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    Librería | Cine y jazz, de Carlos Aguilar

    Cine y jazz, de Carlos Aguilar

    La locura del jazz

    crítica a Cine y jazz, de Carlos Aguilar | Cátedra, 2013

    Quizá muchos asocien al cine con la música jazz como banda sonora, en ocasiones hasta imaginaria, de las películas clásicas de cine negro. Pasiones, crímenes, fotografía en grandes contrastes de claroscuros, botellas de licor con el alcohol desbordando los vasos y nubes impenetrables de humo de cigarrillos. Carlos Aguilar, el autor de este fascinante libro Cine y jazz (2013) que comentamos, nos cuenta que tal vez esta sea la imagen más arquetípica de este maridaje que pareciera natural. No por nada ambas artes nacieron casi al unísono, en los estertores de un siglo XIX que daba paso a un loco siglo XX. Pero también hay quien asocia el jazz al cine mudo gracias a la música en vivo que acompañaba las proyecciones de las películas en las salas, o bien a las actuales que rescatan estos filmes con esas bandas sonoras, sobre todo en el cine cómico, repletas de temas trepidantes y ritmos enloquecidos que parecieran creados específicamente para servir de fondo musical a las peripecias no menos salvajes de Buster Keaton, Harold Lloyd, Charles Chaplin o el Gordo y el Flaco. Pero esa fusión entre cine negro y jazz, siendo cierta, ha ocultado o ensombrecido otras facetas de este matrimonio en muchas ocasiones feliz. Películas musicales, biopics tanto imaginarios como de músicos reales, apariciones de intérpretes de jazz en números musicales o bien acompañando alguna escena, bandas sonoras de compositores con marcadas influencias jazzísticas o directamente jazzmen que ejercieron de autores de las mismas… Todo un mundo casi inabarcable para el profano que Carlos Aguilar ayuda a desembrollar e iluminar de forma apasionada. Así descubrimos que sería Miles Davis el primer jazzman que compondría una banda sonora para el cine, en concreto para la mítica primera película de Louis Malle, Ascensor para el cadalso (Ascenseur pour l’échafaud, 1958), o cómo con la llegada del cine sonoro a fines de los años 20 proliferarían los cortometrajes musicales promocionales entre los cuales destacan por su brillantez los realizados por el genial Dudley Murphy (quien en 1925 dirigiera, junto al pintor Fernand Léger, el extraordinario filme vanguardista Ballet mécanique) y los cortos animados de la maravillosa Betty Boop dirigidos por Dave Fleischer.

    Carlos Aguilar estructura Cine y jazz en forma de diccionario tras una esclarecedora introducción que nos explica las intenciones del libro y nos instala, en un rápido repaso a la evolución de este dúo perfecto, en la historia de la relación entre estas dos artes. En un principio pudiera parecer que, al ser esta la forma elegida, su lectura sería no continuada, sino más bien pasando de un lado a otro, recorriendo sus páginas y deteniéndose uno al azar llamado tanto por un título o nombre curioso como por una fotografía en especial llamativa (hay muchas, y todas excelentes: no hay más que observar la que sirve de portada, aunque me gustaría destacar una a toda página con Orson Welles, Oliver Hardy y Stan Laurel formados en improvisada banda callejera durante un rodaje). Y así puede hacerse. Pero en mi caso confieso que comencé a leer y no logré detenerme, devorando una entrada tras otra sin importar si se trataba de una película, un director, un músico, un disco… Porque todo esto conforma el conjunto de este diccionario que se lee con verdadera fruición. No faltan comentarios sobre la obra de directores que han visto marcada su obra por el jazz: John Cassavetes, quien llevaría esta influencia musical hasta el lenguaje narrativo empleado en sus películas, o los actuales Clint Eastwood, Woody Allen y Bertrand Tavernier, aunque mi gusto, tanto musical como cinéfilo, me han hecho bucear y detenerme con piezas y autores más primitivos pero no por ello menos modernos, así el mentado Dudley Murphy, las maravillosas referencias repartidas por el texto al siempre genial Fred Astaire o al apoteósico Busby Berkeley, e incluso al emparejamiento increíble pero perfecto de jazz y cine de terror en Doctor Terror (Dr. Terror’s House of Horrors, Freddie Francis, 1965) gracias a ese magnífico episodio (la película está compuesta por cinco relatos introducidos por Peter Cushing) «protagonizado por un trompetista de personalidad frívola y en crisis de inspiración» (p. 120), en palabras del mismo Aguilar, que decide utilizar un ritmo vudú en una de sus canciones sin detenerse a pensar en las terribles consecuencias de este irreflexivo acto. Hay más, claro: el repaso al cine negro español de finales de los 50 y principios de los 60, al polar francés, a las películas protagonizadas en exclusividad por afroamericanos dirigidas a los mismos… Todo un universo que ahora pareciera abarcable gracias a la fantástica labor de Carlos Aguilar en este Cine y jazz que desde el mismo instante de comenzar su lectura se convierte no sólo en referente, sino en apasionada incursión a toda esa locura que en muchos momentos de su historia llevaba implícita el jazz.

    José Luis Forte
    Redacción Cáceres

    A continuación, dos cortometrajes de Dudley Murphy: St. Louis Blues (1929), la única ocasión en la que la maravillosa cantante Bessie Smith se pondría ante una cámara, y Black and Tan (1929), la primera aparición de Duke Ellington en el cine.





    Y a continuación, un tercer corto con la intrépida y fascinante Betty Boop y la orquesta de Cab Calloway de protagonistas: Minnie the Moocher, dirigido por el gran Dave Fleischer en 1932.




    Cine y Jazz
    Cine y jazz
    de Carlos Aguilar (2013)
    editorial | Cátedra
    nº de páginas | 383
    colección | Signo e imagen, 159
    2ª edición (2014)
    ISBN | 978-84-376-3340-4
    precio | 19,90 €
    ★★★★★
    Feelmakers

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