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    SOLEDAD (LONESOME, PAUL FEJOS, 1928)

    Lonesome poster, 1928El caso del director de cine húngaro Paul Fejos (Pál Fëjos) es, cuando menos, curioso. Estudiante de medicina, organizador de representaciones teatrales en el frente italiano durante la Primera Guerra Mundial y realizador de siete películas en su Hungría natal antes de partir hacia los Estados Unidos, lo normal sería pensar que el éxito de sus películas en su país llamó la atención de los productores norteamericanos y para allá que lo llamaron. Pero nada de esto. Fejos partió para Nueva York con una oferta de trabajo, ayudante de investigación, en el Rockefeller Institute. Una vez allí, siguió interesado y colaborando con el mundo del teatro, pero el cine lo llamaba de nuevo y ahí que se lanzó a enviar proyectos e ideas a las productoras. Como con este método, tan conocido para todos los que hemos buscado trabajo tantas veces, tanto el método como el resultado negativo, Fejos no conseguía respuesta, decidió producir él mismo su primera película en Estados Unidos, The Last Moment (1928). El éxito entre la crítica de la misma fue suficiente para que enseguida encontrara productora. Nosotros nunca podremos admirarla ya que es una de tantas películas mudas de las que no se ha conservado ninguna copia para la posteridad.

    Ese mismo año, pues, la Universal lo contrata. Eran tiempos en los cuales estaba de moda convocar personal europeo que diera una pátina de clase, elegancia y cultura a las películas norteamericanas. Importando talentos europeos, el cine patrio contaría con todo el arte de estos sumado a la eficacia comercial del cine norteamericano. Claro está que esto no tenía por qué ser siempre así, pero los ejemplos eran abundantes, y Paul Fejos fue quizá uno de los que brilló de manera más fulgurante. El problema es que también fue el que brilló de manera más breve.

    Soledad (Lonesome, 1928) parte de una idea tan sencilla que podemos decir que es la idea que uno pensaría dio origen al cine mismo: chico encuentra chica, o al revés, como queráis. Sobre ella, Fejos edificó todo un monumento cinematográfico sorprendente y único, quizá la película que mejor refleja esa conjunción del afán vanguardista del cine europeo de la época con el interés comercial del cine norteamericano, consiguiendo la fusión perfecta: una película que experimenta desde el primer hasta el último plano de sus sesenta y cinco minutos de duración sin perder nunca de vista la emoción que provoca la historia que nos está contando, todo al servicio de dar fuerza a los sentimientos de los dos protagonistas, llevando un encuentro casual entre dos trabajadores, un chico y una chica, a cotas de un poderoso romanticismo sin perder jamás la perspectiva de que nos encontramos ante dos personas de lo más común, como tú y como yo, que se encuentran por puro azar. Toda la acción se desarrolla en un solo día. ¡Pero qué día más emocionante!

    Glenn Tryon in LonesomeLa película da comienzo con una joven, Mary (Barbara Kent), que se despierta y se asea antes de ir al trabajo. Cotidianidad y realismo en una secuencia filmada con una cámara en perpetuo movimiento siguiendo todos los pasos de nuestra protagonista hasta extremos de resultar casi voyeurística. El ritmo es lento y pausado. A continuación, observamos el despertar del chico, Jim (Glenn Tryon), pero la alarma del reloj no ha sonado y debe darse prisa para llegar al trabajo. La cámara enloquece y el ritmo es trepidante mientras persigue a Jim en su precipitado comienzo de jornada. El montaje, con continuos insertos de planos del reloj avanzando, crea una sensación de premura alucinante. Atisbamos incrédulos a un magnífico ejemplo de cómo la velocidad y las prisas dominan nuestras vidas. Jim se mira al espejo, se viste, corre para alcanzar el metro, desayuna acelerado en un bar… El ritmo de la película es vertiginoso, no hay respiro, es pura trepidación: la vida en una gran ciudad.

    Desde el primer momento Fejos muestra a nuestros dos héroes en secuencias en paralelo realizando los mismos actos habituales, dos personas solitarias que se enfrentan, como todos, a un día más. Cuando ambos llegan a sus respectivos trabajos la película se transforma de manera deliberada en una locura visual: un reloj sobreimpresionado en la pantalla para mostrar cómo el tiempo es el señor de todos nuestros actos, imágenes de máquinas en funcionamiento, el trabajo en cadena, para él, la confusión y el caos de lenguas, caras y voces para ella, que es telefonista. Asimilamos lo que vemos como sensaciones, la narración queda en segundo plano, pero sin perder de vista nunca a nuestros protagonistas: esta es su vida, encerrada entre lo gris de cada día y un trabajo mecánico y alienante.

    Barbara Kent in Lonesome, 1928La película seguirá mostrando a Mary y Jim en paralelo hasta que ambos se encuentren en la feria. Una tarde libre en la cual nacerá la oportunidad de conocerse, dos personas perdidas y solitarias en la gran urbe que se descubrirán el uno al otro por pura casualidad y por lo mismo se verán separadas tras un día inolvidable. Fejos consigue transmitir de forma magistral toda esa locura, ese frenesí de un día único e irrepetible.

    Como ya he dicho, no dejan de sorprender a cada plano las soluciones visuales de Paul Fejos para contarnos esta sencilla historia. Se ve con los ojos alucinados y el corazón estremecido, vanguardia y narración clásica aunadas para ofrecer una de las grandes cumbres del cine mudo. Tras el momento de su estreno se añadieron algunas secuencias habladas. El cine sonoro se abría paso a golpes entre estas gigantescas obras maestras que ya nada más terminadas parecían obsoletas, apenas daban sus primeras bocanadas al mundo cuando para las productoras y el público empezaban a considerarse barcos hundidos por un mar de ruido.

    Pero Soledad puede prescindir de estas secuencias. Su final emocionante hasta las lágrimas, una resolución que de nuevo de tan sencilla es del todo inesperada y sorprendente, la convierte en una de las más intensas películas que de seguro podréis admirar alguna vez. Paul Fejos apenas dirigiría largometrajes después. Se dedicó a hacer documentales, ya sin interés por el cine de ficción. Con los años, también abandonaría los documentales para continuar con su carrera de científico, que en vida le otorgó más honores y reconocimiento que su paso por el cine, tan fugaz y tan importante. Aunque a él esto le daba igual: espíritu inquieto, contó lo que quiso contar de la manera que quiso contarlas y, al terminar, a otra cosa. Viendo Soledad, uno piensa que en verdad no necesitó nada más.

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    Imdb LonesomePor José Luis Forte

    Escribe encerrado en una cueva, nunca entra el sol.
    Proyecta películas en la pared, ni que fuera Platón.
    Cuando sale se divierte, aunque solo piensa en volver.
    Cuando por las noches llueve, también le gusta leer.

    arthurmachen [@] hotmail.com
    La décima víctima

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    Gaza mon amour
    Las cosas que decimos Miss Marx La vida de los demás El teléfono del viento

    4 comentarios:

    1. Me ha encantado que recordéis esta preciosidad.
      A veces no hace falta hacer muchas películas, sino una perfecta. Su final es de los más emocionantes que he visto.
      Me resulta curioso comprobar a medida que investigo que el cine americano está basado casi más en el trabajo aportado por los artesanos europeos que emigraban hasta allí que el de los propios cineastas de Estados Unidos...

      Un saludo!

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    2. Ésta no la conocía, tengo que reconocerlo. Pero desde luego con una crítica tan espléndida, voy a hacer todo lo posible por verla.
      Besotes!!!

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    3. Espectacular el artículo J.L. Esta película la vi hace años y me apasiona. Una historia de amor de las que me gustan a base de miradas. Y un final maravilloso. Genial. De obligado visionado.

      Un abrazo.

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    4. Land: esta película es una maravilla. También es verdad que Fejos tiene alguna más que me encantaría poder ver, "Broadway" y "Fantomas" cuando menos. El cine norteamericano se ha nutrido de siempre, ahora igual, de creadores de todas partes del mundo. En el mudo, muchos de Europa, porque hasta finales de la década de los años 10 Estados Unidos no lograría la hegemonía mundial en el cine. Antes, y más o menos por este orden, esta hegemonía se distribuyó así: Francia, Inglaterra, Dinamarca (en el cambio de década), Italia (1915 como su año cumbre) y Estados Unidos. Alemania sería una potencia en los 20, pero para entonces Estados Unidos ya era la más fuerte.

      Margari, te va a gustar. Como indica Emilio, es una cumbre del cine romántico. También del cine experimental, pero romántica lo es un rato.

      ¡Gracias por comentar!

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