y sentir) el cine. Pero aun reconociendo éstas y otras cuestiones de igual importancia, debo aclarar que nunca he conectado especialmente con los monstruos que habitan sus respectivos universos. Quizá sea por ignorancia, o por aquello que decía Bukowski: “No soy uno que aprende, soy uno que evita”. En cualquier caso, me siento a ver Drácula 3D de Argento con relativas ganas, dispuesto a eliminar de un plumazo lo sufrido anteriormente.

    La cabecera presagia una película viscosa y demasiado barata, sin más vocación que el dislate y un no sé qué muy gracioso para los fans del septuagenario. La ha coescrito y producido Enrique Cerezo, esa paradójica reencarnación de Aurelio De Laurentiis con los pies en el fútbol, la mirada en el celuloide y el gusto en las antípodas. Aparecen Unax Ugalde y una indescriptible peluca en sendos papeles secundarios; la hija del director, Asia, y Miriam Giovanelli y sus generosos pechos: el verdadero indicio de que la armonía, cuando surge mundana, se antoja irresistible. A pesar de las tesis acerca del arte y su repercusión intelectual. Por encima, incluso, de su vertiente recreativa. Y probablemente masturbatoria, pues a los dos minutos ya hemos presenciado la primera secuencia de cama en un granero, y cada movimiento o plano en el que aparece la chica es una excusa para introducir el objetivo en su ineludible escote, donde también caben un esclavo en modo ofrenda y un delgado conde que existe más por azar y apetito que por pasión, como un muerto que ha perdido definitivamente las ganas de vivir. Todo ello construido a partir de una dirección artística que remite a un libro troquelado, donde lo moderno es falsamente antiguo por mala praxis: los efectos visuales definen la artificiosa caligrafía del realizador, quien ofrece aquí una burda (sí, quizá guste a sus mártires y haga las delicias de esos sabios que reivindican la estética del feísmo) parodia del Drácula de Francis Ford Coppola, cuyo valor cinematográfico es irrefutable. Incluso Rutger Hauer (Van Helsing) camina y mira como Anthony Hopkins. Obviamente el director no evita el guiño definitivo: el momento en que la esposa del secuestrado baja a la cripta del cementerio y en la lápida de uno de los nichos se lee el nombre de Elisabetta, el mito romántico de Bram Stoker. La angelical princesa de un converso con la fisonomía de Gary Oldman.

    Con todo, estamos ante una obra cuya principal coartada, supongo, será la de no tomarse en serio a sí misma, como la jaimitada de un perturbado que ofreció destellos de lucidez en aquellos efervescentes años 70. Porque la mística de Argento se reduce a una patología freudiana. La búsqueda de ese anhelo sexual que sólo nos provoca frustración (e hinchazón). Una tormenta que está por llegar, que ha pasado pero está por llegar. Y justo ahí, en ese punto acaso de no retorno o de catarsis, surgen las idas de olla bañadas en púrpura. Una mantis religiosa gigante, herejías a punta de crucifijo, moscas, muchas moscas, y mucha, mucha sangre. Diálogos que reducen la verosimilitud a una asignatura para neófitos. La incoherente coherencia de la trama. Aclaro, por tanto, que lo único natural son los pechos femeninos. O sea, la teta por excelencia.

    Juan José Ontiveros.

    Italia, España, 2012. Título original: “Dario Argento's Dracula 3D”. Director: Dario Argento. Guión: Dario Argento, Enrique Cerezo, Stefano Piani, Antonio Tentori (Libro: Bram Stoker). Música: Claudio Simonetti. Fotografía: Luciano Tovoli. Reparto: Rutger Hauer, Thomas Kretschmann, Asia Argento, Marta Gastini, Unax Ugalde, Félix Gómez, Miriam Giovanelli, Maria Cristina Heller, Giuseppe Lo Console. Productora: Enrique Cerezo Producciones Cinematográficas S.A. / Film Export Group / Les Films de l'Astre.

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