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    Reseña TV | Happyish

    Happyish

    Matar irritantes moscas a divertidos cañonazos

    crítica a Happyish | Episodio piloto

    Showtime | EE.UU, 2015. Director: Ken Kwapis. Guión: Shalom Auslander. Reparto: Steve Coogan, Kathryn Hahn, Sawyer Shipman, Bradley Whitford, Carrie Preston, Andre Royo, Molly Price, Ellen Barkin, Nils Lawton, Tobias Segal, Hannah Hodson. Fotografía: Ben Kutchins. Música: Nathan Larson.

    Shalom Auslander, creador de Happyish, tiene un par de cosas que decir sobre el estado del mundo actual. Y lo hace a través de sus personajes, tan molestos con el orden de las cosas que deben anestesiarse con marihuana y drogas con receta para pasar los días y bajar la cabeza ante el poder para mantener económicamente a sus familias. Personajes que clasifican a sus propios hijos entre “gilipollas” o “nenazas”, que ven malas intenciones en lo que otros llamarían la bondad de las personas y que ante todo dicen muchas palabrotas. Muchísimas. Tras ver su primer episodio, Happyish luce tan escasa de sutileza como sobrada de efectividad. No es difícil imaginar las razones por las que Showtime quisiera comprar la propuesta del guionista, y que atrajeron a un reparto de lo más eficaz para tratar de dar vida con humor a unas cuestiones humanas de lo más fundamentales. Y vitriolo. Cantidades ingentes de vitriolo que desbordan los 30 minutos de metraje, desde un arranque que se cuestiona una frase de la Constitución de los Estados Unidos hasta un final que revela la inherente cobardía de nuestro protagonista. Y es que Thom Payne (interpretado por un Steve Coogan perfecto para el papel) no sabe si es feliz. Él piensa que no, que es imposible que pueda serlo con un trabajo que no valora lo que él puede ofrecer; con una mujer a la que parece incapaz de satisfacer sexualmente y con un hijo que necesita espabilarse un poco para no ser maltratado por la vida. Pero su editora Dani Kirschenbloom –que pide una hamburguesa con todo para después quitarle una a una las capas– le dice que no podría ser más feliz, que su techo de la felicidad es bajo y por ello no puede aspirar a más.

    Esta abrasiva comedia es ambiciosa, algo nunca malo mientras dicha ambición tenga una adecuada correspondencia en imágenes, y no esconde sus referentes de alta cultura. El mismo título del episodio es Starring Samuel Beckett, Albert Camus and Alois Alzheimer, que casi parece el principio de un chiste del genial Juan Carlos Ortega, y las reflexiones que hace Thom en su generosa voz en off a lo largo del piloto son sentencias muy articuladas sobre cuestiones existenciales, anclado todo en el veloz mundo de la publicidad en pleno 2015, ya sin el aura romántica de la extraordinaria Mad Men (2007-2015), diana de una de las bromas más crudas de Auslander. Y que el día después de que nuestro protagonista cumpla 44 años, la oficina en la que trabaja pasa a estar de manos de unos suecos veinteañeros con ganas de librar el mundo de los tecnófobos, un bloqueo de Twitter tras otro. El problema, el gran riesgo de Happyish, es que lo que dicen los personajes acaben siendo más consignas repetidas del manual del hombre airado moderno que una genuina manera de experimentar lo que están pasando. No es difícil negar la razón en lo que Thom y su mujer Lee escupen por la boca cada vez que la abren, pero quizá sea la manera facilona de Auslander de ganarse al respetable. ¿Cómo resistirse ante una serie con raciones de animación irreverente, donde hay elfos suicidas y elfas ancianas con ganas de sexo? Habrá que ver la temporada, compuesta de nueve entregas más, para comprobar si el drama cómico-existencialista del patriarca de los Payne tiene mordiente o si se queda en algo que ya hemos escuchado y visto en más de una ocasión. Lo que este notable arranque prueba es que la serie es divertida, ocurrente, políticamente incorrecta y pertinente en un momento como el actual, donde todo es una marca y ni siquiera lo sabemos, como bien dice el superior de Thom ante las imágenes de la tragedia de Charlie Hebbo. Si por fin aceptamos que todo es una marca, si nos dejamos llevar por la histérica e hiperveloz corriente del nuevo mundo, ¿seremos felices? Showtime y Shalom Auslander nos invitan a explorar la posibilidad, y este crítico acepta. 75/100.

    Adrián González Viña
    Redacción Sevilla


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