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La patria perdida
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    Cine Alemán Siglo XXI

    CINE CLUB: KING KONG (1933)

    LA OCTAVA MARAVILLA

    Ray Harryhausen el mítico director de efectos especiales declaró que si hubiera visto el King Kong de John Guillermin (1976) en lugar de la versión de 1933, se hubiera hecho fontanero. El King Kong de Merien C. Cooper y Ernest Schoedsack es la primera obra cumbre del género de aventuras, y al igual que el Metrópolis (1927) de Fritz Lang, fue la primera piedra del cine que hoy en día inunda nuestras pantallas. King Kong (1933) supuso una revolución para el celuloide que derivó en múltiples continuaciones y homenajes a la cinta original: El Hijo de King Kong (The Son of Kong, 1933) del segundo director del primer film, Ernest Schoedsack. King Kong Vs Godzilla (1962), primera aparición del gran mono en color dirigida por Ishiro Honda. King Kong Escapes (1967). La citada King Kong II (1976) de John Guillermin. El Gorila Ataca (The New King Kong, 1976), producción nipona de bajo nivel. Y, sobre todo, la versión de Peter Jackson de 2005, todo un prodigio de aventuras que, sin embargo, no albergaron el éxito esperado.

    La obra de Jackson es un auténtico homenaje a la cinta de Cooper-Schoedsack, cuyos excesos y larga duración la han privado de un mayor reconocimiento. Toda la acción en Skull Island es cine de primera categoría en contraposición al prólogo y epílogo del film que alargan la trama y reducen el interés. Pese a sus defectos es probable que Merien C. Cooper estuviera satisfecho con la esencia del film del realizador neozelandés. De todas las películas nombradas anteriormente, es la única que posee algo de magia de la que rebosa la original. Algo que intentó John Guillermin (El Coloso en Llamas) en 1976, pero la falta de ideas y de presupuesto dejaron uno de los fracasos más sonados de la historia del cine americano. Guillermin, una de las referencias para las grandes producciones de los estudios en los años setenta, toco fondo con una cinta donde lo único salvable es el elenco encabezado por un joven Jeff Bridges. Cercano a los ochenta años de su creación, King Kong demuestra en cada visionado una imperecedera originalidad que jamás podrá ser igualada.

    El gigantesco personaje creado por Merien C.Cooper (homenajeado en la cinta de Jackson) nos traslada a la médula del mito de la bella y la bestia. Cooper se embarcó en este magno proyecto en pleno auge de los estudios cinematográficos. Unos tiempos de alta competencia cómo si de la revolución industrial se tratara en busca de patentes. Sin duda, Cooper acertó de lleno en un film en el que el mismo se siente protagonista. La carrera de Cooper siempre estuvo atada al mundo del documental con creaciones cómo Hierba (1925) o Chang (1927). Precisamente uno de los protagonistas de King Kong, el creador de este largo viaje a lo desconocido Carl Denham (interpretado por Robert Armstrong), es un cineasta creador de documentales sobre las maravillas del mundo animal. Denham-Cooper nos van a trasladar a un universo que sólo existe en nuestra imaginación y donde el tiempo se para en forma de recuerdo imborrable.

    Denham organiza un viaje confidencial destino a un grupo de islas en Sumatra. El objetivo es el rodaje de una película que levante la admiración del público. Para ello lleva un barco lleno de hombres y una joven que será su protagonista, Ann Farrow. En la Isla de la Calavera se encontraran con un lugar virgen y atemporal que esconde un monstruoso secreto. Allí descubrirán no sólo un simio de grandes dimensiones que se enamorará de la rubia protagonista, también una naturaleza hostil anclada en el antediluviano. King Kong es una absoluta maravilla en cuanto a ritmo e historia. Entretenida, amena y sugerente hasta su final, Cooper nos convence de lo real que supone ese remoto paraje. Animación stop-motion (que décadas más tarde perfeccionó Harryhausen) para el diseño de criaturas tan efectiva como entrañable. King Kong es un producto adelantado a su tiempo que supuso todo un éxito en su época.

    Todo ralla a la perfección en King Kong. Escenas virtuosas (la aparición del dinosaurio en el agua*) con la partitura musical del habitual Max Steiner. Excelentes interpretaciones con la inolvidable Fay Gray (increíble el parecido con Naomi Watts en la última versión donde también es reverenciada) como objeto de deseo del enorme gorila. Destacan también Robert Amstrong como Carl Denham y Bruce Cabot (Jack Driscoll), como héroe enamorado de la función. Se agradece la capacidad de síntesis de los guionistas James Ashmore Creelman y Ruth Rose (historia concebida por Edgar Wallace), en esta historia clásica llena de emocionantes aventuras. Una película que nos traslada nuestra infancia y que nos recuerda el maravilloso hechizo que supone el noble arte del cine.

    *Incluida en la versión extendida de Peter Jackson. El propio Jackson reveló que las escenas en el fondo del precipicio (arañas e insectos gigantes) se rodaron en el original de Cooper pero se apartaron del metraje final para evitar que el público se escandalizara.

    “La bestia contempló el rostro de la bella y con su mano no mató. Desde aquel día fue como si hubiera muerto”.

    Lo Mejor: La historia, los efectos tradicionales, los actores y el director principal, Merien C. Cooper.

    Lo Peor: Que las nuevas generaciones no la conozcan en beneficio del más efectivo cine actual.

    Puntuación: 9,5/10 CINE CLÁSICO
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