Introduce tu búsqueda

  • Especial Festival de Sundance.
    Cobertura completa de la edición 2018.

    Repetir lo irrepetible.
    «En la playa sola de noche», de Hong Sang-soo.

    Sensualidad praxiteliana.
    «Call me by your name», de Luca Guadagnino.

    Insert Coin.
    «Good Time», de los hermanos Safdie.

    Crítica | Viaje a Italia

    The Trip to Italy

    La comedia como revisita

    crítica ★★★ de Viaje a Italia (The Trip to Italy, Michael Winterbottom, Reino Unido, 2014).

    En la época del reciclaje iconológico, de la ironía del pastiche y de la traslación de la aventura clásica al lenguaje Instagram, ¿qué aproximación posible queda ante el motivo del «viaje de descubrimiento»? Cuando Percy Bysshe Shelley y Lord Byron escribieron sobre sus andanzas en Italia, el cariz romántico era creíble: el exilio de la vieja Inglaterra y su rigidez moral en busca de culturas desconocidas y nuevas energías revolucionarias. Una era en la que lo extranjero, por desconocido, constituía algo así como la quintaesencia de la fascinación poética. Viaje a Italia, secuela de la (en su origen) serie de la BBC The Trip (2010), toma la estancia de los dos poetas británicos al país transalpino como primera excusa (pre)argumental. Los dos protagonistas, a los que encarnan los actores Steve Coogan y Rob Brydon en versiones exageradas de sí mismos, reciben de un diario británico el encargo de completar un viaje de seis días por Italia probando distintos restaurantes y siguiendo los pasos de Shelley y Byron. Una de las escenas los muestra ante la casa en la que vivió Byron en Genoa: la visita da para una foto que luego pasar a los publicistas y un par de anécdotas sexuales que rememoran acerca del poeta. Es decir, que uno de los pocos momentos donde este sentido del viaje como rastreo de las huellas de los dos escritores es filmado sirve, más que nada, para evidenciar lo vacío que resulta el propósito.

    El «viaje de descubrimiento» de Coogan y Brydon termina por olvidar este planteamiento inicial para indagar en lo que más parece interesarle a Winterbotton: el desparpajo de sus dos actores/personajes principales para llenar de comedia cínica espacios a priori sacralizados por la formalidad cultural. Otra de las citas que la cinta desliza, ya en su mismo título, es la del Viaggio in Italia (Te querré siempre en su título español) de Rossellini. La asociación automática de las dos películas parecía inevitable, y el director británico opta por introducir la referencia directa en una de sus escenas, en la que sus viajeros visitan una catacumba napolitana donde se rodó el filme de Rossellini. Pero hay una correspondencia más sutil donde Winterbottom marca mucho mejor su distanciamiento sardónico. Si recuerdan, el primer elemento interventor del milagro final de Viaggio in Italia era la observación, por parte de Ingrid Bergman, de los cuerpos momificados de una pareja de enamorados pompeyanos que murieron abrazados durante la erupción del Vesubio. Pues bien, Viaje a Italia también encuentra a los dos protagonistas con una momia hallada en Pompeya… para convertirla en objeto de burla de Rob Brydon, que finge tener una hilarante conversación con ella.

    The Trip to Italy

    «Winterbottom arranca a ratos reacciones de empatía profunda con sus personajes pese a las presuntas inclemencias: el tratamiento en clave de comedia y la dolce vita burguesa que retrata no obstaculizan este cariz más humanista que opera el acercamiento del espectador».


    Simplificando las cosas, podríamos decir que la estructura básica de Viaje a Italia son los diálogos de sus dos caracteres principales entre comida y comida, en los que se entregan a un sinfín de imitaciones vocales de famosos (atención a la conversación entre Tom Hardy y Christian Bale en la tercera entrega de Batman que recrean), chascarrillos sobre el mundo del cine, algún que otro encuentro añadido y un pique implícito entre los dos que bordea los límites de lo amistoso. Pero estos punteos de comedia cercana a lo improvisatorio entran en diálogo con el sustrato cultural mencionado de los espacios que visitan. Al hacerlo, la dimensión histórica y la dimensión íntima del acto de visitar (o revisitar) se funden en una. Esto es, que Coogan y Brydon se enfrentan durante esos seis días a las huellas de la literatura y el cine sobre el espacio que transitan, a la vez que a las huellas de los desengaños y las pérdidas en sus propias vidas. Y en ambos casos, el mecanismo de defensa que adoptan es similar: un humor cínico que apenas alcanza a esconder la melancolía de la edad madura. Las conversaciones nocturnas que sendos personajes mantienen con sus familias en las habitaciones de hotel, después de haberse pasado el día tirándose puyas, resultan muy expresivas a este respecto. Con lo que, ya de paso, Winterbottom arranca a ratos reacciones de empatía más profunda con sus personajes pese a las presuntas inclemencias: el tratamiento en clave de comedia y la dolce vita burguesa que retrata no obstaculizan este cariz más humanista que opera el acercamiento del espectador. Así, la aparente ligereza anecdótica de su envoltorio deja paso a historias intimistas donde podemos detectar hasta amagos de cambio vital desencadenados por el viaje. El gran acierto de Winterbottom está en hacer que casi se difuminen en el tratamiento cómico e impresionista (esa luz efímera de los paisajes italianos que alcanza connotaciones narrativas), pero no lo suficiente como para poder ser intuidas por el espectador. Ni siquiera evitan ese acto de intuición los propios personajes, que se remiten una y otra vez a ficciones fuera de su propia ficción (esas imitaciones y anécdotas cinéfilas) como si quisieran distanciarse de su propio relato, expulsarlo de las imágenes. Incluso su desenlace, en el que Brydon compara a Vacaciones en Roma y Notting Hill hablando de la extinción de finales idealistas en el cine, intenta dicha maniobra. Lo que, por supuesto, no evita la pregunta que queda planeando una vez suena una aria de ópera y un plano de un barco bañado por la luz del atardecer cierra la cinta. ¿Cuál es su propio final?


    Miguel Muñoz Garnica
    © Revista EAM / Pamplona


    Ficha técnica
    Reino Unido, 2015. The Trip to Italy. Director: Michael Winterbottom. Guión: Michael Winterbottom. Productora: British Broadcasting Corporation (BBC), Revolution Films. Presentación oficial: Festival de Sundance 2014. Fotografía: James Clarke. Montaje: Mags Arnold, Robbie Gibbon, Paul Monaghan, Marc Richardson. Reparto: Steve Coogan, Rob Brydon, Claire Keelan, Rosie Fellner, Marta Barrio, Ronni Ancona, Timothy Leach, Rebecca Johnson, Alessandro Cuomo, Alba Foncuberta Bufill, Flora Villani. Duración: 108 minutos. PÓSTER de TRIP TO ITALY.

    Tierra de Dios

    0 comentarios:

    Publicar un comentario

    "Sueñen. Vean cine."

    Estrenos

    Premios

    • Cuaderno de viaje: análisis visual y narrativo de Twin Peaks

      «Aviso al lector: este texto, como la anterior entrega que publicamos, está plagado de spoilers que detallan información de los capítulos reseñados. Está concebido con la esperanza de ser un acompañamiento a las experiencias de visionado previas de cada uno, y como tal asume la incompletitud de su análisis. Ni ofrece, ni lo pretende, una lectura totalizadora de la serie. Sino una serie de fragmentos rescatados, puestos en una relación más o menos arbitraria y leídos bajo una serie de constantes que se adivinan en Lynch, pero que quizá tengan mucho de las propias inquietudes de quien escribe...».
    • El cine de Maya Deren. Una mirada a su filmografía

      «La consolidación de la mujer en la industria del cine es algo tan reciente y, por desgracia, tan condenado a un inevitable período de reafirmación presumiblemente extenso, que resulta muy difícil establecer una lectura del papel femenino en el cine y, mucho menos, en el cine de vanguardia, pues su relación parece más coincidente que desencadenante. Sólo en las últimas entregas de los grandes festivales, ha sido motivo de indignación y debate la ausencia de una participación femenina más cuantiosa...».
    • El tedio según Sofia Coppola

      «Si nos detenemos a analizar la filmografía de Sofía Coppola, encontramos un denominador común en todas sus historias. Los personajes que retrata la realizadora neoyorquina están embriagados por el aburrimiento, por una sensación de pesadumbre que les arrastra y que, de un modo u otro, actúa como catalizador de sus actos. Puede ser un elemento impuesto, como ocurre en Las vírgenes suicidas, y del que solo hay una manera de escapar; que viene dado por el entorno, como en Lost in translation, donde se materializa en un sentimiento de extrañeza que acaba por unir a dos almas solitarias...».

    Festivales

    Extras

    [12][Trailers][slider3top]