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    Festival de Sitges 2015 | Día 1. Críticas: Mr. Right, Absolutamente todo & The shelter

    The witch

    Singin' in Sitges

    Crónica de la primera jornada de la 48ª edición del Festival de Sitges.

    Arrancó la edición número 48 del Festival de Sitges. Lo hace, a primera vista, con un justo homenaje al director estadounidense David Fincher, recordando la película con la que obtuvo un instantáneo reconocimiento mundial, Seven (1997). El filme, protagonizado por un joven Brad Pitt, Morgan Freeman, Kevin Spacey y Gwyneth Paltrow revolucionó el género policíaco, con una estética de lo feísta, de la suciedad urbana, un planteamiento marcado por el concepto del pecado, de la culpa y la violencia absolutoria, con uno de los finales más catárticos de la historia del Cine reciente. El certamen, cuyo cartel exhibe una misteriosa caja ensangrentada, en alusión a la sorpresa mencionada, hará una proyección conmemorativa de la película y, además, presentará oficialmente el libro Seven, los pecados de David Fincher, que aborda la carrera del director, mediante los textos de diferentes autores que colaboran en la compilación.

    Veneraciones a un lado, Sitges dio el pistoletazo de salida dejando claras sus intenciones con la película de inauguración La bruja (The Witch, 2015), ópera prima del director estadounidense Robert Eggers, alabado en el pasado Festival de Sundance. Ambientada en la profunda Nueva Inglaterra del siglo XVII, la historia de una familia repudiada que intenta rehacer su vida en el claro de un lúgubre bosque, dominado por la leyenda de una bruja, supone un retorno a la idea de terror clásico, a la tensión, el ambiente opresivo generado por la pura sugestión de enunciar, de mostrar apenas los contornos de la idea, apelando a la psicología del espectador, provocando que en éste se creen hondas sensaciones de angustia, sin necesidad de recurrir en exceso uso de la sangre y la brutalidad explícita. La mera fragilidad de la joven protagonista, Thomasin (Anya Taylor-Joy), junto a sus cuatro hermanos y hermanas, inmersos tras el destierro —producto del inmisericorde tribunal de la fe de los primeros peregrinos ingleses en el Nuevo Mundo— en un entorno tremendamente hostil ante la constante amenaza mitad sobrenatural, mitad mitológica, contagia cada secuencia de la película.

    «El gran mérito de Robert Eggers, director del filme, es lograr mantener la presión ambiental y narrativa pese a mostrar un naipe al comienzo. Un factor que la convierte en una rara avis del género reciente y que logra que el espectador quede atrapado en esa red de locura expresionista que adapta un mito del folclore rural de la zona previo a los archiconocidos Juicios de Salem. Un fascinante cuento cuyas imágenes quedan instaladas, a tiempo completo, en nuestra memoria».

    Crítica de THE WITCH, por Emilio Luna en el Festival de Karlovy Vary.

    The Witch ha supuesto ser una apertura perfecta (y consecuente) a un Sitges 2015 que no apostará solamente por el cine fantástico y de terror, zombies, gore o ultraviolencia —la señas de identidad del evento, por otra parte—. Se proyectarán, a lo largo de los diez días del festival, un total de 167 filmes, con suficiente amplitud de propuestas, incluyendo las aportaciones más personales de algunos de los grandes e interesantes directores del panorama actual: nombres como The face of an angel, de Michael Winterbottom; Green room, el esperado regreso del director de Blue ruin Jeremy Saulnier, el fotógrafo y cineasta, Anton Corbijn en un curioso biopic, Life, sobre James Dean; el italiano Paolo Sorrentino (La gran belleza), que estrena Youth; o Cementery of splendour, del tailandés Apichatpong Weerasethakul, autor de la genial Tío Boonme recuerda sus vidas pasadas. Mención especial merece también la atención al cine japonés, con la presencia de los siempre eficaces Takashi Miike, Takashi Kitano —habituales del festival— o Sion Sono. Habrá, también, importante presencia de series de televisión, formato con creciente prestigio, y se estrenarán en exclusiva los nuevos capítulos de las nuevas temporadas de títulos tan recomendables como Fargo, Fear the walking dead o The Knick. Sitges, por tanto, abre aún más sus puertas a todo tipo de público. Una evolución necesaria para una de las celebraciones cinematográficas más importantes del viejo continente.

    Mr. Right

    MR. RIGHT

    Paco Cabezas, Estados Unidos / Oficial Òrbita.

    Cuenta el director Paco Cabezas que, en su infancia, cuando su padre compró el primer reproductor de VHS, trajo a casa, además, dos películas: Taxi driver (Martin Scorsese, 1976) y Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen 1952). Esas primeras influencias, de un modo perceptible, se encuentran en su nueva obra cinematográfica, presentada en Sitges dentro del marco de la Sección Oficial Fantàstic Òrbita, Mr. Right (2015), que ha provocado una entusiasta ovación durante su proyección en la sala Tramuntana, a pesar de un pequeño percance técnico. En esta ocasión, el director andaluz realiza su segundo largo internacional rodeado de equipo técnico y artístico estadounidenses. El carismático Sam Rockwell, actor polifacético con papeles en interesantes propuestas a sus espaldas, como Moon (Duncan Jones, 2009) o Siete psicópatas (Seven psychopats, Martin McDonagh, 2012) —con la cual comparte ciertos rasgos—, encarna a un encantador asesino a sueldo, con graves problemas psiquiátricos y un código ético cuestionable, que, producto del azar, se topa con Martha, interpretada por Anna Kendrick (Up in the air), mujer desencantada tras una ruptura amorosa y en medio de unas vacaciones hedonistas. La seducción estética de la barbarie que proyecta el enigmático hombre sin identidad pronto capta la curiosidad de Martha, quien se verá envuelta en una vendetta en la que interviene una banda de crimen organizado de Nueva Orleans y otro sicario, con quien el protagonista comparte heridas del pasado, además de cuentas pendientes.

    Cabezas, quien captó la atención de Hollywood con su trabajo Carne de neón (2010), dirige aquí una atípica película, cuya principal seña de identidad es el sincretismo, lo ecléctico, pues mezcla de manera muy acertada y equilibrada géneros como el thriller y la comedia romántica, con sutiles toques de ciencia ficción —con alguna semejanza a Wanted (Timur Bekmambetov, 2008)— sin resultar en ningún momento impostado o artificial. Con un sentido del humor delirante que evoca ligeramente a Quentin Tarantino, se nos presenta un análisis psicológico de personajes que tienden hacia la psicopatía en un camino de autodescubrimiento en el que el uso de la violencia —y sus consecuencias— depende más bien del factor circunstancial. El personaje de Kendrick, muy bien construido, alberga una inocencia prototípica de joven estadounidense, que progresivamente se irá transformando en un icono feminista, una suerte de (anti)heroína que no depende de la protección del aguerrido estereotipo del protector. Las situaciones cómicas, con un interesante uso de la sangre y la brutalidad en paralelo al desarrollo de diálogos en los que se reflexiona acerca de la necesidad o no de matar, se sincronizan, provocando la misma sensación que se tiene ante la contemplación del candoroso baile de Gene Kelly en la calle lluviosa (película homenajeada con originalidad durante las secuencias de acción), añadiendo tiroteos y explosiones. Las destacables interpretaciones de sus dos protagonistas, así como del veterano Tim Roth contribuyen a solidificar Mr. Right, una propuesta fresca y bien ejecutada. [70/100]

    Absolutely anything

    ABSOLUTAMENTE TODO

    Absolutely anything, Terry Jones, Reino Unido / Oficial Fantàstic - Sesiones especiales.

    El texto del escritor argentino Jorge Luis Borges El inmortal, un cuento en el que su protagonista, Marco Flamino Rufo. descubre, tras beber del Río de la Inmortalidad, la honda tragedia que supone descubrir cómo la finitud de las cosas da precisamente sentido a la existencia (y pronto se dedica angustiosamente, por paradójico que pareciese, a buscar las aguas de la Mortalidad), refleja que alcanzar y satisfacer el deseo provoca su anulación. Este tema discursivo, la persecución del Conocimiento Último, es la base de la que parte la nueva película de Terry Jones Absolutamente todo (Absolutely anything, 2015). El veterano director británico, miembro original de la agrupación cómica Monty Python —junto a John Cleese, Terry Gilliam, Michael Palin, Graham Chapman y Eric Idle—, colectivo referente, en la década de los 70, de un sentido del humor absurdo pero de intensa carga metafísica, narra en esta ocasión la historia de Neil Clarke, mediocre profesor de un instituto londinense y escritor frustrado, cuya vida da intempestivamente un giro copernicano al ser depositario, de entre todos los habitantes del planeta Tierra, de un extracto de los poderes sobrenaturales de una federación alienígena de seres superiores, como prueba para demostrar si la raza humana es capaz de discernir el Bien del Mal y merece la salvación o, por el contrario, la total eliminación.

    Este disparatado argumento, que recuerda a las películas Como Dios (Bruce almighty, Tom Shadyac, 2003) y Sigo como Dios (Evan almighty, Tom Shadyac, 2007), protagonizadas por Jim Carrey y Steve Carell respectivamente, funciona como disparador de, por una parte, una serie de situaciones y gags cómicos que juegan con la idea de la literalidad semántica, malentendidos, clichés, dobles sentidos y enredos con no demasiada gracia y, por otra, una suerte de reflexión acerca de la responsabilidad del individuo en el devenir de la Historia, la Política y el Bienestar Social. Simon Pegg, actor de género humorístico, presente en filmes proyectados en la ciudad catalana como la reivindicable Zombies party (Shawn of the dead, Edgar Wright, 2004), Arma fatal (Hot Fuss, Edgar Wright, 2007) o Paul (Greg Mottola, 2011), encarna convincentemente al perdedor clásico, tímido y de buen corazón, de repente incrédulo y desbordado ante el poder absoluto recién adquirido. Completan el reparto Kate Beckinsale, quien da vida a la mujer deseable de turno, y Rob Riggle, en el papel del antagonista, un celoso exnovio militar, caricatura de todos los excesos del ejército y los servicios de inteligencia estadounidenses, en esta película, moderadamente divertida, no demasiado sorprendente —excepto en alguna situación concreta, o las escenas en las que el perro Dennis, mascota del protagonista, hace acto de presencia— y prescindible, muy a pesar de la mano de Jones, a quien conviene retener en la memoria por sus anteriores películas como La vida de Brian (Life of Brian, 1979), mucho más interesantes que la que hoy nos ocupa. [50/100]

    The shelter

    THE SHELTER

    John Fallon, Canadá / Panorama Fantàstic.

    En la sala del Cinema Retiro, un espacio más relajado e informal que las salas Tramuntana o el Auditori, se ha proyectado The shelter (2015), primer largometraje del director canadiense John Fallon. Este filme, rodado con escasos medios —véase las deficiencias de algunos encuadres, la mejorable definición el ruido óptico, es decir, la granulación de la imagen, sobre todo en las tomas nocturnas— y tal vez con más ambición que solidez técnica y argumental, cuenta la historia de Thomas, un hombre misterioso que regresa a su ciudad, después de varios años de estar en paradero desconocido. Este uso del retorno como sustrato de la narración aquí empleado ha sido visto en multitud de ocasiones anteriores, por ejemplo —citando uno de los títulos más destacables— París, Texas (1984), aquella joya del alemán Wim Wenders, con la que es francamente difícil hacer algún tipo de comparación sin sonrojarse. El atormentado protagonista, trabajo del actor Michael Paré, transita solitario por las calles oscuras del tranquilo entorno urbano, en una aparente búsqueda de la autodestrucción, bebiendo hasta el exceso y alimentándose de los desechos encontrados en contenedores de basura, y cada uno de sus movimientos va desvelando, de manera no del todo inspirada, el terrible y violento pasado que carga a sus espaldas, incluyendo una tragedia familiar que, parece ser, lo condujo inevitablemente al estado miserable y patético en el que se encuentra. Son constantes las remembranzas a modo de flashback del paraíso perdido, otro tiempo en que era feliz y lo tenía todo. En aquel deambular de condición de vagabundo, encuentra inesperadamente, una enorme casa burguesa en los suburbios y, ante la ausencia de dueños, decide entrar e instalarse para pasar la noche. Cuál será su sorpresa cuando descubra que la tranquila casa alberga una serie de extraños secretos, sucesos paranormales de los que le será imposible huir, pues ha sido encerrado por una fuerza fantasmagórica.

    La cinta cuenta a su favor con una correcta interpretación de Paré como protagonista, casi como único elemento destacable —uno de los primeros planos evoca vagamente al cine de Roman Polanski—. El deficiente y predecible guion, con situaciones, giros y escenarios de sobra conocidos y sobreexplotados en el cine, además la presencia de recurrentes elementos discursivos provenientes de la fe católica como el castigo divino o la búsqueda de la absolución de los pecadores mediante la confesión de sus faltas, tampoco resulta muy favorecido, acompañado del uso unos efectos digitales poco acertados, quizás producto de la escasez de presupuesto, y una banda sonora que anticipa sin atisbo de sorpresa cada uno de los acontecimientos venideros. El terror sobrenatural de The shelter acaba provocando nula inmersión o empatía y, mucho menos, miedo o tensión. Más bien, todo lo contrario. [15/100]


    Luis Enrique Forero Varela
    © Revista EAM / 48ª edición del Festival de Sitges


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