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    ¿Cuántos poetas se necesitan para elogiar a una ciudad?
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    Epicedio appassionato.
    Solo el fin del mundo, de Xavier Dolan.

    Impresionante shot by shot de Tiburón (1975) de Steven Spielberg


    Una cámara sumergida avanza en contrapicado, enfocando las piernas tambaleantes de unos nadadores incautos, mientras dos notas repetitivas confirman la sensación de amenaza. El plano subjetivo del gran cazador marino es el más célebre de Tiburón (Jaws, Steven Spielberg, 1975), y puede que efectivamente sea su hallazgo más destacable, pero no se queda atrás el resto de la técnica de la película. Ésta, que inauguró el blockbuster moderno y redefinió el thriller veraniego, suele incitar análisis y discusiones que se mueven en el nivel de la producción o la narración. En la perspectiva “macro”, podríamos decir. Sin embargo, desde un punto de vista “micro”, si uno se fija en cómo están planificadas y rodadas las escenas individualmente consideradas, también se encuentra mucho material digno de estudio. Esto es lo que nos recuerda este vídeo de unos 30 minutos, montado por el cinéfilo manifiesto y ocasional cineasta Antonios Papantoniou. El mismo se centra en 9 escenas del filme antedicho, desglosando las posiciones y ángulos de la cámara, los cortes y las intenciones, en un recorrido que se antoja bastante provechoso para apreciar más si cabe la cinta de Spielberg, aún cuando tampoco se revele nada rompedor ni se exponga una tesis llamativa.

    Lo que quizás sí es llamativo es que la característica que mejor define el estilo de este director, el dinamismo, fuera tan apreciable desde el inicio de su carrera. En obras posteriores ha ido depurando y a la vez cargando los movimientos de cámara y las trabajadas composiciones, holgados presupuestos mediante. Pero ya en Tiburón, con la ayuda de una Dolly bien empleada en decorados ricos en detalle, consigue dotar de gran fluidez y profundidad a cada secuencia. Renunciando a cortes innecesarios y alargando la duración de las tomas, aunque sin llegar a ostentosos planos secuencia, se apoya en la organicidad de los actores para ir cambiando, siempre con justificación dramática, el punto de vista o el emplazamiento. El video compara en alguna ocasión este estilo con el de Polanski, aunque este último suele reforzar la sensación de claustrofobia mediante encuadres más cerrados. En el cine de Spielberg los planos respiran más: los actores parecen salir más libremente de campo, y los tamaños son menos fijos y más flexibles. La comparación es en cualquier caso interesante porque revela que la frecuente acusación de ligereza comercial que se le vierte a este último es infundada, si se contrasta con su madura elaboración técnica. En definitiva, sirva este recomendable vídeo para defender el lugar de Spielberg entre los más grandes, a todos los niveles | Ignacio Navarro Mejía (Madrid).

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