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    Crítica | Valerian y la ciudad de los mil planetas

    El caramelo envenenado de Besson

    Crítica ★★★★ de Valerian y la ciudad de los mil planetas (Valerian and the City of a Thousand Planets, Luc Besson, Francia, 2017).

    He aquí una película que cuenta con todos los números para convertirse en el título maldito de 2017, ese que parece condenado de antemano (incluso antes de haberse estrenado) al odio irracional de la mayor parte de la crítica y a erigirse en uno de los desastres financieros más grandes que se recuerdan. En primer lugar, el hombre que se encuentra detrás del asunto no es otro que el megalómano Luc Besson, realizador que en los últimos años ha dinamitado su talento –ese que que en el pasado nos regaló maravillas como El gran azul (1988) o El profesional (León) (1994)– produciendo franquicias de acción intercambiables o dirigiendo aventurillas tan poco memorables como su trilogía infantil sobre los Minimoys o esa tontería titulada Lucy (2014), creada a mayor gloria de Scarlett Johansson y que, paradójicamente, supuso su mayor éxito comercial hasta la fecha, posibilitando que haya podido poner en pié el mastodóntico proyecto que nos ocupa. La traslación al cine de las peripecias de los agentes espacio-temporales Valerian y Laureline ha sido un sueño acariciado desde hace décadas por Besson, fan incondicional del maravilloso cómic de ciencia ficción de Pierre Christin y Jean-Claude Mézières que sería todo un referente en el género (que se lo digan a George Lucas y a su Star Wars, que tomó más de un elemento "prestado" de sus viñetas) desde que se empezaron a publicar sus historias hace medio siglo. Ahora, con 200 millones de euros de presupuesto, que lo convierten en el filme más caro de la historia del cine europeo, Valerian y la ciudad de los mil planetas, inspirado de manera libre en el sexto volumen de la serie, El embajador de las sombras, es, por fin, una realidad. Un caramelo envenenado que el cineasta se ha arriesgado a regalar a los seguidores de la ciencia ficción más lúdica y evasiva, al mismo tiempo que una entusiasta carta de amor a uno de las obras más destacadas del cómic francés.

    La mítica Space Oddity, de David Bowie acompaña a las imágenes con las que se abre el filme, que muestran los avances de la humanidad en su carrera espacial, a lo largo de los años, esa que culminaría con el cénit, en pleno siglo XXVIII, de Alpha, una gigantesca ciudad / estación espacial en la que conviven en perfecta paz y armonía miles de especies llegadas desde todos los confines del universo. Humanos, extraterrestres, robots y demás organismos inteligentes compartiendo un hábitat en el que cada raza vive en el entorno que mejor domina (tierra, agua, aire) pero en el que todas colaboran las unas con las otras, intercambiando conocimientos en beneficio de la prosperidad común. Tras esta magnífica apertura, Valerian y la ciudad de los mil planetas nos sumerge de lleno en materia, presentándonos la belleza de un planeta que recuerda al Pandora de Avatar (James Cameron, 2009) –tanto el colorismo de sus exóticos paisajes como la actitud de respeto de sus habitantes con la Madre Naturaleza se prestan a la comparación– justo antes de su terrible aniquilación. A continuación, se nos presenta a los héroes de la función, el engreído Valerian (un carismático Dane DeHaan) y su compañera Laureline (correcta Cara Delevingne, otorgándole a su rol femenino esa igualdad como heroína de acción tan necesaria en los tiempos que corren, no limitándose a ser un rostro bonito, comparsa de su compañero de reparto), cuya relación oscila entre la camaradería y una más que notoria tensión sexual no resuelta que flota en el ambiente, con el chico realizando todo tipo de esfuerzos para tratar de convencer a Laureline de que es el hombre de su vida, y ella dándole calabazas, consciente de su naturaleza inestable e infiel. Ya desde sus primeras escenas juntos, es evidente que la química entre DeHaan y Delevingne funciona y que sus personajes, además de valientes y aguerridos, caen simpáticos por su elocuente sentido del humor y una jovialidad contagiosa. La verdadera historia comienza cuando ambos reciben órdenes de embarcarse en la misión de detener una oscura amenaza que se cierne sobre la estación Alpha, poniendo en peligro el futuro del universo. Para ello tienen que servir de escolta de un comandante (Clive Owen) y hacerse con un transmutador (curioso animal capaz de multiplicar cualquier cosa que se le da de comer) y una codiciada perla, por los que compiten varias razas y contrabandistas espaciales, ya que en ellos se esconde la clave de un misterio que ha permanecido silenciado durante años.

    «Una aventura de ciencia ficción de sabor añejo (a pesar del impresionante 3D o los efectos CGI de ultimísima generación), divertida, dinámica y con una historia de amor incipiente, todo lo ingenua que se quiera, que funciona a la perfección para guiar cada una de las acciones de sus protagonistas».


    Al margen de que las cifras posicionen a su cinta como un fracaso estrepitoso a la altura de Waterworld (Kevin Reynolds, 1995) o John Carter (Andrew Stanton, 2012) –por otra parte, entretenimientos más que reivindicables–, Besson puede estar orgulloso del resultado final de su fantasía, una obra visualmente esplendorosa y colorista, con unos efectos digitales apabullantes como pocas veces se ha visto, capaz de crear de la nada un rico universo lleno de criaturas de lo más diversas, muy bien diseñadas, y unos escenarios que se quedan grabados en la retina del espectador que sea capaz de apreciar semejante sobredosis de creatividad e ingenio. El director ya nos había asombrado con su divertimento futurista de El quinto elemento (1997), muy mal acogida en su momento (las críticas en Cannes fueron demoledoras) pero convertida en título de culto con el paso del tiempo, y, en Valerian y la ciudad de los mil planetas ha logrado expandir aún más este imaginario, creando una aventura de ciencia ficción de sabor añejo (a pesar del impresionante 3D o los efectos CGI de ultimísima generación), divertida, dinámica y con una historia de amor incipiente, todo lo ingenua que se quiera, que funciona a la perfección para guiar cada una de las acciones de sus protagonistas. Como en la cinta de Bruce Willis, el sentido de la maravilla se adueña de la pantalla y acción y humor se complementan de manera armoniosa, con una galería de personajes secundarios muy conseguida, empezando por la entrañable Bubble –estupenda Rihanna, marcándose un número musical que recuerda, por lo extravagante e imprevisible, al de la soprano de El quinto elemento–, un alienígena con alma de artista, capaz de adoptar la forma que se proponga, y continuando con el socarrón Pirata Bob (Alain Chabat); ese Jolly the Pimp en el que Ethan Hawke saca su cara más excéntrica y desmelenada, o un trío de (especie de) patos informadores que ponen el contrapunto cómico. Todos ellos, en mayor o menor medida, contribuyen a dar vida a esta animada fauna que se mueve con igual soltura entre peligrosos zocos virtuales, transitados callejones del placer, naves capaces de desafiar las leyes del espacio y el tiempo o esa sociedad futurista que es Alpha, una acertada metáfora de la situación política actual en su utopía que oculta una trastienda de corruptos gobernantes, ciudadanos de primera y segunda categoría y extranjeros sin papeles que malviven escondiéndose de la ley. Puede que hoy no se valore a Valerian y la ciudad de los mil planetas como merece, pero bondades cinematográficas no le faltan, ya que como espectáculo cumple como la que más y deja posibilidades abiertas para inaugurar una buena franquicia juvenil que, por desgracia, nunca llegará a ver la luz. Tal vez tengamos que esperar otros 20 años para que, como El quinto elemento, sea reconocida como título de culto. | ★★★★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Francia. 2017. Título original: Valerian and the City of a Thousand Planets. Director: Luc Besson. Guion: Luc Besson (Cómic: Pierre Christin. Jean-Claude Mézières. Productores: Luc Besson, Virginie Besson-Silla. Productoras: EuropaCorp / Fundamental Films / Grive Productions. Fotografía: Thierry Arbogast. Música: Alexandre Desplat. Montaje: Julien Rey. Diseño de producción: Hugues Tissandier. Vestuario: Olivier Bériot. Reparto: Dane DeHaan, Cara Delevingne, Clive Owen, Rihanna, Ethan Hawke, Herbie Hancock, Kris Wu, Alain Chabat, Sam Spruell, Rutger Hauer, Sasha Luss.


    El fulgor efímero

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